Preámbulo
Conmemorando las festividades navideñas, tuve la ocurrencia de escribir un artículo que titulé: “Cristiano se hizo humano, y habitó entre nosotros” (Click acá, si gustas leerlo: https://meritocraciablanca.com/2016/12/30/cristiano-se-humano-habito/). Luego de publicado, algunas amistades y familiares pusieron el grito en el cielo y me acusaron de blasfema, poco les faltó para pedir que me excomulgaran. Son adorables, ojalá yo pudiera vivir la fe que profeso con el mismo fervor que ellos.
No quisiera hacer enojar otra vez a mi familia, así que, una vez que los amigos de Meritocracia Blanca publiquen este artículo, les pido absoluta discreción. Yo por mi parte haré lo propio bloqueando por un tiempo a los susodichos, no por miedo a la represalia, sino para evitarles otro disgusto.

En mis planes no estaba escribir este artículo, pero una serie de sucesos en torno de la figura de Cristiano Ronaldo y en plena Semana Santa, me han obligado a hacerlo, además recordé el papel de “blasfema” y quise volver a interpretarlo porque alguien tiene que hacer de oveja negra de la familia, ni modo que la mía se quede sin una.
Si a usted, querido lector, las letras de aquel artículo publicado en diciembre o las de éste, también le causan indignación, le pido que me perdone, porque no sé lo que hago.
Hala Madrid, meritocráticos.
Cristiano, perdónalos, porque no saben lo que hacen
Faltando cuatro días para la Pascua, Cristiano Ronaldo se dirigió a la ciudad de Múnich. Después de cenar con sus discípulos, se dirigió a un huerto, que en vez de olivos, cultivaba a un equipo de fútbol copado de soldados alemanes dispuestos azotarle a él y a sus apóstoles.
Estando allí, Cristiano le dijo a sus amigos:
—Estamos a 90 minutos de volver a hacer historia y vencer una vez más en este huerto tan hostil, y sumamente difícil. Velen en todo momento para no caer en la tentación de la maligna y amarga derrota.
Sin embargo, sus apóstoles se durmieron, y al cabo de 25 minutos, Arturo Vidal, uno de los soldados romanos, se encargó de asestar el primer latigazo. Entonces Cristiano, adelantándose un poco, le reprochó a los suyos pronunciando estas palabras:
—¿No habéis podido velar conmigo 90 minutos? Velad y orad para no volver a caer en la tentación.
Y sucedió que velaron en todo momento y no cayeron en la tentación, lo que cayó fue un golazo de Cristiano en el minuto 46. A partir de ese momento, sucedió la transfiguración de Cristiano. Su vestimenta se volvió más blanca y su rostro más resplandeciente que el sol. (Sí lo sé, jugaron de negro, pero vamos, que por culpa de los supersticiosos del Bayern que cambiaron a última hora el color de su pantalón, yo no iba a echar a perder el relato).
Poco tiempo después, al minuto 76, Cristiano Ronaldo se volvía a vestir con gloria y majestad. Mostrándose al mundo en todo su esplendor, como el Rey de Reyes y el Señor de Señores del mundo del fútbol. No fue fácil porque durante los 90 minutos, él y los suyos, tuvieron que sudar sangre. Cristiano transpiró desde las mechas californianas que adornaban su cabello hasta las uñas de los pies. De su boca salía constantemente un “Vamos, vamos” que con fuerza y determinación le decía a sus amigos.
Muchas fueron las complicaciones que tuvo que sortear, la principal tiene nombre y apellido: Manuel Neuer, que más que un soldado romano, lo que parecía era el mismo demonio en el desierto, poniéndole mil pruebas e interponiéndose en la misión de Cristiano y en la de varios de sus amigos. Aquel demonio quería dejar a Cristiano 90 minutos en el desierto con la sequía de goles, pero él resistió y no claudicó en su búsqueda del gol. Se mantuvo siempre al frente, predicó con el ejemplo y dio la vida por su equipo.
Abandonó Múnich y regreso a su casa, con la satisfacción de haber cumplido su misión, sin embargo, los fariseos del periodismo deportivo se interpusieron en su camino y le preguntaron:
—¿Qué opinas de los que siguen dudando de ti?
—¿Quién duda de mí? —Respondió Cristiano, inocente y ajeno a tanta cizaña y maldad que impera en el mundo.
—Ya te respondo yo, Cristiano. Muchos son los que dudan de ti, ojalá pudiera decirte que son antimadridistas todos los que dudan de ti y te cuestionan hasta por el largo de tus pestañas, pero la realidad es otra. Resulta que inexplicablemente también duda de ti parte del madridismo; un madridismo rancio, agrio, rígido, implacable… que te pita y se alza contra ti hasta por perder un balón, olvidando que ese mismo balón luego se pierde en el fondo de la red, allá donde tú, soberbiamente lo mandas siempre.

Incontables son tus proezas, pero aunque alcances todos los récords y hagas lo que hagas, muchos seguirán mostrándose escépticos contigo. Cristiano, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Si alguna vez dudaste de Cristiano, le criticaste y le crucificaste, aprovecha el último día que queda de Semana Santa para arrepentirte, pedirle perdón y rendirle pleitesía. Lo dejo hasta allí para que reflexiones y vuelvo al relato.
Estando ya lejos de Múnich, sus milagros y todo lo predicado por Cristiano en esa ciudad, no cayó en tierra fértil. Cómo habrán caído de mal los goles del portugués que hasta Der Spiegel (un diario o revista alemana que vaya a usted a saber de dónde carrizo salió) quiso vengarse de su verdugo, desempolvando un escándalo que data del año 2009 sobre una supuesta acusación de violación en la que implican a Cristiano.
Rápidamente, algunos medios de comunicación, siempre prestos a vilipendiar y denigrar la figura de Cristiano, se hicieron eco de la noticia. Óigame, es que el Bicho está acaparando las portadas de la prensa mundial, muchos medios y periodistas se rinden ante él y confiesan con su boca que él es el Rey, y dan vítores de alegría, lo reciben con palmas benditas… y eso ya es demasiado. Esa vestimenta blanca, resplandeciente e inmaculada con la que deslumbró en Múnich, de alguna manera había que mancharla, ¿cómo? pues contando mentiras sobre Cristianos porque la verdad sobre él, les duele.
Lo preocupante es que ya no se trata de una simple mentira, se trata de una seria acusación de un grave delito. ¿Y las pruebas? Bah, nimiedades que no interesan, aquí lo que importa es preparar un juicio con calvario incluido para el astro portugués.
Faltando tres días para la Pascua, llevaron a Cristiano Ronaldo, ante las autoridades para que lo juzgaran:
—¿De qué acusan a este hombre?
—Es un agitador, destruye el templo que le hemos construido a nuestro MESSIas y se proclama como Rey. —Espetó decidido uno de los maestros del periodismo inmundo. —
—¿Eres tú el Rey del fútbol?
—Tú lo has dicho, yo soy el Rey. —Respondió Cristiano. —
Los seguidores del MESSIas enloquecieron y enardecidos se rasgaron sus vestiduras vociferando estas palabras:
—¡HA BLASFEMADO! ¡CRUCIFÍCALE! ¡CRUCIFÍCALE!
Dirigiéndose al pueblo antimadridista, el gobernador del imperio del fútbol pronunció lo siguiente:
—Yo no encuentro delito alguno en este hombre.
No terminaba el gobernador de decir aquellas palabras, cuando de repente el pueblo antimadridista, los sumos sacerdotes y los maestros del periodismo repugnante se alzaron a una voz para enumerar una lista de faltas cometidas por el Cristiano.
—Es un egoísta, un provocador, un chulo y prepotente, y además cometió el delito de violación. Violó la defensa alemana, a Neuer y a todos los equipos que encuentra a su paso. No tiene piedad y solo le interesa inflar sus números; además, preste atención a la gravedad de lo que le voy a decir: ÉL NO TIENE TALENTO INNATO, nuestro MESSIas sí. Cristiano es solo “un hombre de gimnasio”. Dicho esto, se quedaron muy a gusto, no se pusieron ni colorados y siguieron a lo suyo:
—¡CRUCIFÍCALE! ¡CRUCIFÍCALE!
Es lo que le gritan año tras año a Cristiano. Le retiran y le vienen dando la Extrema Unción una temporada, y la siguiente también. Lo quieren lejos del Reino del Real Madrid porque saben que no hay otro como él, capaz de derribar hasta el portero más imperial del momento. No se le escapa ninguno, sus números y estadísticas lo avalan, por eso están impacientes, cual soldados romanos al pie de la cruz, esperando por su deceso futbolístico.
Muchos son los que se apuntan como voluntarios para correr la piedra de su sepulcro, pero cuando están a punto de hacerlo, el portugués vuelve a refulgir en la cancha en plena gloria y majestad. Sé que algún día Cristiano Ronaldo dirá: “Todo está consumado” y colgará sus botas, porque los años pasan (ojalá no cumpliera años, sino temporadas), pero es que ni a él, que es un ser tan superlativo, el tiempo perdona.

Algún día dirá adiós, pero mientras llega ese día, Cristiano seguirá tapando bocas y superándose a sí mismo, cosechando más récords y títulos -como si fueran pocos-, porque su ambición no tiene límites, está en sus genes y en su ADN madridista. Seguramente también seguirá soportando toda clase de ultraje e ignominias, porque la prensa tendenciosa no le da tregua al portugués, pero nada ni nadie puede contra él, porque ese portugués… ese portugués, que bueno es.
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Gran artículo,excelente manera de describir al mejor de la HISTORIA
Muy bueno!! Enhorabuena!!!
Esta genial eso