Todo sigue igual

El derby entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid vivido este pasado domingo nos ha dejado la misma imagen de siempre, según la cual nadie, especialmente en la prensa, vio lo que realmente pudimos ver muchos de nosotros. 

Demostrando seguir en esa especie de Matrix en la que viven instalados muchos periodistas, el “Equipo del Pueblo” fue lo que siempre ha venido siendo estos últimos años, coincidiendo con la estancia de Diego Pablo Simeone a los mandos. Una banda de macarras que se pasaron todo el partido repartiendo estopa como si no hubiese un mañana.

Un equipo bronco, violento, agresivo y que sobrepasó con mucho los límites del Reglamento, que dejó un lesionado sobre el campo, Dani Carvajal, cazado vilmente en el tobillo por Oliver Torres y que, a punto estuvo de dejar otros tantos (especialmente brutal la patada de Correa sobre Casemiro cuando éste estaba en el suelo, con los tacos por delante sobre la tibia del brasileño).

Sin embargo, y como tantas otras ocasiones en las que el Atlético se ha venido enfrentando a nosotros estos años, han salido impunes y, misteriosamente, volvieron a acabar con 11 sobre el campo, gracias una vez más, a la permisividad arbitral y al doble rasero recibido.

Aun así, he de confesar que nunca había visto un despliegue de agresividad y de dureza sobre un terreno de juego como la vivida este domingo. El partido fue un completo despliegue de toda suerte de patadas, encontronazos y juego sucio ante las mismas narices del colegiado, un viejo conocido en esto de hacerle la puñeta al Real Madrid como es Undiano Mallenco, el mismo que nos robó un penalti de libro en el Nou Camp y, por el contrario, concedió dos penaltis que no eran al Barcelona en el Santiago Bernabéu, en la temporada 2013/2014.

No sólo permitió la dureza extrema de algunos integrantes del equipo atlético como Correa, quien debió haber sido expulsado por una alevosa entrada a Casemiro en el minuto 20 del partido, sino que dejó de señalar un claro penalti a Cristiano Ronaldo en las postrimerías del partido, ya con empate a 1 en el marcador.

El partido fue un continuo despropósito, con infinidad de entradas peligrosas, rayanas en la agresión que se fueron al limbo, que se quedaron sin sanción, entre ellas una agresión de Griezmann que debió haberle costado la roja en la segunda parte.

Pero es que además, el Real Madrid fue castigado prácticamente con el mismo número de tarjetas amarillas que el Atlético (cuatro amonestaciones para el Real Madrid frente a tan solo seis del Atlético) a pesar de haber cometido la mitad de faltas, entre ellas las de sus dos centrales antes incluso de acabar la primera mitad.

Nada nuevo bajo el sol

Así pues, nada nuevo bajo el sol, que decía el “clásico”. Al menos en lo que a nivel arbitral se refiere y que se corresponde con el saldo de errores en contra que llevamos sufriendo en los escasos siete partidos de Liga que llevamos disputados. Y eso que decía el Cholo que esta Liga estaba sospechosamente preparada para que la ganásemos nosotros…

Sin embargo, lo que más me asombra y me permite saber que seguimos igual y que nada ha cambiado está en el tratamiento que del partido –y del juego del Real Madrid- se ha dispensado por los medios desde el mismo momento en que Undiano pitó el final y la parroquia atlética celebró el empate con más pasión que nosotros la Décima en Lisboa…

Nadie, ningún medio de comunicación en absoluto (madridista –si es que aún lo hay- o no madridista) se ha querido hacer eco del festival de coces y agresiones vivido el domingo en el Vicente Calderón. 

Se ha seguido con el eufemismo tan manido entre los periodistas de la “intensidad” y el “juego viril”, con el que se quiere hacer referencia a la violencia y al juego sucio y la intimidación con el que el Atlético nos suele obsequiar cada partido. 

Un lenguaje que, sospechosamente, modifican para llamar a las cosas por su nombre cuando el destinatario de este juego es el Barça. En ese caso, las agresiones a Neymar o Messi pasan a llamarse agresiones y las patadas a Iniesta o Busquets, se vuelven a considerar como tales.

Pero es que en el colmo del despropósito, hay que escuchar a tertulianos de todo pelaje y condición (casualmente ninguno madridista) diciendo que Undiano estuvo a punto de cargarse el derby porque sacó ¡demasiadas tarjetas amarillas! Y por supuesto, al Atlético. De las que le sacó al Madrid, ni palabra.

Eso sí, bien que se cebaron en el juego del Madrid, al que criticaron despiadadamente, eso sí y como siempre, a la luz únicamente del resultado. 

Nadie fue capaz de entender que difícilmente es posible hilar dos pases seguidos si te están cosiendo a patadas y el juego es constantemente interrumpido por faltas en contra, con la connivencia cobarde del árbitro.  

Pero es que, en el colmo del paroxismo y para seguir retorciendo sus argumentos, los mismos que exigen el 4-4-2 como panacea para mejorar el juego del Madrid, cuando Benítez optó por abandonar el 4-3-3- y reemplazar a Benzema por Kovacic para devolver al equipo la consistencia perdida en el centro del campo, se le ha triturado.

Indignado por la tibieza

Aunque todo esto me ha dolido profundamente hasta el punto que elevó mi nivel de indignación a niveles que hacía tiempo que no vivía (y a pesar de que desgraciadamente me lo temía), lo que más me ha dolido ha sido la respuesta de parte del madridismo. Y por qué no decirlo, del propio club. 

En primer lugar, esperaba más contundencia tanto por los jugadores del Real Madrid y del propio Benítez a la hora de evaluar la dureza del rival. Y aunque no llegó al esperpento de Carlo Ancelotti del año pasado de negar la violencia en el juego del Atlético, me sorprendió la tibieza del club ante el enésimo robo arbitral. Pues nos engañemos. 

Sin entrar siquiera a valorar el penalti no pitado a Cristiano (el cuarto que no nos pitan en lo que va de temporada)  lo cierto es que toda esta violencia se podría haber cortado de raíz de forma muy sencilla. Si el colegiado hubiese tenido los arrestos suficientes para, tarjeta en mano, haber puesto en su sitio a más de uno y más de dos jugadores del Atlético, esto no habría ocurrido. Así de simple.

Pero, como dije antes, también me encuentro decepcionado con la actitud de parte del Madridismo. Desde el domingo, las redes sociales se han hecho eco de opiniones de múltiples seguidores del club, o al menos eso dicen, culpando del empate a Arbeloa, del que han hecho mofa y befa. 

Y han criticado despiadadamente a Benítez, al que han hecho copartícipe de un fracaso, a pesar de que el año pasado veían con muy buenos ojos la figura de Carletto, a pesar de no haber sido capaz de ganar nada más que un partido de ocho posibles y encajar una de las derrotas más dolorosas ante el Atlético de los últimos 25 años.

Amparados en ese falso “señorío” que la prensa utiliza como arma arrojadiza contra el club, muchos han querido no ver la violencia atlética y los continuos errores de Undiano, se ha cebado contra el juego de su equipo y contra algunos de sus jugadores, a los que ha culpado directamente de lo ocurrido.

¿Qué hubo jugadores que no dieron la talla? Sin duda. ¿Qué hubo jugadores que, ante el exceso de violencia empleada por el Atleti escondieron la pierna y no dieron lo que de ellos cabría esperar? También. 

Pero eso no es óbice para hacer de este empate otro “casus belli” y triturar a los nuestros y a nuestro entrenador y a decir, como yo mismo leí, que cualquier otro tiempo pasado fue mejor y que incluso el partido del 4-0 famoso fue mejor que el del domingo.

En definitiva, que nada cambia y todo, por desgracia, sigue igual.  

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