Crónica: Kashima 2-4 Real Madrid

Kashima 2-4 Real Madrid: «Siete veces Emperador»

Kashima 2-4 Real Madrid
Cristiano celebrando | Kashima 2-4 Real Madrid

El segundo gol de Cristiano, tercero del Real Madrid, entrará en la historia blanca junto con aquellos que han abierto las puertas a ser el Campeón del Mundo de ese año. Ese gol de Cristiano estará bien acompañado de hoy en adelante con aquel de Ramos a San Lorenzo, el de Ronaldo «el gordito» al Olimpia, el aguanís de Raúl al Vasco de Gamma…no es poca cosa.

Segunda vez que el Madrid gana el Mundialito de Clubes, en la tercera edición que ha disputado. También gano tres de las cinco ediciones que disputó de la Copa Intercontinental. Y dos de las tres Pequeñas Copas del Mundo de Caracas en aquel casi experimental y totalmente vintage torneo olvidado. Pero en este se sufrió más que nunca. Vaya si se sufrió.

Saldría el Madrid casi casi con su once de gala: Keylor en la portería, Carvajal, Varane, Ramos y Marcelo en la defensa, Modric, Casemiro y Kroos en la medular y Lucas, Benzemá y Cristiano en la delantera. Solamente Lucas sonaba extraño en el once, a la espera de que se recupere Bale. Y empezó bien el Madrid. Muy bien.

A los 10 minutos el equipo ya ganaba mediante un gol de Benzemá y había tenido un par de ocasiones más, y nada podía parecer presagiar un encuentro complicado: Los japoneses estaban bien organizados y hacían gala de un despliegue físico monumental, pero la diferencia técnica parecía demasiado amplia como para presentar batalla en condiciones. El Madrid acumulaba ocasiones y el segundo gol parecía inevitable. Pero llegó el empate.

Tampoco pareció preocupar mucho al Madrid, ya que nada más empezar la segunda parte, volvió a dominar el juego y el balón, y el segundo tanto blanco también parecía inevitable. Pero llegó el segundo tanto japonés. Pero ni aún así pareció en peligro el marcador. No en ese momento, eso llegaría luego.

Pronto empataría el Madrid tras un clarísimo penalti a Lucas Vazquez que convirtió Cristiano. Y una vez más el gol del Madrid parecía más cercano. «Los japoneses habían tenido su momento y lo habían desaprobechado» pensaban muchos. Pero no Zidane. Zidane vió que los nipones superaban al equipo blanco en cuanto a capacidad de despliegue físico, y que como el partido no se cerrara pronto, la prorroga podría ser un suplicio. Y como el gol no llegaba y el tiempo se acababa, tomo decisiones. Esta vez equivocadas.

Entraría Isco y se rompería el partido definitivamente. El Madrid llevaba muchos minutos cercando la portería del Kashima, y para meter más leña al fuego, Zizou retrasó a Casemiro a la defensa, liberó a Carvajal y Marcelo para que fueran extremos y formó un doble pivote Kroos-Modric con el malagueño por delante, que había sustituído a Lucas. En la teoría una buena idea, pero en la práctica ni Carvajal ni Marcelo defendieron nada, ni Casemiro se terminó de encontrar como central, ni el doble pivote Kroos-Modric ejerció como tal, ya que cada uno siguió actuando como si de interiores se tratase. Los japoneses, como samurais de la antiguedad, vieron la sangre y se lanzaron a dar la estocada mortal. Y casi la dan.

Esos últimos quince minutos fueron una verdadera tortura para los blancos, que no solo no crearon peligro, sino que se vieron completamente superados por los nipones. Ni Cristiano, ni Benzemá, ni Isco, ni los carrileros bajaban a defender, y con Modric fundido solamente Kroos echaba un cable a tres hombres atrás que intentaban una y otra vez frenar las acompetidas de 4, 5 o hasta 6 japoneses simultáneamente. El Madrid rezaba por la prórroga y ni siguiera cuando el toque de corneta general en el descuento hizo que todos se metieran en el área a defender consiguieron estar a salvo. Keylor tubo que aparecer varias veces y ganarse el salario de un año.

Ya la prórroga sería otro asunto. Quizás el Kashima vió que había tenido al Madrid como una marioneta delante y no le había sabido rematar. Quizás los blancos se dieron cuenta que tenían media hora por delante para tocar y tranquilizarse. El caso es que pese al arreón inicial de los japoneses, el Madrid poco a poco se metió en campo contrario y apareció Cristiano Ronaldo para marcar no una, sino dos veces y dejar a los nipones KO. El Madrid lo había vuelto hacer. Muerto en noventa minutos, indestructible en los 30 siguientes.

A partir de ahí tocaba guardarse frente a un conjunto que había perdido el impulso pero que aún tenía físico y moral rezumando por todas partes. Entro Kóvacic para formar, ahora sí, un doble pivote funcional con Kroos. Entró Nacho para sustituir a Ramos y volver a formar una defensa de 4 hombres con Carvajal-Varane-Casemiro-Nacho, y entró Morata para estirar al Madrid y dar descanso a un Cristiano que volvió a liarla en una prórroga. El Kashima tuvo alguna oportunidad seria, como un larguero entre el primer y segundo gol de Cristiano, pero ya no provocaban el miedo de antes y los blancos lo controlaron. Y ganaron otra vez. En la prórroga. Otra vez.

Y el Madrid se coronó Campeón del Mundo. Como en 1952 y 1956 en las Pequeñas Copas del Mundo. Como en 1960, 1998 y 2002 con la Intercontinental. Y como en 2014 en el mismo Mundialito de Clubes. 2016 entrará en la historia blanca como una de las siete veces, más que Mundiales tiene Brasil, que se ha coronado como el mejor equipo de «este nuestro planeta». Y no esta mal. Nada mal. ¿Verdad?.

Podcast 4×25 ‘Pentacampeones del Mundo’ Kashima 2-4 Real Madrid

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