Mucho se ha escrito de este momento a lo largo de las últimas horas. Mucho y casi siempre de forma interesada.
La imagen habla por sí misma. Ramos contestando a un grupo de radicales, como quien contesta al panadero después de comprar el pan. Ramos es así y será así hasta que se muera. Gitano, torero y patriarca. Y no necesariamente por este orden. Tú insultas, yo castigo.

Como decía, la imagen habla por sí misma. Nos escupe una sociedad, bañada en envidia y radicalismo, que se refleja en las peinetas, cuernos e insultos de un grupo de ultras, al capitán de la Selección Española. Sin embargo, la preciosa lección que nos deja el momento es más grande que el propio momento. Fíjense bien. La foto es prueba evidente de que el ser humano no nace odiando, sino que se hace (o le hacen).
Si miráis en la foto, un auténtico Biris aparece abajo a la izquierda. Repito, un auténtico Biris. Su peculiaridad es que no llega ni a los 10 años de edad, sin embargo se comporta como su abuelo (también sevillista). Al mismo ‘flash’, los demás Homo Sapiens que lo acompañan, liberan bilis en forma de insultos e improperios, como yonquis del odio que son. El niño en cambio, solo demuestra ser un verdadero sevillista, un caballero. Un ‘dandy’ de los pies a la cabeza y con la clase por zapatos.
Él, rubio y delgadillo, calla serio porque su equipo, acaba de perder la posibilidad de clasificarse para la siguiente ronda de la Copa del Rey. Le duele, lo siente como el que más. Él es el fútbol, él es su Sevilla. Curioso que el niño, situado sobre el ‘4’ de la bandera sevillista, respete al ‘4’ de la camiseta morada. Aún hay esperanzas.
Él, sí que siente los colores. Él, sí que representa al Sevilla Fútbol Club, como el Sevilla Fútbol Club merece ser representado. Bufanda anudada al cuello y boca entreabierta, consecuencia de que su ídolo (Ramos) se encontraba frente a él.
Ramón Sánchez Pizjuán y Piaget viven en los ojos del niño. José María del Nido y Lenin, en los ojos del resto. Y es que 10 años después, aún siguen creyendo los asientos del Pizjuán, que el malo de la película de aquel histórico fichaje, fue Ramos y toda su casta. 10 años después, el Sevilla está en la élite, Ramos vive en el cielo y Del Nido duerme en la cárcel.
-»¿De qué color es el caballo blanco de Santiago?»
Juzguen ustedes mismos, que a mí me da la risa.
Tras este Biris con cara de niño; le rodean aficionados que mejorarían el fútbol, si algún día decidieran quedarse en casa. La educación debe ser la base de toda agrupación o lugar social (fútbol, parlamento, restaurante, colegio…).
Ahí, en el Gol Norte del Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, ese niño crecerá entre semejantes valores y libertad para insultar. Ahí, ese niño se hará hombre. Ahí esa sociedad ‘mutilará’ a un ángel llevándolo al infierno. Pobre el que lo vea y mire para otro lado. Maldigo a los malditos que mañana robarán la educación de ese niño.
Por eso, si el presidente del Sevilla no para este disparate; ese elegante, silencioso y sevillista niño, se transformará ‘sí o sí’, en uno de esos bélicos y asalvajados sevillistas que más que al club, aman a su odio. El desarrollo de las sociedades, depende de las propias sociedades. Y por eso Don Pepe Castro debe hacer honor a su corbata y parar este ‘libre albedrío’ con que sus ultras viven y no dejan vivir a los demás. En las manos de los dirigentes está salvar a miles de niños, que mañana poblarán nuestras gradas, calles y cementerios.
La bengala fuera, la bufanda dentro. Así de fácil. Joan Laporta expulsó a los Boixos Nois, Florentino Pérez expulsó a los Ultras Sur y Pepe Castro debe expulsar a aquellos Biris, que piensan que el Gol Norte es la trinchera de su vida. Y es que la sociedad como tal, ha cambiado. El Fútbol y la vida han empezado a odiar a los que odian, sin distinguir si su odio nace a la izquierda de Cuba o a la derecha de la esvástica. Es odio y punto. Y todos son igual de nocivos para nuestro país. Todos fuera del fútbol. Del primero hasta el último y que los Gol Norte y Gol Sur de nuestros campos, los llenen aficionados al fútbol. Simples aficionados al fútbol, que no entren al estadio ni borrachos, ni drogados, sino ilusionados por ver a su equipo ganar.
Somos lo que hacemos…y el niño de la foto a mí me representa. Su saber estar, su educación y su categoría. ¿El resto? El resto son solo ultras odiando a un jugador, que ‘ayer’ moría por ellos.
Fútbol y vida…Sevilla y ultras. O como dice el precioso himno del Arrebato, antes de cada partido en Nervión:
-»…EJEMPLO DE SEVILLANÍA, FAMILIA ROJA Y BLANCA DEL SÁNCHEZ PIZJUÁN…»
Pues eso, aprendan radicales. »Ejemplo de Sevillanía». El niño lo hace, se comporta, como respeta a Sergio Ramos, como »familia roja y blanca del Sánchez Pizjuán» que es…que fue. Es fiel a su himno, a su letra, a su club, sin necesidad de llevar ningún hortero y tremendista tatuaje nervionense.
¿Y los ultras, están a la altura del Sevilla? ¿Del Madrid? ¿Del Barça?
Don Sergio Ramos García, Historia del Real Madrid Club de Fútbol. Don Sergio Ramos García, Historia del Sevilla Fútbol Club.
Madridista y Sevillista, mal que le pese a algunos.
O como Sergio Ramos dijo el otro día tras el partido:
-»El día que me muera, llevaré en mi caja una bandera del Madrid y otra del Sevilla»
Y es que a lo mejor fue por eso, por lo que los anónimos del Gol Norte, no pararon de cantarle durante el partido:
-»Ramos muerete, Ramos muerete, Ramos muereteeee».
