50 años después siguen llorando

Hace ya más de 50 años la afición del Atlético de Madrid ya lloraba, protestaba y lanzaba puyas contra el Madrid por cualquier cosa. Cuando se inauguró el Calderón (2 de octubre de 1966) decían que en su campo (ahora en derribo) todos estaban sentados. La pancarta que exhibieron era elocuente:

«Ya estamos en nuestra casa
y nadie nos ha humillado
mientras ellos van de pie
nosotros todos sentados»

Una semana después la afición de Madrid en el Bernabéu respondió de forma contundente a aquella protesta-burla. Lo que conocemos en nuestros días como un zasca en toda regla. La pancarta de la afición del Madrid fue demoledora:

«Si es que queréis alcanzar
lo que el Madrid ha logrado
no podéis estar de pie
tenéis que esperar sentados»

Ahí podéis observar las imágenes inmortalizadas de aquellas dos pancartas.

50 años después la vida sigue igual como diría nuestro madridista universal, Julio Iglesias, siguen con la misma canción, con el mismo disco rallado, nada ha cambiado, el tiempo permanece inmutable y detenido pese al paso de los años, ahora con que si no les podemos entender, que si están orgullosos de no ser como nosotros, que si sus sentimientos son «mejores» que los nuestros, que si…

siguen llorando

Y el Madrid sigue contestando igual que hace 50 años. Como mejor sabe. En el terreno de juego.

Y sí les podemos entender, claro que sí. Tantos años a la sombra del Madrid, tantos años siendo el segundo equipo de la capital y tan a años luz a nivel nacional y europeo, todo eso, sigue generando tantos complejos en ellos. Obviamente, complejos de inferioridad. Si a eso le unimos lo que ha ocurrido en los últimos 4 años en Europa, entonces, ese complejo se ha transformado en odio. Quiero pensar que solamente en odio deportivo aunque determinados cánticos de su «excelsa» afición invitan a pensar lo contrario. Acordarse de las madres de los demás por sentir pasión por nuestro equipo, está muy feo, atléticos. Es vulgar, grosero y chabacano. Si yo fuera atlético (gracias a Dios no lo soy y estoy muy orgulloso de no ser como ellos) tendría motivos para odiar deportivamente al Madrid pero jamás insultaría a las madres de los seguidores de mi enemigo deportivo. Solo se puede entender entonces que un odio llevado a esos extremos solo responde cuando entra en juego un sentimiento auténtico en los atléticos: la ENVIDIA. Es otro sentimiento… Y ya sabéis el dicho, atléticos: «Si la envidia fuera tiña, cuantos tiñosos habría».


 

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