Cristiano se hizo humano, y habitó entre nosotros

Sucedió en la Región Autónoma de Madeira, un niño nacería y le pondrían por nombre Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro. Cristiano, porque sí, y Ronaldo por el entonces Presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan.

Doña María Dolores lo concebiría, pero su boca no exclamó un “Hágase en mí según tu voluntad”, más bien fue de inmediato a proclamarle a un médico su intención de interrumpir el desarrollo del embrión. Era su cuarto embarazo y atravesaban por una situación económica insostenible, apenas le alcanzaba para mantener a dos niñas y un niño, ¿qué iba a ser de su familia con un miembro más que alimentar y educar? La idea que otro hijo viniese a pasar penurias a este mundo, le atormentaba y le destrozaba el corazón. Con esos argumentos se presentó ante el doctor.

—De ninguna manera. Usted tiene solo 30 años y ninguna razón física por la cual no pueda tener a este bebé. Ya verá cómo este bebé será la alegría de la casa.— Le espetó decidido el doctor.

María Dolores se echó a llorar ante la imposibilidad de que su médico le ayudara a resolver lo que en aquel entonces le resultaba un problema; y en vez de salir corriendo a visitar a cualquier prima que se llamase Isabel, visitó a una de las hijas de su madrastra que vivía cerca de su casa y le contó el dilema.

La vecina era testigo de los aprietos de la familia, por eso no dudó en recomendarle lo que para ella era una infalible receta para interrumpir el embarazo:

—Lo único que tienes que hacer es hervir una cerveza negra y bebértela, y ya está.

—¿Eso es todo?

—No, una vez hayas ingerido hasta el último sorbo de la cerveza caliente debes salir a correr hasta que el cuerpo aguante.

Mientras más pensaba en el oscuro y desalentador futuro que imaginaba para su bebé, más rápida y fulminante era la carrera de María Dolores. Corría convencida que estaba haciendo lo mejor para su familia y para el bebé que agitaba en su vientre. Siempre he pensando que fue en ese momento que Cristiano adquirió su velocidad. La madre corría para abortarlo y él corría por su vida.
Pasadas las horas no hubo reacción espontánea de aborto como le había asegurado la vecina.

Y allí se quedó Cristiano, se plantó en el vientre como ahora se planta en el área rival, firme y decidido, aferrado a la vida; tal vez en ese momento se llevó las dos manos a la cintura y sacó la punta de la lengua a un lado de su boca y con mirada retadora haya encarado a su madre de la misma manera que lo hizo con la grada del Calderón en el último derbi. Ese fue el primero de muchos obstáculos que tendría que sortear en su vida. A Cristiano le tocó digerir como un varón la cerveza negra, de pronto hasta se embriagó y la pasó de puta madre, eso no lo sabemos; lo que sí nos consta es que desde el vientre, CR7, aprendió a navegar en medio de la tormenta y con el viento en contra.

Sintiéndose agotada y derrotada en el maratón por un embrión que se había colado en su vientre en el peor momento, María Dolores, con la mano en el vientre exclamó:

—Ya está, si la voluntad de Dios es que este niño nazca, que así sea.— Al poco tiempo amó el producto que llevaba en su seno y en unas de sus revisiones periódicas, el médico le reveló que sería varón.

—Alégrate, María Dolores, que el niño que llevas en tu vientre será la alegría de tu casa.— Volvió a profetizar el doctor, quedándose corto en la predicción, porque el niño no solo sería la alegría de la casa, sino el máximo orgullo de la familia y quien los salvaría de la pobreza que los azotaba.

Llegado el tiempo del alumbramiento, Cristiano abandonó su primera morada y ve la luz del mundo un cinco de febrero de 1985. Ese día, el doctor hace otra profecía:

–¡Con unos pies como estos, será jugador de fútbol!

Esas palabras, María Dolores las guardó en su corazón y años después se hicieron realidad.

El niño crecía y no demoró en demostrar dotes de quien nace para ser grande en lo que se propusiera, pero fue en el fútbol que más destacó y desde muy pequeño ya sobresalía en la cancha incluso por encima de los de mayor edad que él.

Cuando apenas era un adolescente salió de su casa con pocas cosas en la maleta y muchas ilusiones y sueños en la mente. Huyó a Lisboa perseguido por la pobreza, pero ya más nunca se dejó alcanzar por ella. El resto de la historia la conocen de sobra: Selección de Portugal, Sporting de Portugal, Alex Ferguson, Manchester United y Real Madrid.

Paradójicamente, este año, que ha sido el más exitoso de la carrera de Cristiano Ronaldo, algunos iluminados y entendidos de fútbol también querían que el Real Madrid lo abortara. Estaban convencidos que era lo mejor para el club, como también lo estaba años atrás María Dolores.

¡Se querían deshacer de Cristiano! Y otra vez le tocó al crack portugués librar otra importante batalla, esta vez para sobrevivir dentro del club en el que quiere seguir haciendo historia.

Los que se oponían a su renovación (la que vendría apenas a ser la segunda), hablaban de atraco y que el Bicho solo pensaba en él y no en los intereses del club; no como Messi que siente los colores del Barcelona, por eso lleva tantas renovaciones como temporadas en su club; el argentino no le interesa el dinero y solo quiere jugar al fútbol, mientras que al portugués lo mueve la pasta y solo quiere seguir jugando para inflar sus números. Es lo que dice la prensa que no se cansa de vilipendiarlo.

Otros escépticos con la renovación de Cristiano, decían que sería un error renovarle a su edad. Mucho se hablaba del ocaso de la carrera de Cristiano, el fin de la leyenda. Ya no desborda, no se va de nadie, ya no tiene gol, está acabado, no aparece en partidos importantes, solo le marca a equipos pequeños (aunque en esto si tienen razón, él solo le marca a equipos pequeños porque si le marcara a uno grande, se contaría como autogol), solo sabe marcar de penal, de rebote o empujándola… ya saben, la misma perorata de siempre.

Lo que parecía estar destinado a ser el peor año de Cristiano, resultó ser el mejor de su carrera y terminó arrasando con los máximos galardones que puede recibir un futbolista. Para merecerlos, primero tuvo que cerrarle la boca a sus detractores, y lo hizo a su manera, en la cancha, que es donde mejor se expresa.

En el Campo Nuevo, por ejemplo, se expresó con solvencia y le tocó levantar al equipo cuando la ayuda arbitral para el Barcelona no se hizo esperar y dejó al conjunto blanco con 10 en la cancha. Y allí se plantó Cristiano, en ese campo hostil, sumándose en defensa y liderando el ataque, hasta que finalmente logró pintarle la cara a Piqué y vencer a Bravo con un gol soberbio.

También le tocó echarse el equipo a la espalda y marcar uno, dos, tres, o cuántos goles hubiesen sido necesarios para remontar y avanzar a semifinales de Champions o para que su Selección Nacional se clasificara “de aquella manera” a la siguiente fase en la Eurocopa y luego terminara siendo campeona. En la final de Champions, marcó el gol decisivo en la tanda de penales. Durante un mes estuvieron los culés restándole crédito a esa hazaña, hasta que su ídolo estuvo en la final de la Copa América Centenario en la misma situación y en lugar de mandar el balón al fondo de la red, lo mandó a una dimensión desconocida.

En el derbi, el portugués no hizo gran cosa, solo fue al Calderón a posar frente a las cámaras y a provocar a la grada, no como Messi que levantó su mano desde el altar para bendecir a la barra del Mestalla pronunciando estas palabras: “La concha de sus madres, hijos de las mil putas”. La afición del Valencia no pudo hacer otra cosa que mostrarse agradecida con D10S por haberles dirigido la palabra, la forma y los modos es lo de menos.

La prensa prefirió pasar por alto los insultos de Messi y comentó más sobre los seguidores violentos del Valencia; en cambio, en el derbi madrileño, se habló de la figura provocadora, egocéntrica, chula y prepotente de CR7 -que el periodismo deportivo tendenciosamente se empeña en vendernos- más que de su hat-trick. Cristiano Ronaldo correspondió a las agresiones verbales de la grada no con insultos, sino con tres finos detalles que formarán parte del legado eterno que se recordará en el Calderón. Seguro que en el Wanda Metropolitano también hará rabiar a los colchoneros y dará de que hablar a la prensa.

Y así, partido tras partido, fue encarando a los rivales y dejando su huella. Algunas veces no le salían las cosas como quería, pero no se rindió ni dejó de intentarlo, tampoco dejó de seguir corriendo, ese hábito lo adquirió desde que estaba en el vientre cuando María Dolores lo retó a una carrera de vida o muerte. Hoy día sigue agregándole más kilómetros a sus piernas y sigue alcanzando récords, logrando en siete años cosas que a otros como Raúl González le tomó 14; ahora se supera a él mismo, es un no parar, como si supieses que nada de lo que haga será suficiente para algunos “entendidos del fútbol” que imparten cátedra en programas de radio y televisión, esos que lo ataca sin misericordia y no se cansan de fomentar debates innecesarios y malintencionados en torno a su figura.

Cristiano continúa decidido a demostrar yo no sé qué a quién, con unas ganas de jugar como si estuviese empezando de cero, con el entusiasmo de un recién llegado, como si nunca hubiese ganado nada ni le avalaran estadísticas impresionante. Él sigue allí, con el hambre de gol intacta, ambicioso, feroz, competitivo, con unas perennes ganas de vencer hasta en los entrenamientos, un soldado que combate por tierra y aire, capaz de suspenderse a 2,63 metros de altura para cabecear un balón, rematador de ambas piernas, tiene un disparo tan poderoso que alcanza una velocidad de 100 km/h, cuando la media de velocidad en el golpeo de un futbolista profesional oscila entre los 87 y 95 km/h. Sin duda el jugador más completo que existe, el mejor del planeta, único e irrepetible.

Solidario con los más desfavorecidos y comprometido con causas sociales. Sabe lo que es crecer en situaciones adversas y con necesidades, las penurias las sufrió en carne propia, quizás eso hace de él el gran ser humano que es. A esta parte de los calificativos, cualidades y virtudes de Cristiano Ronaldo no quería llegar porque ¿qué puedo yo decir sobre este astro del fútbol que no se hubiese dicho o escrito antes? Solo me queda decir que un jugador como él, no volveremos a ver jamás.

Nadie más que él, en su peor año y cuando todos lo daban por muerto, puede arrojarte sobre la mesa un puñado de récords, Champions, Eurocopa, Mundial de Clubes, premio UEFA al mejor jugador de Europa, Balón de Oro, MVP del Mundial de Clubes, premio World Soccer al mejor jugador del mundo, Globe Soccer Awards al mejor jugador del 2016, y sigue sumando…

CR7 es mucho más de lo que yo o cualquier otra persona pudiera describir con letras, o de lo que una película pudiera contar sobre él, a veces simplemente es mejor no decir nada y contemplar en silencio las extraordinarias e infinitas proezas de Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, ese ser que un día se hizo humano y habitó entre nosotros. Dios te salve, María Dolores.

P.D. La historia contada en los primeros párrafos de este artículo, fue narrada a mi manera, pero basada en hechos reales que María Dolores reveló en la biografía que Paulo Sosa escribió sobre ella.

Deja una respuesta