El Barça, Villar y la larga sombra de la corrupción

El Barça, Villar y la larga sombra de la corrupción

Cuando aún no se han apagado los ecos de la operación que la Guardia Civil llevó a cabo en la sede de la RFEF que ha acabado momentáneamente con los huesos de su principal responsable, el ínclito Angel María Villar, su hijo Gorka y su Vicepresidente Económico, Juan Padrón, en los calabozos de la Benemérita, me asaltan un montón de pensamientos.

El primero y más importante, la estrecha relación que ha habido entre la propia RFEF y el Fútbol Club Barcelona, en especial desde que en 2004, otro personaje no menos ínclito como Joan Laporta, traicionó la disciplina de voto de la LFP, que había decidido votar a su rival entonces, el difunto Gerardo González. Un cambio de voto, por cierto, a la postre decisivo para que el mandamás de la Federación pudiese acceder a su reelección.

RFEF, Barça y Corrupción, tanto monta…

Durante muchos años, y como digo, especialmente desde aquel año, las relaciones entre la directiva de la Federación y del Barça, tanto con el citado Laporta como con sus sucesores Sandro Rossell (también entre rejas como Villar) y el actual presidente, Josep María Bartomeu, han sido ciertamente intensas y estrechas.

Ahora, tras la condena –la primera, de hecho, de este tipo en España- por parte de la Audiencia de Barcelona en diciembre del pasado año al Barça como club por las irregularidades fiscales en el Caso Neymar, la detención de Sandro Rossell por sus corruptelas con Brasil y más recientemente con Qatar (a la sazón patrocinador del club desde 2010, primero con su Fundación y luego con sus líneas aéreas, Qatar Airways), nos llega esta nueva vinculación entre el club azulgrana y un dirigente o entidad federativa con problemas con la Justicia.

Y es que, guste o no, no hay organismo deportivo nacional o internacional con el que el Barça haya estado vinculado de alguna manera y que no haya acabado intervenido por la Justicia y salpicado por la más abyecta de las corrupciones.

Y siempre, curiosamente, con el mismo denominador común: Angel María Villar. Un presidente con el que, desde que accedió al cargo un lejano año 1988, el balance de títulos, tanto nacionales como internacionales, se ha inclinado hacia el lado culé. Sobre todo y como dije antes, desde 2004.

Desde las famosas Ligas de Tenerife en 1992 y 1993 hasta los récords de temporadas con goles ilegales concedidos y penaltis a favor, que dieron lugar a la consecución de la Liga de 2016 y de penaltis no pitados en contra (toda una temporada), que a punto estuvo de hacer caer la Liga del 2017 del lado culé, un buen puñado de títulos de ese “Barça triomfant” ha estado salpicado cuando menos por la sospecha.

En este sentido, el gran Maketo Lari reveló hace poco unos datos que venían a desmontar un mito. Nos han vendido que con Franco, el Real Madrid ganó más títulos que el Barça, especialmente en España.

Nada más lejos de la realidad. Si ha habido un Régimen que haya supuesto más réditos deportivos e institucionales para un equipo, ése ha sido este período negro de Villar al frente de la RFEF para el Barça.

Así pues, mientras que bajo el mando del Dictador, el Real Madrid sumó un total de 20 títulos nacionales (14 Ligas y 6 Copas del Generalísimo) frente a los 17 entorchados logrados por los culés en el mismo período. Esto es, un balance de apenas tres títulos más entre ambos.

Sin embargo, si hacemos esta comparativa entre 1988 (fecha del advenimiento de otro sátrapa, en este caso federativo como Villar) hasta nuestros días, los datos son francamente escalofriantes, con una sorprendente diferencia entre ambos clubes.

En estos casi 30 años de mando despótico de Angel María Villar, el Madrid levantó un total de 23 títulos nacionales (10 Ligas, 4 Copas y 9 Supercopas). Por el contrario, el FC Barcelona sumó nada menos que 33 campeonatos (14 Ligas, 8 Copas y 11 Supercopas), que suponen una “balanza de pagos” ciertamente negativa de 10 títulos en contra del Real Madrid.

Unos datos que son aún más sorprendentes y difíciles de asumir si tomamos como referencia temporal desde el año 2004, que es cuando el Barça escenificó públicamente su apoyo a Villar, en una maniobra que ayudó decisivamente a perpetuar al directivo vasco en la Federación hasta nuestros días. Como el hecho que alguien tan poco sospechoso de madridismo como Joan Gaspart haya sido el vicepresidente de la RFEF durante años.

Algo que como confesó Alfons Godall –a la sazón, vicepresidente del Barça en tiempos de Laporta- públicamente ante los micrófonos de La Sexta, se urdieron una serie de oscuros tejemanejes, que ayudaron mucho a “lubricar” las relaciones entre la Federación (y su brazo armado del Comité Técnico de Arbitros, en manos de Sánchez Arminio) y el club catalán.

Unas declaraciones, dicho sea de paso, que en otro país habrían dejado al “Moggigate” italiano en una fiesta infantil y que, desgraciadamente, en nuestro país fueron amortizadas a título de inventario sin que a ninguno de nuestros acerados medios le despertase el más mínimo celo investigador.

Pero volvamos al tema. Entre 2004 y 2017, el Madrid sólo logró 4 Ligas, 2 Copas y 2 Supercopas, frente a las 8 logradas por los culés, y a las que añadir las 5 Copas del Rey y 7 Supercopas, que hacen que el “gap” existente entre Madrid y Barça sea actualmente de 8 títulos a favor de estos últimos.

¿Significa eso que el Barça ha ganado todos esos títulos gracias al poder de Villar? En absoluto, pero desde luego y, viendo ahora el carácter del personaje, sí que arrojan una larga sombra de sospecha sobre algunos de ellos.

Especialmente algunos títulos que se perdieron por apenas uno o dos puntos y en los que determinadas actuaciones arbitrales acabaron siendo decisivas para inclinar la balanza en algunos partidos, quitando puntos a la postre vitales.

Se me ocurren unas cuantas pero no es plan de llorar por la leche derramada. Sin embargo, considero que sí es el momento para, aprovechando la detención de Villar, levantar una vez más la voz y recordar que, entonces, aquellos que veíamos cosas raras en esa extraña pero estrecha relación entre Barça y RFEF, fuimos tachados de lunáticos y de peligrosos mourinhistas conspiranoicos.

Tal vez por eso empiezan a cobrar mucho más sentido denuncias como la que protagonizó José Mourinho, tras el escándalo de la ida de las semifinales de la Champions de la temporada 2010/2011 y el vivido en 2009 en Stamford Bridge.

 “Tal vez sea por el poder del Sr. Villar en la UEFA…” dijo el portugués. Algo que le valió ser lapidado por la opinión pública española y la propia UEFA con un castigo ejemplar de seis partidos.

Quizás por eso sean ahora más comprensibles las citadas declaraciones de Godall o aquel inolvidable “Sandro ¿qué más quieres que te dé?”, manifestado por el propio Villar tras una reunión con la cúpula blaugrana en febrero de 2012.

Una reunión propiciada por el despegue del Real Madrid en aquella inolvidable Liga de los Récords y que, casualmente, trajo consigo tres infames arbitrajes casi consecutivos (Málaga, Villarreal y Valencia) que rebajaron aquella diferencia y nos obligaron a ir al Nou Camp a jugarnos el título ante un Barça renacido, precisamente, a causa de los pinchazos sufridos por el Madrid tras aquellos partidos.

La Prensa española, la gran cómplice de Villar

Finalmente, Villar ha caído. Con independencia del necesario respeto a la presunción de inocencia que parte del Madridismo ha exigido para con Benzema o Cristiano Ronaldo y Villar merece, todo apunta a un apestoso lodazal de corrupción.

Una corrupción en la que el Barça se ha sabido mover como pez en el agua y para cuya perpetuación ha sido un cooperador más que necesario. Ahora bien, no ha sido el único. Sin la connivencia cuando menos cobarde, e incluso cómplice en algunos casos, de la prensa del Régimen nada de esto habría llegado tan lejos.

Empezando por el inventor del término “Villarato”, el caradura de Alfredo Relaño, que hasta que volvió Florentino Pérez al poder en 2009 no paraba de denunciar el escandaloso trato de favor hacia el Barça y contra el Madrid que se venía viviendo durante el mandato de su querido amigo Ramón Calderón.

Este mismo Relaño, curiosamente, fue llegar su odiado Florentino al mando del Real Madrid y desde 2010, cambió de discurso y no paró de poner la mano en el fuego por el mismo Villar y olvidarse de ese  “Villarato”, que él mismo denunció.

Pero de ahí para abajo todos, en mayor o menor medida, la prensa ha estado siempre del lado de Villar y la RFEF. Ejemplos hay para dar y regalar. Desde el “insigne” Roberto Gómez, al que Richard Dees bautizó acertadamente en su día como Gañoteman, el rey del Gañote, hasta el gran «Pope» de la comunicación, el inefable Santiago Segurola, pasando entre otros por Juanma Castaño, Director de El Partidazo de COPE.

De hecho, cito a Castaño porque incluso llegó a participar en un spot de TV de Iberdrola junto a jugadores de la Selección durante el Mundial de Brasil 2014.

Aquel anuncio, en el que se mezclaban indecentemente medios, patrocinadores y jugadores fue el más fiel reflejo del estado basuriento de nuestra Prensa, arrastrada cual alfombrilla de baño a los pies de la Federación, a cambio de unos contratos, unas entrevistas y, en defintiva, por un plato de lentejas…o de cordero en el Txistu.

Una suerte de “machihembrado” y simbiosis repugnante entre la RFEF, capitaneada por Villar, por la cual, a cambio del silenzio stampa, los periodistas se han pasado toda la vida viajando en el mismo avión de la Selección, entrando en las concentraciones como Pedro por su casa, disponiendo de los jugadores a su antojo y, por descontado, viviendo a cuerpo de rey en el mismo hotel del euipo, especialmente en los grandes eventos como Mundiales o Eurocopas.

Por no hablar de las grandes ventajas y beneficios empresariales que le han supuesto a grupos como Mediaset el mirar para otro lado y no denunciar (ni siquiera meter la nariz) los mil y un desmanes que, casualmente, ahora todos los periodistas de este país resulta que conocían al detalle.

Pero, claro, en España tenemos esa conocida –e indecente– costumbre de correr en auxilio del vencedor y, de la misma forma que nadie se atrevió a morder la mano que tan bien les daba de comer, ahora no quieren ser identificados como cooperadores necesarios de todo aquel enjuague.

Por eso, no es de extrañar que, de la misma forma, que en los últimos 10-15 años (los más exitosos sin duda del fútbol español a nivel de selecciones), todos los periodistas de este país y de todos los medios, sin excepción, se sumaban a las celebraciones y comilonas a cuenta de la RFEF, en el mejor de los casos, estos mismos periodistas se quieren poner ahora de perfil y, como San Pedro, están negando hasta tres veces a Villar y hacen como que no le conocen.

Incluso hay medios, como por ejemplo Onda Cero, en un ejercicio de hipocresía y caradura infinita, y como estómagos agradecidos, han decidido pasar de puntillas por la detención de Villar y la casi segura caída del Régimen sólo para “no aburrir a la audiencia” y “hablar de fútbol, que es lo que realmente interesa a la gente”.

Claro, por eso con el caso de Benzema y su denuncia por chantaje o, más recientemente, el caso de Hacienda y Cristiano Ronaldo se han pasado semanas y semanas hablando -e incluso condenando de antemano- a los dos futbolistas del Madrid.

Por último, quiero expresar un deseo ferviente y es quela caída de Angel María Villar no sólo traiga consigo la merecida limpieza y regeneración a un estamento tan vital para el fútbol español como es la RFEF sino a la propia competición y al periodismo deportivo español, tan manchado de basura y corrupción como el propio organismo federativo y sus representantes.

No obstante, me temo que para limpiar el colectivo periodístico va hacer falta una catarsis aún mayor, pero ése es otro tema…

1 comentario en «El Barça, Villar y la larga sombra de la corrupción»

  1. Que gran artículo en el se dice lo que muchos pero muchos pesamos enhorabuena buena por decir las cosas tan claras lo que hemos sufrido los merengues con este personaje y lo bien que les ha ido a los cules con el no tengo muchas esperanzas de que esto vaya a cambiar de repente pero espero y deseo que no sea tan descarado como hasta hora

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