Un lupanar en el Palatino

Tunc nuda papillis; prostitit auratis titulum mentita; Lyciscae ostenditque tuum, generose Britannice ventrem. (Juvenal, hablando de la emperatriz romana Mesalina, Sátira VI)

La verdad es que no tenía pensado escribir este artículo. Es más, a una amable lectora le tenía prometido uno de temática absolutamente distinta, y quien sabe, igual estoy a punto de meterme en un charco importante, pero las circunstancias obligan.

Al que suscribe no deja de sorprenderle la falta de catadura moral de los máximos dirigentes del fútbol español. Los medios deportivos de este país, tan perspicaces ellos, acaban de descubrir que Villar es un (incluya aquí el apelativo que se le ocurra). El problema es que llevamos años siendo el hazmerreír del fútbol europeo, gracias a la prostitución económica y social a la que se han dado durante décadas nuestros responsables deportivos (de ahí la cita del comienzo del artículo, que aunque tiene casi dos mil años, me veo obligado a dejarla en su idioma de origen de lo malsonante que resulta).

Quizás el origen del problema nace en 1988, cuando Ángel María Villar Llona es elegido presidente de la RFEF, cargo desde el que promueve la aprobación de la actual Ley del Deporte, norma jurídica tan eficaz, pues fue creada con el propósito de acabar con el constante agujero económico que eran los clubes de fútbol, y que tantas alegrías ha dado al respetable. El bilbaíno, aferrado a su trono dorado, no permitió ningún tipo de oposición… hasta la llegada del segundo papel en discordia de este esperpento: Javier Tebas Medrano.

Tebas aparece en nuestra obra como un elefante en una cacharrería: en 2001 elegido vicepresidente de la LFP como representante del Badajoz, ente histórico del balompié español. La labor del costarricense en el club extremeño fue asombrosa, tanto, que en 2012 la entidad desaparece por sus graves problemas económicos. Tras este clamoroso éxito, asesoró a varios equipos (todos ellos actualmente con sus correspondientes numerazos rojos), entre los que se puede destacar el Alavés de Dimitry Piterman, para acabar siendo elegido presidente de la LFP debido a que sólo él pudo presentarse a las elecciones al cargo en 2013.

Desde ese momento, el mundo del fútbol ha asistido atónito a una estúpida lucha de poder, en el que un elefante viejo y anquilosado lucha por mantener su puesto como macho alfa de la manada, mientras el cachorro más patoso de la manada lucha por él, olvidándose de sus responsabilidades verdaderas. Han transformando cada hito o cada miseria del fútbol patrio en un arma arrojadiza contra el otro. El asunto de los cánticos “violentos” no es más que un otro capítulo de esta patética historia, en el que ambos individuos han competido por conseguir el despropósito de mayor calado.

La nueva medida, que vulnera derechos propios de un Estado de Derecho (válgame la irónica redundancia), como la libertad de expresión o la presunción de inocencia, se ha saldado con el presidente de la LFP coronándose como el salvapatrias que nadie pidió, jalonado por la servil prensa deportiva de este país, mientras que la cabeza de la RFEF prefirió actuar en el rol de una suerte de Gollum de baratillo, escondiéndose demacrado mientras apuñalaba por la espalda.

Mientras tanto, el fútbol español sigue agonizando, y sus dirigentes institucionales siguen jugando al Padrino (muy mal, por cierto). Esta es la situación en el Palatino, el palacio de Augusto, donde cada noche el futuro del fútbol español se prostituye en pos de unas luchas cainitas, en una situación en la que todos perdemos un poco cada día.

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