Para los que no lo sepan, el excelentísimo alcalde de Vigo es un novelista con cierto reconocimiento entre las paredes de su casa. Entre su palmarés más personal, destaca haber publicado cuatros libros desde 2002 hasta la fecha. Ni el haber sido ministro de Felipe González, acarrea en él mayor gloria que su faceta de escritor.
Cuentan las malas lenguas gallegas, que utilizando su buena posición social, le dio para convencer a determinadas editoriales para según que novelas, con según que finales.
¿La temática? Diversa y pobre. Desde caballeros templarios, hasta historias de ciencia ficción, con ciertos matíces de falso amor.
Por lo anteriormente dicho y por la forma de suspender un partido de la mejor liga del mundo, puedo imaginar e imagino como tuvo que ser la infancia del ‘caballero’ Abel Caballero, cuando recién no había crecido.

En aquella escuela franquista de la Galicia profunda, tuvo que empezar a enamorarse de la literatura española, mientras comenzaba a descubrir dos obras que profanarían su alma, al compás que su personalidad.
La primera obra que impactó a su psique fue ‘El alcalde de Zalamea’ (1636) de Don Calderón de la Barca. Leyendo esa gloria, probablemente el infantil Abel Caballero, tuvo que soñar con algún día convertirse en alcalde de uno de los pueblos que ilimitaban su ambición de pastor de hormigas. Como explica la obra, el alcalde de Zalamea fue absuelto de un crimen que había cometido, por considerar el rey, que éste había obrado en defensa del honor de su hija. Abel Caballero tuvo que imaginar entre tanta tinta, que algún día llegaría a su pueblo un caballero de rango superior al suyo (Real Madrid) y que con la vieja daga del populismo barato, lo mataría como hojas antes Pedro Crespo (Alcalde de Zalamea) mató a Álvaro Ataide.
El problema y analfabetismo del susodicho llega, cuando el desaire de tal eventualidad no se produce por obra y gracia del Real Madrid, sino por obra y desgracia de la meteorología viguesa.
A partir de este hecho (el maldito temporal), en el bendecido cerebro del ex ministro literato, empezó a actuar la otra obra literaria (la segunda y última) que marcó su infancia y probablemente terminó de fabricar a un personaje a la altura de su persona.
Betún, zapatos y hormigas.
Esta segunda obra, no es otra que la maravillosa historia de ‘La vida de lazarillo de Tormes’ (1554). Esta obra, puedo volver a imaginar e imagino, que inundó el 51% de la moralidad del mal apellidado Abel Caballero, para atraparlo en la tramposa y malintencionada picaresca española.
‘El todo vale’ al servicio de un trozo de pan. ‘El todo vale’ al servicio de una final de la maltratada Copa del Rey. De nuevo, como ocurriera en ‘El alcalde de Zalamea’, el Rey se cruzará en su camino (Felipe II antes, Felipe VI ahora) y con una maltratada en medio (la hija antes, la bandera ahora). Y entre tantos peregrinos, el lazarillo de Vigo seguirá engañándonos a los viandantes a la voz de:
-»Aquí no se juega. De eso me encargo yo».
Y mientras lo decía, Berizzo, Mouriño (el presidente) y todo los celtiñas le aplaudían cual hormigas antes de ir a lamer betún. En fin, quinientos años después de que un alma anónima nos narrara las peripecias del Lazarillo de Tormes, un político literato venido a menos, nos sigue demostrando como la más rancia picaresca sigue hospedándose en España.
Entre uralitas despegadas y arregla uralitas perezosos, vamos viendo quienes adoptan el papel de ciegos en esta historia. Alavesistas, Madridistas, Mauricio Pellegrino, Florentino Pérez…
Y mientras tanto el Real Madrid pegando palos de ciego, mientras emiten estériles comunicados contra una causa que no van a ganar.
Y es que si hay un problema, es precisamente ese; que ahora a los viejos zorros los hospedamos en los salones más nobles del Palacio. Por eso Felipe II, ante el peligro de lo chabacano, no dudó en nombrar a Pedro Crespo, alcalde a perpetuidad de Zalamea de la Serena. Y es que por entonces, hace de esto ya más de quinientos años, ni los lazarillos, ni los alcaldes de pueblo, podían pisar suelo de Palacio Real.
Quinientos años después, los Caballeros van disfrazados de tramposos y los tramposos de Caballeros. El Lazarillo de Tormes, el Alcalde de Zalamea y Don Abel Caballero.
