Roberto “Banalizado” Palomar

Y Bobby Palomar, más conocido como Roberto «Ironman» Palomar cogió su fusil. Y escribió una especie de acto de contrición. Lo he encontrado en varias cuentas de Twitter, donde ha aparecido bajo el sensacional formato de pantallazo. Ya saben, te ahorra el clickeo a sitios indeseados.

Lo he leído y solo puedo decir que es el mayor monumento al cinismo que yo haya podido ver en toda mi vida. Sólo al alcance del cínico por excelencia: La Loca los Campanarios, más conocido por Pep Guardiola, el insigne catalán perseguido y oprimido por el centralista estado español.

Si no lo han leído se lo recomiendo vivamente, y a ser posible de pantallazo. Solo les traeré hasta aquí el siguiente extracto, que es donde se concentra toda la sustancia de la reflexión de este muchacho. Y dice así:

“Y entonces soy yo quien se cuestiona cuándo y en qué momento nos equivocamos. Cómo hemos contribuido los periodistas a la banalización de los contenidos, a la infantilización del hecho deportivo. A la idiotización de la audiencia, en definitiva. Cuándo y cómo pasamos de pertenecer a la industria de la información para pertenecer a la industria del ocio. Un entretenimiento que a veces no consiste más que en exagerar y en trivializar. Ni siquiera requiere ingenio”.

Del resto les libero. Si lo quieren leer, ustedes mismos. Les absuelvo de leer lo sobrante, porque estoy hasta el níspero de los ejercicios corporativistas, que es precisamente de lo que va el resto del artículo. No quiero hacerles partícipes de la opinión de Bobby P. sobre las maravillosas crónicas de un tipo tan engolado, sectario y soberbio como el popegurú Segurola o sobre la increíble capacidad de trabajo de un tipo tan peculiar y tan picaflor como Paquito Gónzalez o sobre la exquisita factura (y oratoria) del último Informe Robinson.

Se pregunta Palomar cuándo y en qué momento se equivocaron. La pregunta es errónea, ha sido un buen intento pero no ha colado. La pregunta lleva implícita una exculpación.

Asume la pena por el desvarío profesional del oficio de Periodista, dando por hecho que el desvarío se debió a un error. A un error perdido en algún momento del tiempo. E involuntariamente cometido, como todos los errores. Y ahí está la trampa. Porque nunca ha habido error. Nunca ha habido equivocación. Jamás.

Cambio de tercio. Permítanme el estilo epistolar referenciando al autor del texto.

Te preguntas Bobby P. en qué momento habéis contribuido los periodistas a la banalización de la información; cuándo pasasteis de pertenecer a la industria de la información a pertenecer a la industria del «Sálvame». Tal vez algunas de las cosas que te cuento a continuación te ayuden a no volver a repetir el ejercicio de cinismo de cara a un futuro.

Supongo que la noche de un domingo cualquiera, tranquilamente sentado al teclado de tu ordenador, sin ninguna presión ni obligado por tercero alguno, tuviste, Bobby, la genial idea de perpetrar un artículo en el que afirmabas que Mourinho “era el típico personaje que se daría a la fuga después de un atropello”.

Supongo que también sabías, Bobby, que la frase iba a trascender. Y organizaste un pequeño circo. Pero fue por error y sin darte cuenta, claro, porque lo que tú querías era informar sin banalizar lo informado.

Supongo que otra noche, crecido en varas y tranquilamente sentado otra vez, pensaste que para qué pararse en barras y te sacaste de tu atormentada y castigada imaginación, a la vista de la deriva del Periodismo, otro artículo de periodista de raza. Con pellizco y sentimiento, se te disparó tu florida  prosa y lo titulaste del siguiente modo: “Mourinho es una mosca en los testículos”. Pero también fue un error involuntario porque tampoco querías organizar ningún circo.

El diario, en el que eres jefe de algo, dirigido en su momento por un extraño sujeto llamado Oscar Campillo, decidió publicar una noticia impactante (sin contrastar) sobre la inversión multimillonaria del Real Madrid en el jugador galés Gareth Bale.

Más circo. Los Servicios Médicos del Real Madrid os lo advirtieron, pero tu diario no les hizo caso. Sacaron una portada grotesca en la que sólo faltaban los enanos, los elefantes y los trapecistas. Más circo para vender más panfletos. Pero todo fue un desafortunado error. Vosotros no queríais. Y tú, dolorosamente, preguntándote en qué momento os equivocasteis y contribuisteis a la banalización de la información. Ni siquiera pedisteis perdón. Mecachis. Tal vez se os olvidó…

Ese mismo periódico, del que cobras, publicó una exclusiva, tomando como base un simple Whatsapp. Sin más. El afectado, el Real Madrid, dijo que Marca mentía y tu periódico respondió con el mítico “Marca no miente”.

Que se lo pregunten al marquista Antonio Jesús Merchán, el hortera de la Costa del Sol, si miente o no miente. Léete la hilarante historia del DogusGate. Te partirás la caja de la risa que te va a entrar. Lo del tal Merchán (hoy me he enterado que es conocido artísticamente como Cacafú) ha sido otro error, porque, todos sabemos, que nadie de Marca miente.

Cacafú se ha indignado porque le han dado el timo del tocomocho. Pero eso a él, le ha dado igual y con alevosía, premeditación y, tal vez, nocturnidad, Cacafú, nos ha alegrado la existencia publicando un comunicado reivindicativo con la siguiente joya “…ni nada ni nadie va a poder nunca con nuestros criterios de objetividad y la búsqueda de la verdad en aras de ayudar al Málaga CF”. Con dos cojones. Errores, sólo errores.

Errores, errores y más errores, Bobby P. Las portadas con fichajes, desfichajes y rumores que nunca se cumplen. Inocentes errores. “A día de hoy…”, “fuentes bien informadas opinan…”, “se rumorea”, “se dice”, “se comenta”…y expresiones del estilo. Cataratas de errores. Aluvión de errores. Vosotros no queríais, pero vaya, a veces ocurren estas cosas.

Ya ves Bobby P. Mal de muchos, consuelo de gilipollas. Manolo Lama, compañero tertuliano tuyo, cometió otro error burlándose de un mendigo. Mientras tu torturada mente se preguntaba cómo habéis contribuido a idiotizar a la audiencia, Manolo hacía chistes, echaba monedas y hasta el móvil al canastillo del mendigo, animando a la concurrencia a hacer otro tanto entre risas y buen rollito. Pero aquello fue tan solo un error de una persona con un altísimo sentido de la dignidad.

Te decía, en el párrafo anterior, que mal de muchos, consuelo de gilipollas. En determinada redacción de cierto «dizque» periódico deportivo, un día tuvieron la genial ocurrencia de organizar una sesión de ouija para convocar al espíritu de un famoso jugador ya fallecido. Los «ouijeros» querían preguntarle al espíritu por el desenlace de un partido.

No les importó faltarle al respeto a la memoria de un fallecido y a la de sus seres queridos. Hasta un aspirante a torero intervino en aquello debidamente acompañado por una cuadrilla de sobresalientes. A nadie de la redacción se le ocurrió pensar que aquello fuera a ser considerado…¿cómo era?…¡ah, sí!…como una banalización de la información.

En ese mismo periódico, hay dos secciones fijas que aparecen todos los días. La diatriba diaria de su director, artísticamente conocido como Supercroqueta, en la página 2 y la foto de la tía en pelotas en la contraportada. Al literato, gurú y pope, Santi Segurola, al que pareces admirar tanto, no le importa escribir en un periódico donde se utiliza la carne de mujer como reclamo para vender panfletos. Y tú, con esos pelos, atormentándote y pensando en el momento en el que pasasteis a ser parte de la industria del ocio, como el «Sálvame». Y mientras tanto, los artículos del gurú se pueden degustar al mismo tiempo que ves un par de tetas neumáticas.

Oye, Bobby P, ya que estamos hablando del gurú, dile que nos fabrique una pieza literaria con aquel artículo suyo en el que nos insultaba a todos los madrileños. Mejor, aún, un par de sonetos contando cómo, por arte de birlibirloque y sin solución de continuidad, el City pasa de ser un equipo de gordos, viejos y vagos a un equipo temible.

Casi tres décadas lleva (todavía) Villar como presidente de la Federación Española del Fúrbol y los Álbitros. Y no sabemos durante cuantos años cometiendo tropelías y presuntos delitos delante de vuestras narices. Mientras tú escribías banalidades sobre Mourinho en tu articulillo de los lunes, Villar se ponía las botas, Bobby P. Mientras tu prosa florida te daba para comparar a Mourinho con una mosca en los testículos, Villar se llevaba a la selección española a jugar partidos de fútbol a repúblicas bananeras. Y tú chitón. Pero todo fue un error. Tú no querías.

¿Dónde estaba el mejor periodismo deportivo del mundo, mientras Villar amenazaba, otorgaba favores, quitaba y ponía a voluntad, trincaba subvenciones para escuelas deportivas o le montaba un chiringuito a su niño?

Pues yo te lo voy a decir, por si se te ha olvidado. Estabais todos reunidos alrededor de vuestras respectivas alcachofas de colores, discutiendo sobre si Isco debería ser titular en detrimento de Bale o si el 4-4-2 es mejor que el 4-3-3. Eso los días pares. Los días impares os dedicabais a contar los pétalos de la flor de Zidane. Ya sabes, “ese que pasaba por allí”. En qué momento nos fuimos al carajo, te preguntas, mientras clavas en mi pupila tu pupila color mierda. El carajo eres tú.

Mientras tú periódico se inventaba hernias, Villar entraba en la redacción del Marca, como Escipión en Roma tras la batalla de Zama, con la Eurocopa bajo el brazo y con Bobby Gómez haciéndole de perrito faldero. Y los elogios se os caían de los bolsillos. Y ya sabíais, claro que sabíais. Pero no contabais nada. Tal vez los vuelos gratis, las comidas, las entrevistas a los jugadores, las copas, los sitios con luces de colores…quién sabe. Pobres. Errores y más errores.

¿Y qué me cuentas del Mundial de Qatar, Bobby P? ¿eh, pollo? El periodismo deportivo de otros países sí ha contado cosas, muchas cosas. Vosotros no. Y tú preguntando, “cómo hemos contribuido los periodistas a la banalización de los contenidos”.

Pues yo mismo te lo explicaré, aunque tú ya lo sabes. No trabajando, no investigando, no asesorándote con expertos en las materias que correspondan, no viajando a los sitios donde están las noticias, no queriendo meterte en situaciones comprometidas, no elaborando informes farragosos y aburridos o no formándote. Haciendo justo lo contrario.

Haciendo lo que hizo Joaquín Maroto, que se fue a Qatar y nos vino contando que “En Qatar no hay esclavitud y se respetan todos los derechos”. Artículo que fue denunciado por Amnistía Internacional, que calculaba que las obras del Mundial habían dejado, a la fecha del publirreportaje de Maroto, más de 1.200 muertosque había empleados que trabajaban más de 12 horas y sin acceso al agua en medio del desierto.

Maroto nos contó que los trabajadores disponían de gimnasio, piscina, Internet y médico. Y como mucho trabajaban a 32 grados…en Qatar, claro. Eso fue cuando Qatar empezó a controlar un importante paquete accionarial de la PRISA. Antes de eso, Supercroqueta pensaba otra cosa. Mira, mira que editorial: “El salto de Unicef a Qatar, ese emirato inmensamente rico en el que la democracia es sólo un lejano referente occidental y donde la apostasía está castigada con la muerte, es demasiado largo, casi da vértigo”. Fíjate qué cosas, Bobby P.

Qué cosas más feas y sucias, ¿verdad? Del escándalo del Mundial de Qatar, no tienes más que darte una vuelta por Google y encontrarás de todo. Desde los artículos de Manuel Mañero hasta lo que se publicó en Inglaterra y Francia.

Es cuestión de ponerse. Te encontrarías con un tal Nick Harris, periodista de The Daily Mail que anticipó en 2011 las cosas del Barcelona con Qatar Airways con Villar de mediador. Este buen hombre opinó que ““No sé por qué los medios españoles ignoran el tema. Quizá porque el pacto entre España y Qatar funcionó para Qatar y no para España”.

Y mientras estas cosas pasaban por el mundo, vosotros a lo vuestro. Lo mal que el Madrid de Florentino había despedido a vuestro adorado Casillas y similares. En qué momento nos equivocamos, dices. No, no os habéis equivocado nunca.

La infantilización del hecho deportivo, nos dices. Hay un mequetrefe que sale en un programa de la TV pública con un teléfono al lado simulando llamadas con soplos de fichajes y ventas de jugadores.

Hay un mequetrefe aún más grosero que el anterior que trabaja en tú periódico y que es capaz de decir una cosa y la contraria en una milésima de segundo. De ninguno de estos dos mequetrefes, ni del mequetreferío que muchos ejercéis o habéis ejercido (que te hemos visto en alguno de esos programas donde os voceáis), Te hemos leído nada en esas columnas de opinión en las que nos adviertes de que no te gustan los lunes, aunque lo que yo creo que no te gusta realmente es trabajar. ¿Has publicado alguna vez algún trabajo de investigación?

Ayer mismo leí en Twitter el extracto de una de tus charlas interactivas que tanto os gustan a los periofilfas españoles. Un propio te describió a Florentino y al Madrid, comparándolo con Maduro y con Venezuela, respectivamente. Alabaste la comparación y además se la compraste. Banalización de la información. Comparar a Florentino con un dictador sanguinario. Cinismo elevado a la enésima potencia. Pero seguro que lo hiciste sin querer. Un error más sin importancia.

¿Te acuerdas cuando se enfrentaron los del Frente Atlético y los Riazor Blues y que acabó en tragedia? Os pilló en pelotas, como siempre. ¿Ninguno de vosotros, periodistas de raza, tenía una fuente mínimamente fiable dentro de esas bandas de descerebrados? ¿Y os llamáis periodistas?

Echasteis la culpa a la Policía, a la Liga de Fútbol Profesional, a los padres y al sistema educativo. Y no le echasteis la culpa a la NASA porque os pilla demasiado lejos. ¿Y vosotros, qué? ¡Ah, claro!, que se está mejor al calorcillo de las tertulias en las que se discute de los problemas de Zidane haciendo alineaciones, ¿verdad? Los caprichos del presidente y sus favoritos, los que juegan por decreto y los que se fichan para construir autopistas.

En qué momento nos equivocamos, dices. Farfolla vacua. No hay momento porque no hay equivocación. Sois así. Vuestra profesión es como una función continua de mierda con un dominio que va desde el menos infinito hasta el más infinito.

No ha habido un momento para la equivocación. El periodismo deportivo español, el mejor del mundo, como dijo otro mequetrefe, siempre ha sido así y siempre será así. Hacéis lo único que sabéis hacer: enmierdar con el fútbol como vehículo transmisor. Esa es vuestra profesión actualmente, traficar con mierda con diferentes tonalidades de marrones y apestosidades.

No nos vengas ahora con artículos de contrición. Os gusta lo que hacéis porque apenas trabajáis, y lo poco que dizque trabajáis, se limita a juntaros delante de una alcachofa radiofónica o al calor de un chuletón a parlotear sobre fútbol y poco más. Tu trabajo, o lo que sea que hagas, lo podría hacer yo, perfectamente. Porque sé más de fútbol que tú, porque yo no estoy corrompido y porque no escribo peor que tú. Y como yo, diez mil o un millón más.

Disfrutad de los idiotas que os leen u os oyen tragándose gustosamente vuestra mierda. No los habéis idiotizado vosotros, vienen así de fábrica. Solo así, se puede comprender.

3 comentarios en «Roberto “Banalizado” Palomar»

  1. Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dice en el artículo, quizás un poco light ? Oh, es que yo soy muy grosero.

  2. Que bien escribes, macho. Me encanta tu sensatez y coherencia (incluso cuando reconoces que te has podido equivocar; que tambien lo haces). Y eso que este artículo lo habrás hecho a toda velocidad. Y porque no tienes más tiempo, porque siguiendo tu twiter tienes material para hacer una buena sábana.

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