El cristianismo en el Imperio Culé de Occidente

Hubo un tiempo en el que la prensa patria no era denostada por parte del madridismo, un tiempo glorioso en el que el periodismo madrileño hacía honores al Madrid por encima de cualquier equipo, el tiempo pasó y en Inglaterra, en un club que vestía, y viste, de rojo como las legiones romanas, comenzaba a destacar entre sus filas un muchacho de origen humilde de Madeira que era la gran apuesta de una leyenda de los banquillos como es Sir Alex Ferguson.

El cristianismo

Si bien allí empezaban a tener admiración por aquel muchacho, poco después, en este país la prensa se terminó de entregar al barcelonismo más acérrimo en pos de la destrucción del Madrid iniciando una idolatría pagana por otro muchacho más joven venido de Argentina y criado entre las filas del club amado. Esta fe radical e intransigente alcanzó su clímax con tres momentos consecutivos en el tiempo: el primer balón de oro que recibió aquel joven portugués (de los cuatro que cuenta en su haber ahora), la consecución de 6 títulos por parte del club amado por el sector periodístico y la llegada de aquel joven, ahora como estrella mundial, al verdadero templo del fútbol, en 2009 se inicia oficialmente el derrumbamiento del incipiente Imperio Culé de Occidente, si bien estaba viviendo sus mejores años, apenas les iba a dar tiempo a saborear su victoria.

Aun creyendo el barcelonismo que su imperio era inexpugnable, defendido por un fútbol de fantasía, un gremio arbitral controlado por emperador y un absoluto dominio de los medios, se dio la circunstancia de que otro portugués osaba poner en duda el origen divino de los dos pilares del Imperio: Don Josep y Don Lionel. Ese segundo portugués que ya había formado un pequeño Imperio en Portugal en su momento y estaba decidido a intervenir sobre el poder culé para formar otro aún mayor en Italia. Tras una contundente victoria en el condado milanés, Don José asaltó las cuadras barcelonistas para proclamarse poco después dueño y señor de Europa. Lo último que supieron los culés de su gobierno absolutista fue que se juntaban en el Real Madrid, los enemigos de su hegemonía, aquel muchacho de Madeira ya crecido y un General aguerrido que se había ganado los cuartos en las provincias de Lusitania, Britania y Cisalpina.

Los primeros enfrentamientos hacían creer que esta nueva fe madridista acabaría en el olvido, y en el camino aquel aguerrido general dejó militar nuestra fe para regresar Britania a recuperar su antigua gloria, objetivo que no terminó de cumplir.

Pero aquí quedaron unos hombres, liderados por aquel joven de Madeira, que después de pasar por encima de todos los ejércitos del Sacro Imperio, se enfrentó por la hegemonía europea con rebeldes madrileños, por supuesto venció. A pesar de esto, el dominio de esta fe cristiana y blanca quedó ensombrecido por los medios y su particular tergiversación de la verdad, que esperaron a que al siguiente año su club amado, volviera a lo más alto de este santo deporte.

Pero cuando más alta creían su suerte, cuando más abajo estaba nuestro club, cuando más presente parecía la desaparición de nuestro líder, apareció un hombre, un antiguo miembro de esta congregación, que nos dio alas, y mandamos un recadito a ese pequeño rincón de la península desde donde se dirige a la prensa española y sus ataques al Real Madrid, el REAL no se rinde, es eterno, incombustible, y cuanto más por muertos nos den, más les daremos, y este año sólo hay un equipo en pie en Europa y el resto se somete a su poderío. El Real Madrid ha hecho un 2016 de hegemonía, dueño y señor de este deporte.

Nuestra fe sigue girando en torno a ese muchacho de Madeira, que ya entrado en años y pese a las críticas que recibe, de un servidor inclusive, mantiene una contienda interminable contra el argentino hijo de la gran Masía y sus compinches. El Barcelona creó una fe absolutista y dogmática, se autoproclamó dueño y creador de un fútbol que terminaron traicionando en favor de un estilo que años antes tachaban de rastrero, antiestético y rácano y obligó al resto del panorama futbolístico a adoptar su juego.

Pero fuimos fuertes y seguimos unas ideas que aquel feo y violento portugués dejó en nosotros, unas ideas que eran nuestras desde mediados del siglo pasado, pero que tuvimos que recordar. Nos enfrentamos a todo y a todos, y salimos ganando. El reflejo del cristianismo madridista tuvo lugar un feliz 2 de abril de 2016, cuando tras un ejercicio propagandístico soberbio por parte del imperio culé, seguro de su victoria ante el pobre Real Madrid, con su estrella en decadencia, con un centrocampista defensivo rastrero y sucio, con un entrenador sin experiencia, con un presidente ladrón y solamente interesado en el dinero, sin proyecto ni director deportivo, anunciaron a bombo y platillo la enorme importancia del clásico, lo fundamental que resultaba para ellos ganar al Real Madrid sin importarles la acolchada diferencia de puntos en liga de la que gozaban.

Asumieron riesgos, y lo pagaron, el Madrid golpeó con fuerza el corazón del Imperio Culé, así como Odoacro obligó en el 476 a Rómulo Augústulo a abandonar Roma y lo destituyó como Emperador de Occidente, ese día aquel muchacho de Madeira silenció a cien mil feligreses culés y dejó sin tinta las imprentas inquisitorias del barcelonismo más rancio y el antimadridismo más ruin.

Aquel equipo plagado de errores, destruido por dentro y sin orgullo, jugando con 10, tras un gol de fantasía de Benzema precedido del fútbol más bonito que este humilde juntaletras ha visto en su corta vida (el contraataque), tras un gol robado a Gareth Bale por ser más alto que la mascota de Duracel, también llamado Jordi Alba, tras todo esto, y tras otro contraataque de manual, aquel joven, hecho hombre, colaba la pelotita de cuero bajo las piernas del guardameta culé y ante la acomplejada mirada de ese central quejica casado con la autora del waka-waka.

Ese día el Madrid silenció Barcelona y encendió Europa, para acabar de iluminarla el 28 de mayo, en la misma ciudad donde Don José, 6 años atrás, había sido coronado emperador del fútbol italiano y europeo.

Aquel 28 de mayo, Cristiano Ronaldo culminó una carrera que el Madrid inició 5 años antes, cuando la cabeza de este chico, metía hasta el fondo del arco culé el balón que proclamaba al Madrid campeón de Copa de S.M. el Rey, frente al mejor y más impresionante Barça de la historia (y esto es totalmente en serio). 2016 proclama al Madrid mejor equipo del Mundo y a Cristiano lo nombra campeón de Europa por dos bandos y mejor jugador del Mundo. Por tanto, y por romanticismo, diré y guardaré en mi memoria, el 2 de abril de 2016, como el día en que el Barça dejó de ser referencia mundial en fútbol, cosa que ya apenas se consideraba, para volver a la sombra del auténtico Emperador de Europa, y Señor del Mundo: El Real Madrid.

4 comentarios en «El cristianismo en el Imperio Culé de Occidente»

  1. corrección “la copiona del Waka Waka ” porque la version original de ese tema es de Las Chicas del Can… del resto excelente texto con épico relato. ..

  2. Dejando atrás el mensaje que intentas transmitir, esta claro que no tienes ni idea de periodismo. Crees que usar un lenguaje más pedante te sirve para reforzar tu idea cuando en realidad no lo hace. Hazme caso chico, estudio para periodista y con un lenguaje así no consigues el objetivo de un periodista. Ese objetivo es transmitir un mensaje de forma clara, esta bien que pueda ser ‘tu rincón’ y puedas hablar con otro tipo de lenguaje, pero no es asi. Así que te recomiendo: o cambia tu registro o deja esto para los que nos estamos intentando dedicarnos a ello de una forma sana.

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