
Cuando aún no se han apagado los ecos de la inesperada –y dolorosa- derrota ante el Betis en el Bernabéu de este pasado miércoles, no han tardado en encenderse las hogueras para quemar en ella a todos los miembros del club (jugadores, cuerpo técnico, presidencia y hasta el equipo médico).
Todo el mundo se ha empeñado en encontrar una explicación a una situación que se ha traducido en dos empates y una derrota y la sensación de que carecemos de esa tan cacareada pegada con la que siempre han querido empañar nuestras victorias y que, visto lo visto, es más falsa que un euro de madera.
La prensa, y de su mano, miles de aficionados madridistas de todo pelaje y condición y más o menos bienintencionados, se han tirado a la yugular de la plantilla blanca e incluso de su entrenador, a los que acusan ahora de ser culpables de todos los males del universo.
Un ejercicio simplista
Sin querer entrar a valorar el manido “1 Liga de 8” o mejor dicho “2 Ligas de 9” (un mantra que parecía olvidado por ese madridismo cenizo y cainita y que parece haberse recuperado para la “causa”), parte del Madridismo se ha centrado en encontrar una única explicación al por qué de esta pequeña debacle que han supuesto estos tres malos resultados en casa en este comienzo de la Liga.
Llevados en su mayor parte del ronzal, y siguiendo los mensajes de la Prensa a la que tanto adoran, se han empeñado en buscar una única explicación cuando, a poco que se rasque y sin ser un sesudo analista futbolístico, de esos que se empeñan en que hay que ser “protagonistas en el juego” o “proponer desde el dominio y la posesión”, se ve claramente que hay una concurrencia de distintos factores, que no pueden además ser desligados entre sí.
Unos, la mayoría, se empeñan en decir que el Madrid no ha jugado bien estos partidos, a pesar de que los datos de posesión, tiros a puerta y oportunidades de los que ha dispuesto en los tres partidos de marras, han demostrado que el Madrid fue netamente superior a sus rivales.

Otros, que también son legión, se empeñan en crucificar a Zinedine Zidane por su política de rotaciones y cambios durante los partidos, aun cuando es más que evidente que su revolucionaria forma de gestionar la plantilla nos ha dejado la más exitosa temporada de nuestra historia reciente.
También los hay que la culpa es de Florentino Pérez y del propio Zidane, bien por “tragar” o bien por lo que según ellos, fue no poner lo que hay que poner encima de la mesa para traer el manido “9”, como alternativa a las marchas de Morata, James y Mariano, a pesar de que para estos mismos, el ariete canterano, ahora en las filas del Olympique de Lyon pintaba menos que la UGT con Franco.
Y por último, también los hay que sólo se centran en el innegable efecto demoledor de los arbitrajes que estamos padeciendo prácticamente desde el inicio de la pretemporada (Supercopa incluida), que ha hecho que de los siete partidos oficiales disputados en España, nada menos que cinco han tenido arbitrajes polémicos, con decisiones que nos han perjudicado claramente, al tiempo que han ayudado decisivamente a nuestro más directo rival.
El análisis no es tan sencillo
Pues bien y, a diferencia de la opinión mayoritaria dentro del Madridismo y, por descontado de la Prensa, lejos del ejercicio de simplismo que están llevando a cabo, centrándose en uno o dos factores a lo sumo, nuestro actual momento pasa por una unión indisoluble de todos estos factores, sin que pueda excluirse ninguno de ellos.
A nadie se le puede escapar que hemos perdido siete puntos, entre otras cosas, por la falta de puntería de nuestros jugadores de cara al marco contrario.
Los datos son demoledores, a pesar de dominar claramente los tres partidos y gozar de incontables oportunidades, el Madrid sólo fue capaz de anotar tres tantos (2 al Valencia, 1 al Levante y ninguno al Betis), pese a haber disparado nada menos que 67 tiros a puerta, de los cuales 23 fueron entre los tres palos.

Sin embargo, la prensa en todos los casos –y algunos madridistas de su ronzal- ha dicho ufana que nuestros rivales siempre merecieron la suerte que corrieron y, en especial, el Betis se hizo acreedor a unos halagos, en mi opinión, absolutamente inmerecidos.
Sirva, por ejemplo, que para dicho partido ante los sevillanos, el dato de posesión fue de un 60% a favor del Madrid, 32 tiros a puerta con 7 entre palos, frente a cuatro de los béticos y 12 córners, por apenas tres de los verdiblancos. Es decir, un dominio incontestable al que le faltó la guinda del gol.
Sinceramente, no sé qué más debió hacer el Madrid para que se dejase de criticar el juego. Un juego que no distó mucho del ofrecido por los de Zidane ante el Depor en Riazor o ante la Real en Anoeta.
Y lo mismo habría que decir sobre el estado de nuestra plantilla. Maravillosa y prácticamente inmejorable a mediados de agosto, cuando borramos del mapa a Manchester United y Barça en las dos Supercopas y que ahora pasa ser casi un desecho de tienta, a la que le falta casi de todo.
Benzema y Bale vuelven a ser el pim-pam-pum oficial de la Prensa, poniéndolos en la diana, para que luego parte del Madridismo dispare, en forma de pitos e insultos. Así pues, ahora resulta que ambos jugadores son un cáncer, unas asquerosas rémoras que deben abandonar el club hoy mejor que mañana y que, por supuesto, jamás hicieron nada en el Real Madrid que justifique sus presencias en el once cada partido.
Como la pelotita no quiso entrar en ninguno de los tres partidos en cuestión, resulta que había una necesidad imperiosa de un “9” como alternativa a Morata. Pero hete aquí que llega el partido de Anoeta, al que llegamos sin Karim, sin Cristiano y con Mayoral, hasta ese momento un delantero que no serviría ni para la Balompédica Linense y al tío no se le ocurre otra cosa que despacharse un partidazo, marcando un gol, siendo decisivo en el segundo. Y .
Pero claro, hay que entender que ahí se ganó, por lo que ¡zas!, de repente, se acabó el debate del “9”, al menos por unas horas (porque la prensa no nos deja ni a sol ni sombra) debido al maldito resultadismo cortoplacista que nos devora cada temporada.
Zidane, el «piernas»
Otro factor que también se está comentando y que se está tomando como referencia casi única y excluyente es la labor de Zidane en su banquillo. Ahora resulta que Zidane es un piernas al que, por lo visto, se le ha marchitado la flor.
Zidane, por obra y gracia de tres pinchazos vuelve a ser el «póster de la Novena» y el entrenador mediocre que nos venden, entre otros, José Joaquín Brotons. Ya no sirven las rotaciones, se equivoca siempre en los cambios y no elige a los jugadores por su valía sino por su nombre y cotización en la Zona Noble del Bernabéu.

Vamos, los argumentos recurrentes que le he estado escuchando a los ciudadanos periodistas, que diría Richard Dees, para criticar a Zidane desde que llegó Zidane e incluso para muchos otros entrenadores que se sentaron en el banquillo blanco en estos últimos años.
Pues bien, es cierto y no se debe negar que, quizás, y a toro pasado, Zidane se pudo equivocar en algunas decisiones puntuales como la adopción de la dupla atacante Theo-Marcelo por la banda izquierda ante el Levante o el zafarrancho atacante de los últimos minutos del partido contra el Betis.
Pero de nuevo, en aras del maldito resultadismo, nada de esto se estaría debatiendo de haber entrado la pelota siquiera una sola de las decenas de veces que pudo haber entrado en cualquiera de los tres partidos comentados.
¿O es que alguien en su sano juicio duda que nada de esto se estaría enjuiciando y la gente acaso estaría hablando de plantilla incompleta, de falta de gol o de mal juego y, por supuesto, habría alabado los partidos de Valencia, Levante o Betis si Benzema, Kroos, Bale o Cristiano hubiesen tenido más tino?
El arbitraje, ese factor del que muchos se olvidan
Curiosamente, el elemento a mi juicio más determinante de toda esa ecuación, de ese conjunto de factores que han dado lugar a este producto como es el arbitraje, resulta que no se tiene en cuenta. Y no ya sólo por lo que nos han quitado –que es mucho- en apenas siete partidos oficiales, sino por todo lo que, en paralelo, les ha dado a nuestros rivales de ese pequeño país de ahí arriba, a la derecha.
No en vano estamos hablando de que al Madrid, sólo en esta Liga le han escamoteado un mínimo de seis penaltis, todos ellos bastante evidentes y que, por más que luego salga Iturralde González a decir que tampoco es tan importante un penalti porque hay que meterlo, sí es una variable y de las más decisivas en los partidos.
Y si no, que se lo digan al Barça, cuyos espeluznantes datos de penaltis a favor y en contra son tan inverosímiles como su saldo de tarjetas rojas. Estamos hablando de que en nada menos que ¡86 partidos de Liga! es decir, dos temporadas y media, su saldo de penaltis es de 32 a favor y uno solo en contra.

Unos penaltis que, en muchas ocasiones encima han sido de chiste pero les vinieron de cine para desatascar sus partidos. Sin ir más lejos, los señalados contra el Alavés en Mendizorroza por un leve agarrón a Piqué y el aún más abracadabrante penalti señalado a Semedo contra el Eibar esta misma semana.
Pero es que lo que está sufriendo este año el Madrid en las áreas rivales raya la locura y la prevaricación al por mayor. Empezando por el arbitraje lamentable de De Burgos Benoechea en la ida de la Supercopa en Barcelona, donde un infame piscinazo de Luis Suárez acabó con el gol del empate culé, justo cuando peor estaban.
Y lo que es peor (y se ha visto como decisivo), una caída de Cristiano Ronaldo en el área barcelonista fue sancionada con amarilla por simular penalti y que generó no sólo la expulsión del portugués sino que su airada reacción para con el trencilla, provocó una durísima sanción de cuatro partidos sin jugar.
Pero siguiendo con arbitrajes deleznables, aquel festival de De Burgos no tiene nada que envidiar a los shows de Fernández Borbalán ante el Valencia, Hernández Hernández ante el Levante y, más recientemente, el de Mateu Lahoz ante el Betis de este mismo miércoles.
En el primer caso, Borbalán dejó sin sancionar unas claras manos de Parejo en el área valencianista y un claro derribo de Marcelo por parte de Parejo casi al final del encuentro y que, por más que digan que luego hay que meterlos, lo que está claro es que si no te los pitan, lo cierto y verdad es que jamas podrás saberlo.
En el caso del Levante, apenas una jornada después fue algo incluso más sangrante. En dicho partido, Theo Hernández fue zancadilleado en las mismas narices de Hernández Hernández, el árbitro que hace apenas cuatro meses señaló en el Nou Camp dos de los penaltis más bochornosos y groseros que he visto en mi vida. y he visto ya unos cuantos dado que peino bastantes canas…
Pero no contento con eso, en la segunda mitad, el ínclito Hernández al Cuadrado dejó sin sancionar un claro empujón a Sergio Ramos cuando éste se disponía a rematar cómodamente un córner pero, una vez más, ese derribo se fue al limbo. Curiosa doble vara de medir porque apenas una jornada antes, un agarrón de Rodrigo Ely a Pique´en circunstancias similares fue considerado penalti en el Alavés-Barça, aunque Messi falló su lanzamiento.

Faltaba cuadrar el círculo y para ello quién mejor que Mateu Lahoz para redondear la faena ante el Betis y no defraudó. Primero le escamoteó un penalti a Marcelo, cuando nada más empezar el partido fue derribado en el área por Javi García. Pero no quedó ahí la cosa. Minutos después, el propio Javi García sacó con el brazo un taconazo de Cristiano Ronaldo que se colaba en su portería y que, además, debió haber sido castigado con la tarjeta roja.
Por último y también en la primera parte, con el Madrid volcado sobre la meta de Adán y con 0-0 en el marcador, el ex-guardameta madridista arrolló literalmente a Casemiro en su salida, llevándose ambos una soberana costalada. Mateu Lahoz detuvo el juego y cuando todos esperábamos que señalase el punto fatídico como lo hizo dos años antes Vicandi Garrido en un Barça-Betis, pitó falta de Casemiro.
Digo esto porque aquella jugada, producida en diciembre de 2015, Adán protagonizó una salida similar en su partido contra los culés y en la que Messi se vio arrollado por el ardor guerrero del meta, pero en aquella ocasión el colegiado navarro pitó penalti.
Por último, y citando agravios comparativos entre mismos hechos pero con distintas consecuencias, no quería olvidarme de lo barato que le salió al Betis el cúmulo de pérdidas de tiempo que llevó a cabo este miércoles. No sólo por Adán, que tardaba día y medio en poner el balón en juego en cada saque de banda sino que los jugadores béticos dieron una clase magistral de teatro, teatro del bueno que diría aquél, que hizo que, a ojo de buen cubero, se perdiesen más de 10 minutos como poco de juego efectivo.
Sin embargo, Mateu no sólo no tuvo a bien amonestar a Adán, no ya con cartulina amarilla, es que ni siquiera le advirtió verbalmente, sino que además luego sólo descontó cinco minutos. Muy lejos de esos ocho interminables minutos que, por mucho menos, descontó el pasado año De Burgos Bengoechea en un Barça-Málaga en el Nou Camp, a ver si así conseguían los culés romper la meta malaguista y evitar el 0-0 final.
El arbitraje y los complejos del «Señorío»
Parece mentira que haya madridistas que, o bien en aras de un mal entendido «Señorío» o de una presunta «grandeza» o simplemente para desviar la atención, saque de esta ecuación estos arbitrajes y diga que el Madrid no puede quejarse de los árbitros ni ampararse en sus errores para justificar una derota y los dos empates, cuando por lo que se ha visto este año con el Barça es algo definitivamente decisivo.

Recordemos que el Barça cuyo juego está dejando bastante que desear, y a pesar de los resultados, se ha visto en ocasiones muy superado por sus rivales, de mucha menor enjundia. Pero claro, en esos momentos en los que la pelota no entra, que el equipo se atasca y que las oportunidades no llegan, ha aparecido el penalti, sí, ese elemento que si bien hay que meter, acabó por romper a sus rivales.
El caso más flagrante fue el del partido del Eibar en el que el equipo armero estaba dominando al todopoderoso equipo de Valverde hasta que llegó Semedo, se dejó caer y Hernández Hernández, como hizo en el final de la Liga 2016/2017 y ante el mismo rival que entonces, le abrió la puerta a Messi para que anotase y rompiese el partido.
A partir de ese momento, el Eibar se deshizo como un azucarillo y el rodillo culé acabó por reventar a los vascos aun cuando todos, incluyendo la prensa del Régimen reconoció que hasta el 1-0 estaban siendo muy superiores al Barça.
Por tanto, nadie podrá convencerme de que en estos partidos que hemos pinchado, el hecho de la señalización de uno solo de esos penaltis habría cambiado el desarrollo de los encuentros y que, con la lata abierta y desarmados los planteamientos iniciales de nuestros rivales, el Madrid habría acabado ganando todos sus partidos.
El blanqueamiento arbitral en los medios
Entiendo que la prensa lo haya silenciado, e incluso jaleado eso tan peligroso, tóxico y dañino que es el «Señorío», esa especie de arma de destrucción masiva para el Madridismo por el cual el equipo tiene la obligación de dejarse empalar y encima poner la mejor de sus sonrisas a pesar de que les estén pisando los callos.
De hecho, ya está siendo una constante estos últimos años el continuo blanqueamiento por parte de los medios de las actuaciones arbitrales.
No es raro, pues, oír a los presuntos expertos arbitrales de la mayoría de las cadenas de radio y en periódicos, en su mayor parte ex-árbitros, ver cómo se blanquean las actuaciones arbitrales, sobre todo cuando son, como estos últimos casos, perjudiciales al Madrid.
Ya se han convertido en un clásico eso de «efectivamente, ha dejado de pitar los penaltis, pero en lineas generales, el arbitraje ha sido sobresaliente» o «se equivocó en la apreciación de las tarjetas y no pitó el penalti pero no influyó en el resultado».
Y qué decir de los locutores de televisión, de todas las cadenas, puesto que ahí no hay fisuras entre el Trío de la Muerte del Plus y los impresentables de Bein Sports, sobre todo Rosety, el que no dudó en presentarse con una bandera azulgrana el día del 6-1 de «su» Barça al PSG del pasado año.
Inclusive, los de Antena 3 tampoco se escapan a esa moda de ver antes que nadie, con una claridad meridiana -incluso antes de la repetición- que las patadas a los nuestros nunca es falta, que nuestros jugadores siempre están adelantados cuando nos anulan un gol en fuera de juego, aunque sea por dos milímetros.
Y, por descontado, ningún contacto en el área rival es penalti bien porque «no es lo suficientemente fuerte» o porque, como dijeron Maldini y Carlitos Plus ante las imágenes del derribo de Parejo a Marcelo, a pesar de su evidencia, «nah, se deja caer»….y a otro cosa, mariposa.

De hecho, la cosa ha alcanzado tal grado de indignidad y desvergüenza que esa basura llamada El Chiringuito, no sólo no consideraron que el Madrid fuese perjudicado por Mateu sino que, encima, tuvieron el tupé de asegurar que fue beneficiado porque, según ellos, Cristiano debió haber sido expulsado por un pisotón, absolutamente fortuito, a un rival.
Eso sí, como ocurrió durante la retransmisión del Barça-Juventus de Champions hace unos días en Antena3, el ínclito Esteva y su palmero Marcos López, no se atrevían a decir que la parada de balonmano que hizo Piqué en la segunda parte bajo palos la hubiese firmado el mismísimo David Barrufet porque, pobrecillos, «desde tan lejos en la cabina no se aprecia bien si le da con la mano». Así está el patio…
De veras, dejémonos de catastofismos y, antes de empezar los aquelarres a los que, tristemente estamos acostumbrados a hacer a los nuestros por parte de nuestra afición, tratemos de poner las cosas en su contexto y seamos mínimanete reflexivos porque, ni toda la culpa es nuestra ni hay nada perdido, por más que esté ahora más difícil.
