
Sí. Adiós a la Liga. Los que aun éramos lo suficientemente optimistas o lo suficientemente imbéciles como para creer que había esperanzas, las hemos perdido del todo: No vamos a ganarla. Pero no voy a hablar de eso.
Es evidente que el Madrid que vimos el sábado tuvo muchas carencias. El partido de algunos jugadores (Benzema, Marcelo, Cristiano…) fue lamentable y no es el primero. El nivel del Madrid actual no es alto en general y nuestro ataque no hace ni cosquillas. La planificación de la temporada ha sido un desastre y los fichajes insuficientes.
Pero no voy a hablar de eso, porque hay algo mucho más importante. Lo del Wanda Metropolitano fue la muestra más feroz de que esta es una Liga que no podemos ganar.
No es solo que se permitiera que el césped pareciera la arena del Coliseo y nuestros jugadores cristianos echados a los leones hambrientos de una plaza de segunda.
No es solo que no se pitara nada en un clarísimo penalti en el que se le rompe el tabique a Sergio Ramos con una patada. Hay sangre. ¿Cómo podría haberse hecho la sangre sin impacto del contrario?
No es solo que se perdonaran todas las tarjetas para los de blanco y rojo y se olvidaran tantos penaltis que tuvimos que dejar de tuitear por no tener dedos para contarlos.
Lo peor de todo es la sensación de que el trencilla arbitral y sus cómplices venían con la intención de perjudicarnos. En cada giro del camino el árbitro tiraba hacia la decisión más dañina para el Madrid. Sin contemplaciones, sin piedad, sin vergüenza.

No era casualidad. No era la primera vez. Fernández Borbalán era el peón colocado por una Federación que marca en rojo las fechas en que pueden tendernos emboscadas.
Desengañaos, lo de ayer no fue un partido, aunque pareciera desde fuera un partido. También un caballo de madera parece un caballo y no lo es. Lo de ayer fue un simulacro, una trampa, una burla a la justicia y a los espectadores.
Es verdad que llevan muchísimos años perjudicándonos. Pero también en los últimos tiempos lo que era un viento que nos incomodaba se ha convertido en un huracán que nos impide movernos. Desde el principio de la temporada no ha habido tregua para nosotros ni obstáculo para el Barça. Lo sibilino sustituido por lo flagrante. Lo demostrable por lo absolutamente evidente.
Si tiras una moneda al aire y sale cruz, has tenido mala suerte. Si tiras 100 monedas al aire y siempre sale cruz, es que te están engañando. Y tapáos los oídos con cera los próximos días porque las sirenas orondas de la prensa deportiva ocultarán los cadáveres y. si algún cuerpo mal enterrado asoma el pie, nos dirán que los grandes no tienen derecho a quejarse. No creáis en su buena fe, porque no la tienen.
Nos intentarán distraer hablando de crisis de juego, que existen, claro que existen, pero no importan mientras no consigamos una competición justa. La prensa es parte del problema, es parte del entramado. La prensa es el señor Lobo que llega a la escena del crimen con guantes de latex y oculta las pruebas. La que tacha patada y escribe nariz-ramos-choca-pierna-lucas.
Cuando descubres que el tahúr del Missisipi tiene 3 ases en la manga, no te preguntas si deberías haber intentado otra jugada, te levantas de la mesa y si puedes, lo embreas y lo emplumas. Y para el Madrid, levantarse de la mesa es abandonar esta competición putrefacta. Es dejar de jugar a un futbolín inclinado hacia el noroeste.

¿Si vieras un futbolín con la pendiente descaradamente hacia un lado, te preguntarías si estás jugando bien o cambiarías de futbolín?
Al Madrid le han hecho despedirse de la Liga de este año. Pero debería despedirse del todo. Debería decir adiós a la Liga, pero adiós para siempre.
Creerán algunos que el Madrid no puede abandonar la Liga. Están equivocados. La Liga necesita mucho más al Madrid de lo que el Madrid necesita a la Liga. Cualquier competición estaría deseando recibir al mejor equipo de la historia. Cualquier liga de Europa abriría las puertas al Madrid.
Además no creo que sea necesario irse. Bastaría un amago para que tiemblen los cimientos de la Federación, para los que nos odian se echen a nuestros pies para pedirnos que nos quedemos. Si no fuera así, miedo cero. Asusta mucho menos irse, que quedarse de figurante de esta inmensa tomadura de pelo.
Hemos probado a callarnos y no ha funcionado. Hemos probado a intentar jugar como si nada y se han tenido que alinear todos los astros de siete sistemas solares para ganar una Liga. Dijo Willy Brandt que permitir una injusticia es abrir el camino a todas las que siguen. No volvamos a permitir esta y no permitamos las futuras. Es hora de probar otra estrategia, es hora de decir basta.
El Madrid no es responsable de que le roben de manera alevosa. Pero sí es responsable, y muy responsable de tolerarlo. De seguir adelante como si nada. Callar ante los arbitrajes es colaborar con ellos. Callar ante los arbitrajes es ser culpable. Es hora de bajarse de este tren a ningún lado. Es hora de decir adiós.
