Cristiano o la fuerza del sino

Tras los últimos partidos,vuelven de nuevo los tambores de guerra contra el portugués,las peticiones de venta anticipada y las voces cada vez más críticas con el papel del luso en el primer equipo.Y es que a nadie con un mínimo de sentido común se le debe escapar que Cristiano no atraviesa en absoluto por su mejor momento.De hecho,desde finales del año 2014,en vísperas de la conquista del Mundialito de Clubes en Marruecos y coincidiendo con la concesión del Balón de Oro en enero de 2015,lo cierto es que el portugués cayó en un bache del que parece que aún no se ha recuperado 12 meses después.
 
Un bache, sin embargo, más de juego y de presencia que de goles ya que, a pesar de su innegable bajón futbolístico, el astro luso se llevó una nueva Bota de Oro europea al marcar la friolera cifra de 61 goles entre todas las competiciones. Pese a todo, CR7 firmó unos indiscutibles 48 goles en Liga y 12 en Champions, que le volvieron a situar un año más en lo más alto del estrellato mundial.
 
 
Incluso esta misma temporada, en la que ese bache es aún más pronunciado si cabe, Cristiano sigue rubricando unos números estratosféricos, con 19 goles en Liga y 11 en Champions (récord absoluto además de goles en una primera fase de este campeonato).
 
Sin embargo, todos tenemos la sensación de que Cristiano no está. Y la prueba está en que, desgraciadamente y, salvo la nefasta noche del Bernabéu ante el Schalke 04, ninguno de esos goles se han producido ante rivales de entidad y, por descontado, en esas noches donde una estrella como él debe brillar y con sus goles sacar del atolladero al equipo.
 
¿Cuestión de rachas o final de un ciclo?
 
Es cierto que lleva más de un año sin marcarle un gol a un equipo grande. No apareció la pasada temporada en ninguno de los partidos decisivos, tales como las dolorosas derrotas ante Atlético de Madrid por 4-0 o 2-1 ante el Barça. Ni siquiera ante el Valencia o el Athletic de Bilbao, aunque sí marcó en la ida y en la vuelta ante la Juventus.
 
Como tampoco es menos cierto que este año lleva una trayectoria incluso más irregular, con sonoros “ceros” en su casillero goleador ante rivales como Barça, Atlético de Madrid, Valencia, Sevilla o Villarreal, por poner tan solo unos pocos ejemplos.
 
Esto ha desembocado en un creciente debate dentro del Madridismo sobre si Cristiano está acabado como futbolista de élite o si, por el contrario, se trata sólo de un bache por el que todos los delanteros del mundo y de todas las épocas, sin excepción, han atravesado en algún momento en sus carreras.
 
Ante esta disyuntiva quiero ser claro y tajante. Para mí un tipo que firma estos registros, sea ante quien sea, y que lleva en su haber -y sólo en el Real Madrid- un total de 343 goles merece al menos el beneficio de la duda.
 
Honestamente considero que, como le pasó a Messi durante la temporada 2013/2014, el portugués no atraviesa una buena racha de acierto de cara al gol pero que, salvo excepciones deshonrosas como la del pasado domingo, sigue generando peligro.
 
Es cierto que físicamente ya no es tan veloz como antaño y que sus maravillosas galopadas son cada vez menos frecuentes pero también hay que decir que se ha sabido reinventar como un maravilloso ariete, con eso que los pedantes llaman como “mapa de calor” cada vez más próxima al área, amén de convertirse quizás en el mejor rematador de cabeza del mundo en estos momentos.
 
Vaya por delante que no soy partidario en absoluto de la necesidad de mantener contra viento y marea a los jugadores, ídolos o no sólo por aquel infausto “con todo lo que nos ha dado” o “por lo feliz que nos ha hecho”. En mi opinión, el fútbol actual es presente y sobre todo futuro. 
 
De hecho, gran parte de la situación actual del Madrid tiene su origen en no haber sabido renovarse a tiempo y mantener en el tiempo durante muchos años, como auténticas rémoras, a gente que sólo por el hecho de haber sido consideradas como el “escudo”, el “símbolo del club” o la “leyenda”, ha permanecido en el club impasible el ademán mientras los títulos se nos iban escapando uno a uno como el agua de entre los dedos.
 
Sin embargo, creo que a diferencia de otros casos, algunos muy recientes y otros no tanto (léanse Hierro, Raúl, Casillas o ahora Ramos) el rendimiento de CR7 es aún importante y que, como dije antes, sigue generando peligro y su problema, en mi modestísima opinión, radica en una mera cuestión de acierto.
 
Por el contrario, esas otras leyendas nos dejaron varios años de paupérrimo rendimiento futbolístico, que en poco o nada se pueden comparar con los datos de Cristiano en estos 12 meses.
 
Lo realmente peligroso sería que CR7 ya no generase oportunidades pero honradamente considero que su reencuentro con el gol volverá más pronto que tarde y que, desde luego (y sin ser en absoluto ilimitado) tiene crédito y margen para poder recuperarse.
 
Ahora bien, esto no debe entenderse como un cheque en blanco al portugués. Nada más lejos.  Sobre todo si se despacha partidos como algunos de esta temporada, en los que su conocida actitud en algunos momentos, sobre todo cuando no le salen las cosas, se une al de la humedad de su pólvora (sí Sergio, la pólvora mojada es mala para el club, inclusive para ti).
 
En esos partidos mereció “pena de banquillo” pero el problema está en que nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato y, como le pasó a Ancelotti el pasado año, o al “difunto” Benítez o ahora a Zidane, nadie se atrevió a decirle al rey que va desnudo…
 
Quizás, por ahí podría empezar la reconducción de Cristiano hacia el buen camino, pero me da que ése es otro debate que quizás merezca la pena abrir en un futuro.
 
Dos caras de la misma moneda
 
Con todo lo dicho, la gran diferencia de este Cristiano Ronaldo con respecto del de años anteriores (especialmente antes del infausto Balón de Oro de 2015) nadie puede ni debe discutir que el luso se ha convertido en un tipo con dos caras bien distintas.
 
Si antes era un tipo fiable, al menos en lo deportivo, por desgracia, hoy por hoy Cristiano ha perdido esa cualidad y se ha convertido en un jugador capaz de lo mejor, y despacharse partidos colosales como contra la Roma en el Olímpico o contra el Celta de Vigo (dos rivales serios, a pesar de lo que nos quieran vender) Pero también capaz de firmar actuaciones sencillamente infames como contra el Atlético de Madrid o, más recientemente, contra la U.D. Las Palmas.
 
En esos partidos, como en otros tantos este año, Cristiano ha pecado de una excesiva ansiedad, generalmente provocada tras fallos absolutamente inexplicables, en esos mano a mano o remates fáciles que antes solía anotar de forma sencilla y ahora marra lastimosamente. Eso, a su vez, le ha llevado a buscar el gol con más ahínco si cabe, lo que le lleva a un tremendo egoísmo que se pone de manifiesto en tiros imposibles y remates absurdos, en vez de buscar a compañeros mejor situados de cara al gol.
 
Esa es la gran diferencia con años anteriores y que, además, se contrapone al increíble acierto goleador y los registros de sus grandes rivales europeos, especialmente la manida MSN, que está viviendo un auténtico año de ensueño, metiendo casi todo lo que les cae en los pies. 
 
Eso, sumado a la pésima prensa que de siempre tuvo el portugués en España, marcada a fuego desde que llegó y que el Piperío lleva al extremo pitándole en muchos partidos,hacen que la figura de CR7 esté más en entredicho que nunca.
 
Bueno, a eso y a actitudes del propio Cristiano que en poco o nada ayudan. Me refiero a salidas de pata de banco como la que tuvo tras el día del Atlético con aquellas infames declaraciones en las que menospreció (seguramente, de forma involuntaria) a una parte importante de sus compañeros -entre ellos a un chaval llamado Lucas Vázquez, que está siendo uno de sus principales asistentes este año- y dijo aquello tan estúpido de que si todos estuviesen como él, iríamos líderes…
 
En todo caso, creo honestamente que Cristiano no tiene por qué volver ya que, sencillamente, nunca se fue y se merece al menos nuestro voto de confianza. 
 
Y es que, pese a todo, dudo que volvamos a ver un goleador como él en nuestro Estadio en lo que nos queda de vida…
 
Vender o no vender, ésa es la cuestión
 
Por último cada vez son más las voces que demandan una venta inmediata de Cristiano al mejor postor.
 
Parto de la base que, a pesar de que me considero “cristianista” (por más que me gusten poco las etiquetas y como bien dice el gran Mendrinovsky, colaborador de esta santa casa, los malditos “-ismos” de la afición), yo no estoy en absoluto en contra de esta medida.
 
A pesar de mi admiración por el astro portugués, pienso que nadie es imprescindible en la vida. Y por tanto, menos aún en el fútbol.
 
Ahora bien, creo que antes de tomar tan drástica solución, que además parece señalarle directamente como único y directo responsable de la mala situación deportiva del equipo, antes de nada habría que tomar esa misma medida con otra serie de elementos que considero bastante más nocivos en el equipo que el portugués y que, sin duda, están en la cabeza de todos nosotros.
 
Así pues, antes de afrontar la salida de Cristiano del club habría que analizar seriamente dónde está la raíz del problema. Más que nada, porque como si de un cáncer se tratase, hay que proceder a su extirpación directa y, a ser posible, hoy mejor que mañana.
 
Pero esa decisión se ha de tomar de una forma reflexiva, sin apasionamientos y, sobre todo, sin tomarse a la simple luz de los resultados, algo que dicho sea de paso, es un mal endémico en nuestro club y que la consecución o no de títulos sea el único referente para tomar esa decisión.
 
Por tanto, y suponiendo que Cristiano formase parte de esa ecuación que hace que nuestras cifras no cuadren, véndase…pero no a cualquier precio. Y asegurándose la llegada de alguien que, aunque sea a base de marcarle 8 goles al Espanyol o 5 al Malmö, nos garantice al menos una cifra similar de goles al año, algo nada baladí y que pocos o ningún jugador del mercado hoy día te puede aportar.
 
Porque hay que recordar que, salvo este año, Cristiano se puede jactar de haberle marcado goles a todos los equipos importantes del mundo, goles muchos de ellos decisivos y que nos han dado directamente títulos o han sido parte fundamental en su consecución.
 
Por tanto, habrá que tentarse la ropa antes de vender, no sea que quien venga haga que añoremos entonces esos 50-60 goles al año a los que nos hemos acostumbrado ya, como si eso fuese algo sencillo de conseguir. 
 
La brutalidad de los registros goleadores de CR7 han hecho olvidarnos que hasta 2010, ningún Pichichi en España desde Hugo Sánchez en 1989 había logrado superar más de 38 goles al año y en los últimos años, las Botas de Oro se ganaban con 30-35 tantos. 
 
He de abundar en la idea de que culpabilizar a CR7 de todos los males del Madrid, tal y como muchos madridistas están llevando a cabo estos últimos tiempos, no sólo no va a solucionar nuestros problemas sino que los acabará agravando. 
 
Más que nada porque, siempre en mi opinión, el problema del Real Madrid es mucho más grave y más profundo que la figura de su buque-insignia.
 
Y si ha de salir -que no lo dudo- que lo haga pero acompañado de otros cuya responsabilidad (aunque sólo sea por antigüedad y comportamiento dentro y fuera de la cancha) es como mínimo igual que la del portugués. Gente que ha hecho mucho más daño y ha aportado, por el contrario, mucho menos que él en estos últimos años.

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