Real Madrid 3-0 Real Sociedad: «Golpe de mano a la Liga»

La jornada de hoy llegaba al Bernabéu, en una fría y lluviosa noche, en la que se esperaba un importante «concierto de pito» de la afición blanca tras la reciente eliminación copera ante el Celta. Con una crisis que nos habían intentado colar por la puerta de atrás desde la prensa, que ya se había encargado de poner en la diana a dos jugadores como Danilo y Benzema, la jornada de hoy se presentaba francamente calentita.
Sin embargo, los tropiezos de Barça, que se dejó dos puntos ante el Betis en el Villamarín, y del Sevilla, que cayó derrotado claramente ante el Espanyol en Cornellá, hicieron que esta jornada, inicialmente pensada como una suerte de aquelarre contra Zidane y sus chicos, acabó por presentarse bastante propicia para que el Madrid aumentase su distancia con respecto a sus más inmediatos perseguidores.
El partido, pues, cobró una importancia capital para el Madrid, que no podía dejar pasar una oportunidad como ésta para asestar un golpe de mano en la Liga y alejar a sus directos rivales. Quizás por eso Zidane no quiso sorpresas y, a pesar de las críticas a Danilo y Benzema, eligió un «once» con todo lo mejor que le quedaba en el zurrón y salió a por el partido.
La Real, más dominio que peligro en la primera parte
Sin embargo, hay que reconocer que la Real Sociedad sorprendió al Madrid con un planteamiento muy serio, unas líneas muy juntas, sin apenas espacio y, sobre todo, con una especie de telaraña en la que el conjunto blanco quedaba enredado una y otra vez.
El objetivo de los chicos de Eusebio Sacristán era claro. Romper la línea de creación del Real Madrid y partir al equipo en dos, como así acabó pasando. El balón apenas le duraba a los blancos cuya tímida presión se convirtió enseguida en papel mojado y permitía sacar la pelota a la Real con cierta comodidad y llegar hasta su línea de tres cuartos sin aparentes problemas.
Sin embargo, toda la eficacia mostrada en la salida del balón se transformaba en profunda oscuridad cuando la Real cruzaba precisamente esa zona de tres cuartos, en la que Canales y William José se estrellaban una y otra vez ante ese muro humano llamado Casemiro o por unos excepcionales y atentísimos Raphael Varane y Sergio Ramos.
Quien sí tuvo algún problemilla, especialmente con las subidas de Oyarzábal era Nacho, al que un fallo defensivo permitió a Juanmi llegar hasta la línea de fondo casi sin problemas y lanzar un pase franco de gol que, afortunadamente para el Madrid, no encontró rematador.
A partir de ahí, el Madrid dio un paso hacia adelante y con más corazón que juego, con un centro del campo bastante lejos del área rival, comenzó a desperezarse con una banda derecha convertida en un cuchillo, de la mano de Lucas Vázquez y Danilo, con continuas penetraciones que, desgraciadamente, tampoco encontraron a unos desafortunados Cristiano Ronaldo y Benzema. Dos jugadores para los cuales la grada del Bernabéu, en un ejercicio de inconsciencia insoportable, convirtieron en foco de sus iras con varias pitadas infames.

Precisamente fue Danilo, que supo sobreponerse a los pitos y a la presión de sentirse señalado, volvió a mostrar su lado más desafotunado cuando, debido a la lluvia que caía sobre Madrid, sufrió un resbalón absolutamente inoportuno. El tropezón del brasileño le dejó el paso libre a Juanmi, el más destacado de la Real en la primera mitad, para entrar completamente solo y disparar raso al palo izquierdo de Navas, que respondió con una excelente estirada, mandando el balón a córner.
En paralelo y, ante la imposibilidad de Kroos, hoy bastante retrasado, fue Kovacic quien decidió asumir los galones y, mediante una serie de conducciones muy verticales, al más puro estilo del croata, el Madrid empezó a acular poco a poco a la Real Sociedad y a asumir un cada vez mayor protagonismo.
Curiosamente, con los papeles cambiados una conducción de Cristiano Ronaldo por el centro. El portugués filtró un magnífico pase a través de la defensa realista que habilitó a Kovacic. El croata desbordó por velocidad a sus rivales y no desaprovechó esa maravillosa asistencia del «7» madridista, batiendo a Rulli por bajo con la precisión de un cirujano.

Aquel golpe fue demasiado duro para la Real Sociedad que, si bien no terminó de perder el sitio ni tampoco la posesión, dejó de asustar y permitió al Madrid circular con más velocidad la pelota y sacudirse ese molesto dominio. Un dominio que, aunque no se había traducido en peligro real sobre su marco, le estaba impidiendo desplegar con comodidad su fútbol.
Un poderoso Madrid a la contra
A la vuelta del descanso las cosas no cambiaron demasiado. La Real no quiso renunciar a su dibujo mientras que el Madrid, con el marcador ya a favor, se empezó a sentir más cómodo esperando agazapado en su campo y sorprender a la contra a una Real, que seguía sin crear peligro.
Y así fue cómo se fraguó el segundo gol, cuando en el minuto 51, una jugada calcada a la del primer gol y con los mismos protagonistas. En esta ocasión fue Kovacic quien le devolvió el favor a Cristiano con un pase al hueco espectacular que el luso picó por encima de Rulli en su salida.

Este nuevo zarpazo supuso la puntilla para la Real, que seguía encontrándose con una posesión mayor que la de su rival. Pero una posessión absolutamente baldía, que no se traducía en nada positivo. Ni siquiera la salida al campo de Carlos Vela o Xabi Prieto, dos atacantes más, trajo consigo
Con Morata ya en el campo, en sustitución de un discutidísimo Benzema, el Madrid siguió a lo suyo, esto es, esperar a la Real, cada vez más perdida en su zona de peligro y salir como gacelas a la contra. Así lo hizo en el minuto 72 cuando un centro de Cristiano Ronaldo desde la derecha, lo remachaba Morata. Sin embargo, el delantero madrileño se encontraba ligeramente adelantado, lo que motivó que Melero López anulase el tanto por fuera de juego.
El partido, que ya estaba claramente controlado por el Madrid, entró en una fase de calma chicha sólo salpicado por un par de entradas muy feas por parte de Iñigo Martínez. Una a Kovacic, en el centro del campo cuando se marchaba solo de cara al marco de Rulli y otra, por otra coz, aún más sin sentido en el ataque derecho del Madrid a Casemiro, que supusieron que el central donostiarra se fuese a la ducha en el minuto 74.
Con un Madrid cada vez más agazapado y peligroso, fue cómo se gestó el tercer gol del Real Madrid. En el minuto 82, un contragolpe de manual, al más puro estilo del Madrid de Mourinho, permitió al conjunto blanco cruzar el campo en apenas cuatro pases, desarbolando a la defensa realista.
Así, en un abrir y cerrar de ojos, Keylor puso el balón en movimiento para Danilo, quien lo movió rápidamente a la banda derecha para que Lucas Vázquez se despachase un magnífico centro envenenado al corazón del área, rematado en plancha por Morata al fondo de la red, llevando el tercer gol al marcador.
Y aún tuvo tiempo el Madrid de marcar un nuevo gol cuando a falta de un minuto para cumplirse el tiempo reglamentario, un gran centro desde la banda derecha de Lucas Vázquez , tras una auténtica delicatessen del recién incorporado Asensio, era culminada por Cristiano Ronaldo, que empujó el balón a placer. Sin embargo, y como ya le pasó a Morata, el colegiado apreció posición antirreglamentaria del delantero portugués y su gol tampoco subió al marcador.
Sin tiempo para mucho más, el partido murió sin dar tiempo más que para festejar que los tropiezos de Barça y Sevilla le iban a permitir afrontar una semana tranquila, trasladando el fantasma de la crisis -que la prensa falsamente quiso instalar en Valdebebas- rumbo a la Ciudad Condal y a Nervión.
Toca, pues, esperar una semana en la que poco se hablará del pésimo juego del F.C. Barcelona ante el Betis ni de la «flor» que supuso que Luis Suárez empatase sobre la bocina un partido que tenían perdido. Como tampoco se hablará del baño que el RCD Espanyol de Quique Sánchez Flores le dio al maestro Sampaoli. Hablaremos del uso de la tecnología y de la indignación culé por el gol fantasma del Villamarín pero al menos, espero, sacará del foco mediático al Madrid, siquiera por unos días.
