
Real Madrid 3-0 Eibar: «Benzema le saca los colores a Lineker»
El Real Madrid se ha hecho con tres importantes puntos sin brillo pero con bastante oficio, ante un rival como el Eibar que, a pesar de lo abultado del resultado, no le puso en absoluto las cosas fáciles al club blanco.
No fue, desde luego, el mejor partido de los de Zidane en esta temporada que, a pesar de las esperadas rotaciones, pareció acusar el cansancio del esfuerzo realizado el pasado martes ante el Tottenham. Tampoco fue el mejor día para Cristiano Ronaldo, que sigue huérfano de gol en Liga y francamente negado de cara a puerta.
El luso ha vuelto a disfrutar de un par de claras ocasiones para incrementar su cuenta goleadora pero no hubo forma. Esperemos que con la entrega hoy del merecido Premio The Best por parte de la FIFA, el astro portugués recupere el olfato goleador y encamine de forma distinta su labor en el campo.
Por último, destacar la jugada del tercer gol, en la que tuvo una participación fundamental un renacido Benzema. El delantero francés, que hoy fue suplente, ha vivido una semana bastante convulsa hasta el punto de que este fin de semana el propio Zidane salió en su defensa ante las críticas, especialmente ácidas que, entre otros vertió el ex-futbolista y ahora comentarista deportivo inglés Gary Lineker.
Sin embargo, el delantero francés salió con las pilas bien cargadas y, además de disfrutar de alguna oportunidad, se convirtió en uno de los jugadores más destacados del partido y protagonizó junto a Marcelo la «delicatessen» con la que los de Zidane nos obsequiaron para el tercer gol blanco.
45 minutos de tedio y pegada
El partido arrancó con una nueva e inesperada alineación. Con el fin de preservar al equipo del cansancio y ante la previsión de un partido duro ante un rival rocoso como el Eibar, Zidane sorprendió con una revolucionaria alineación que permitió ver bajo palos a Casilla, aunque en esta ocasión obligado por la lesión de Navas, Theo Hernández y Nacho en los laterales en sustitución de Marcelo y Achraf, Ceballos en lugar de Kroos y Asensio por Benzema.
Con esa medular inédita, el Madrid apostaba por el control de la pelota y la profundidad por las bandas, especialmente la izquierda, con Isco y Asensio con completa libertad de movimientos. Precisamente, el mallorquín se convirtió en el más incisivo durante el primer cuarto de hora, en el que el Madrid dominaba a placer pero no terminaban de llegar las oportunidades.

Con tan solo un par de minutos disputados, una magnífica jugada de Asensio hablitó a Isco en el vértice izquierdo del área armera pero el malagueño, completamente solo, estrelló el balón contra el cuerpo de Dimitrovic.
Tras un cuarto de hora de tanteo, en el que el Madrid dominaba pero sin profundidad llegó el minuto 17. Un gran derechazo de Cristiano Ronaldo, desviado a córner por un defensa, provocó que el lanzamiento desde la esquina, llevado a cabo en corto entre Isco y Asesnsio, acabó con un gran centro del delantero balear que Oliveira, anticipándose a Ramos, cabeceó al fondo de su propia portería.
A partir de ese momento, la intensidad del partido -que tampoco es que fuese demasiada, dicho sea de paso- se vino abajo como una persiana. El equipo de Zidane se veía tan superior al conjunto de Mendilíbar que empezó a tocar y tocar la pelota, en una especie de rondo, en el que la pelota circulaba con excesiva lentitud y apenas se creaba peligro.
Pero, de la misma forma que contra Valencia, Levante o Betis, se tiró una cantidad ingente de disparos que no entraron a puerta, el Madrid zanjó por la vía rápida el partido con la llegada inesperada del segundo tanto.
Al filo de la media hora, tras un aviso de Asensio por medio de un disparo lejano bien atajdo por Dimitrovic, el centro de Isco desde la izquierda al corazón del área fue rematado de primeras por el propio Asensio y el balón, con un poco de fortuna, botó delante del meta eibarrés y se coló como una exhalación, rompiendo definitivamente el encuentro.
Los últimos 15 minutos de la primera parte transcurrieron sin pena ni gloria, con el Madrid dueño y señor de la pelota pero adoleciendo de mordiente, con unas ganas irrefrenables de que el colegiado señalase el descanso. Un árbitro, por cierto, que tuvo algo de trabajo con un rifirafe entre José Manuel y Casemiro, que se saldó con la amarilla para el brasileño.
El carioca se encaró con el jugador del Eibar porque no quiso echar el balón fuera cuando estaba Ceballos en el suelo para que fuese atendido, lo que provocó un enfrentamiento que a punto estuvo de ir a mayores, dado que Casemiro no sabía que, desde hace años (y así lo hace constar en cada partido), los equipos de Mendilíbar jamás tiran el balón fuera en este tipo de jugadas.
Benzema y Marcelo, revulsivos
La segunda parte no cambió demasiado el dibujo. Un Madrid bastante lento y previsible, ante un Eibar que, a pesar del resultado, no perdía la compostura. Aun así, como ocurrió en la primera mitad, los de Zidane dispusieron a los cuatro minutos de otra gran oportunidad para aumentar el marcador.
En una maravillosa contra, prácticamente al primer toque, llevada de área a área por Modric, Isco y Asensio, el balear asistió perfectamente al de Arroyo de la Miel quien, en este caso por la banda derecha, falló estrepitosamente, mandando de nuevo el balón contra el cuerpo de Dimitrovic.

Desde ese momento, el tedio y el sopor se instalaron en el Santiago Bernabéu, del que sólo se despertó cuando en el minuto 62 una entrada de Casemiro a Inui llevó el susto a las gradas.
El brasileño llegó tarde al corte y el delantero japonés acabó por el suelo en una caída reclamada como penalti. aunque más por la prensa que por los propios jugadores armeros, ésa es la verdad. Sobre todo porque Mendilíbar, en un ejercicio de sinceridad inédito en estos lares, admitió públicamente que Inui le había confesado que Casemiro no le había tocado y se había tirado buscando forzar la pena máxima.
Pero lo realmente relevante y que acabó por despertar al Madrid llegío en el minuto 64, cuando se produjo un cambio en las filas de los de Zidane que acabó por darle otro aire al encuentro. Salió del campo un inspirado Asensio para dejarle su sitio a Benzema, que salió con ganas de reivindicarse. Y a fe que lo hizo.
De hecho, el francés sólo llevaba dos minutos en el campo cuando una gran asistencia de Isco a Cristiano le dejó completamente solo ante Dimitrovic pero, inexplicablemente, el portugués acabó tirando al muñeco. El rechace fue recogido por Benzema pero su remate, bastante forzado, se marchó desviado por encima del larguero de la portería del Eibar.
El encuentro cobró un nuevo impulso con la apuesta decidida de Zidane por el ataque, cuando en el minuto 70, el técnico galo dio entrada simultáneamente a Lucas Vázquez y Marcelo por Isco y Ceballos, respectivamente.
La entrada de Marcelo, en funciones de extremo izquierdo sorprendió a todos y le insufló aire fresco al ataque madridista. En el minuto 72 una jugada entre Benzema y el propio Marcelo, que protagonizó un slalom en el área azulgrana, finalizó con un gran centro que Cristiano Ronaldo remató al lateral de la red.

Cuando quedaban tan solo siete minutos para que se cumpliese el tiempo reglamentario, llegó el momento de apreciar la obra de arte del día y, probablemente, uno de las jugadas más maravillosas de toda esta Liga.
Una espectacular pared iniciada entre Benzema, Theo y Marcelo, que culminó con un increíble taconazo de Benzema sobre Marcelo y finalizó el brasileño con un disparo raso junto al poste izquierdo de Dimitrovic y le daba la razón a Zidane, quien defendía este sábado a su jugador en base, precisamente, a su capacidad ingente de producir juego -y goles- a sus compañeros.
Aún hubo tiempo para que el Madrid ampliase su ventaja pero el disparo de Cristaino Ronaldo, al filo del minuto 90 acabó en las manos del portero del Eibar ante el gesto desesperado y la impotencia del portugués, que veía cómo hoy tampoco era capaz de marcar a pesar de la goleada de su equipo.
