
Crónica AS Roma 3-4 Real Madrid: «Victoria a puros huevos»
Decía ayer un buen amigo y colaborador de esta casa desde el otro lado del charco, Jesse Medina, que la victoria de esta noche se ha logrado «a puros huevos». Y sinceramente, no se me ocurre un mejor titular para un triunfo como éste, de esos que tienen en su firma el ADN Real Madrid.
Hablamos de una remontada casi histórica y, sin duda, llena de la épica madridista de siempre, en la que mientras muchos dábamos por amortizado el partido con el 3-1 en contra a falta de algo más de 10 minutos para el final, alguien volvió a abrir esas maravillosas e imprevisibles «puertas del manicomio» madridista y que llevaban tanto tiempo cerradas. Y así, en 10 minutos de locura absoluta, el partido acabó con un inexplicable 3-4, gracias a los goles casi consecutivos de Espí, Endrick y Rüdiger.
Y cuando digo inexplicable lo hago con pleno convencimiento porque, si uno analiza el juego del equipo durante los primeros 60 minutos y, en especial, la caraja sufrida tras el descanso, al que se llegó con empate a un gol y, en apenas 15 minutos, se pasó al 3-1 en contra, merced a sendos errores, alguno de ellos grosero, nadie puede entender cómo cambió el viento a partir de la primera hora de juego.
Sólo los acertados -y valientes- cambios de Mourinho, especialmente desde el punto de vista táctico, dando entrada a Güler, retirando a Dumfries y un decepcionante Vinicius y reubicando a Valverde en el lateral derecho, el equipo dio un giro de 180º y acabó por darle la vuelta a un marcador tremendamente adverso.
Primera parte para olvidar y con dos goles de rebote
Mourinho partió de inicio con un equipo llamémosle «rocoso», sin mucha concesión al talento y la creatividad, especialmente en el centro del campo, con Courtois en portería, Dumfries, Konaté, Rüdiger y Cucurella atrás, el ya habitual Tchouameni, Fede Valverde y Bellingham en la medular, con Diomandé, Mbappé y Vinicius en la punta de ataque.

El partido comenzó con un ritmo alto por parte de ambos equipos, siendo los locales los que no tardaron en poner a prueba a Courtois con un disparo de Hermoso a los cuatro minutos, al que respondió Courtois con una excelente mano para desviar el balón.
Minutos más tarde, el mismo Courtois detuvo sobre la línea en dos tiempos un disparo de Malen, tras una contra provocada por un error de Diomandé en el centro del campo.
Y cuando el partido llegaba al minuto 19, se hacía justicia al dominio territorial de la Roma con el primer tanto de la noche, con bastante fortuna eso sí, a cargo de De Roon. El jugador gialorosso conectó un gran disparo desde la frontal que tocó ligeramente en Malen. Esto cambió la trayectoria del esférico, que se coló por el centro de la portería despistando a Courtois.
Ese gol espoleó a los blancos, muy timoratos hasta ese momento y, apenas cinco minutos después, Mbappé, también con algo de suerte, equlibraba el marcador con un chutazo desde fuera del área, que desvió Mancini con el cuerpo y haciendo ineficaz la estirada de Gollini.
Con las fuerzas igualadas, el partido fue un ir y venir en ambas áreas, donde las mejores ocasiones cayeron del lado madridista, que pudo adelantarse por dos veces en el marcador, merced a sendas oportunidades bastante claras y de esas que no se pueden fallar, menos aún en Europa.
La primera corrió a cargo de Cucurella, pasada la media hora, cuando aprovechó un fallo defensivo en un balón largo a la espalda de la defensa para plantarse ante Gollini completamente solo. Sin embargo, el lateral catalán eligió la peor de las opciones ya que decidió chutar a puerta por el palo corto y mandó el balón fuera, cuando en el centro del área se relamían Vinicius y, sobre todo, Mbappé, completamente solos para empujarla dentro.
La segunda y con la que casi se llegó al descanso, estuvo en las botas de Bellingham, quien remató fuera un balón franco tras una gran asistencia de Vinicius en una de las escasísimas ocasiones en las que consiguió irse de sus defensores y ganar la línea de fondo.
Caraja madridista tras el descanso y 3-1 para los locales
Tras el descanso llegó la hecatombe madridista ya que, como si se hubiesen echado la siesta, el equipo saltó al campo completamente desconectado, sin ritmo y, lo que es peor, muy desacertado, especialmente de mitad de campo para atrás.

Y así, cuando apenas se habían disputado cinco minutos, Vinicius perdió un balón absurdo en el centro del campo que dio pie a una rápida contra de los locales y en tres pases, el recién incorporado Rodrigo Mora vio la entrada de Malen por la derecha y, a pesar del intento de Valverde por cortar el balón, el delantero romanista batió por abajo a Courtois.
Ese golpe mandó a la lona a los de Mourinho, que perdieron la poca estabilidad y ubicación que les quedaba, lo que fue aprovechado por los de Gasperini para darle la puntilla a los blancos, hasta el punto que cuando aún no se habían sentado los seguidores de la Roma festejando el segundo, llegó el tercero para los locales.
Apenas cinco minutos después, otro error, en este caso de Tchouameni en la medular, propició que Soule recogiera un balón en la zona de tres cuartos del ataque de la Roma, filtrando un maravilloso pase entre líneas que Malen aprovechó para hacer el tercero. En un principio, el asistente de Letexier levantó la bandera pero enseguida el VAR corrigió la decisión y autorizó el tanto.
A partir de ese momento Mourinho tomó cartas en el asunto y movió de inmediato el banquillo (y al equipo) Justo antes de cumplirse la hora, sacó del campo a Dumfries y a Vinicius y dio entrada a Arda Güler y a Endrick. En paralelo, Fede Valverde pasó a ocupar el lateral derecho y le dio la manija del equipo al turco. Y el partido cambió. Vaya que si cambió…
Como por arte de magia, el Real Madrid se hizo dueño y señor del balón, las jugadas -muchas de las cuales pasaban por las botas de Güler- empezaron a fluir y el Real Madrid, quizás demasiado tarde, comenzó a dominar el juego y a llegar las ocasiones.

La tuvo Mbappé con un gran disparo que detuvo Gollini junto al palo derecho en el ’62 y unos minutos después, el francés aprovechó un buen pase filtrado para quedarse solo ante Gollini y batirle con facilidad. Sin embargo, la bandera del asistente y la posterior revisión del VAR acreditaron la posición antirreglamentaria por centímetros del francés y el tanto no subió al marcador.
El mismo Endrick, que estuvo superlativo, protagonizó una fantástica galopada por la banda derecha, plantándose ante Gollini, quien se tiró a los pies del atacante madridista y le derribó claramente, aunque también es cierto que tocó balón. A pesar de las protestas del brasileño, el colegiado francés decretó que no había habido nada y la jugada prosiguió sin más.
Locura desatada tras los cambios
Entonces se produjeron de forma casi consecutiva tres cambios que terminaron por revolucionar el partido. El primero en irse fue el inoperante Tchouameni, que dejó su puesto a Bernardo Silva, que dotó de aplomo y criterio la salida del balón, y minutos más tarde, se fueron Cucurella y Diomandé para dar entrada a Carreras y a Espí para buscar el milagro.
Y el milagro comenzó a obrarse en el ’82, tan solo un par de minutos de la entrada del joven delantero valenciano, que en boca de gol, empujó a la red un mal despeje de Gollini tras un gran remate de cabeza de Endrick a la salida de un córner botado por Güler. Inicialmente, Letexier anuló el gol por fuera de juego del propio Espí pero la revisión del VAR demostró que estaba en posición legal y se dio validez al tanto.

Con el 2-3 en el marcador, en el Real Madrid se desató la presión y borraron del mapa a una Roma que bastante tenía con achicar agua del área y quitarse el balón como buenamente podía. Y sobre todo, dando sensación de una profunda debilidad defensiva a balón parado.
Prueba de ello fue el tanto del empate, que llegó en el minuto 84 y, de nuevo, tras otro córner botado por Güler y Endrick, con un poderoso testarazo picado, mandó el balón a la jaula, ante la locura madridista.
Y cuando los locales firmaban con sangre el empate y en pleno éxtasis madridista, llegó el cuarto gol de los blancos, que daba la vuelta al marcador y convertía la bilis de los primeros 60 minutos en puro dulce de leche, cuando con el tiempo reglamentario recién cumplido, Rüdiger se adelantaba a su marcador para rematar acrobáticamente otro nuevo córner, sacado por Güler con el mismo acierto que los anteriores.
Finalmente y, tras cinco agónicos minutos de descuento, Letexier decretó el final del encuentro y estos importantísimos tres puntos volaron para Madrid, dejando al club blanco con seis puntos, en octava posición por la diferencia de goles.
Ahora toca pensar de nuevo en la Mugrienta Liga Negreira, donde nos espera el Sevilla de Luis García Plaza y, por descontado, que otra nueva encerrona arbitral. ¿Alguien apuesta lo contrario?
Ficha técnica del partido
AS Roma: Gollini; Wesley, Mancini (Balerdi, ’63), Ndicka, Hermoso (Koulierakis, ’81), Molina; De Roon, Koné (Pisilli, ’17); Dybala (Mora, ’46), Soulé (Pellegrini, ’63) y Malen.
Real Madrid: Courtois; Dumfries (Güler, ’59), Konaté, Rüdiger, Cucurella (Carreras, ’78); Tchouaméni (Bernardo Silva, ’70), Valverde; Diomande (Espí, ’78), Bellingham, Vinicius (Endrick, ’59); y Mbappé.
Arbitro: François Letexier (FRA). Amonestó a Mancini, Wesley y Pellegrini por la Roma, y a Carreras por el Real Madrid.
