La Crisis de la Marmota

Con la venia…

Y nos las prometíamos tan felices allá por junio del 2017. Todo auguraba un ciclo ganador. De esos de varias ligas, alguna copa y repetición en Champions. Y no era para menos. Equipo muy joven, cargado de talento presente y futuro. Equipo hecho. Plantilla totalmente implicada por el buen hacer de un señor que había dado juego a todos, haciéndoles sentirse importantes. Entrenador respetado, querido y consolidado.

Por primera vez, desde que me alcanza la memoria, teníamos al frente del equipo a un tipo apoyado unánimemente por la afición y más querido y admirado que cualquier jugador. Muchos malpensados vimos la luz. Ante cualquier rebelión de cabecillas, se lo pensarían dos veces pues toda la grada apoyaría al jefe del banquillo.

Por primera vez, desde que me alcanza la memoria, el Madrid había conseguido cuadrar el círculo: un entrenador a mitad de camino entre el sargento de hierro y el amigacho y consentidor de jugadores caprichosos. Un hibrido de Mourinho y Carletto, con lo mejor de ambos y ninguno de sus defectos. Y por primera vez, desde que me alcanza la memoria, un proyecto ilusionante -Florentino dixit-, magníficamente gestionado por la Directiva.

Siete meses después de aquellos aires de bonanza, ya no queda nada. Y la pregunta es recurrente: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

Sé que está muy mal visto lo que voy a escribir a continuación, pero para mí el pistoletazo de salida lo dio el admirado Cristiano Ronaldo, allá por julio del año pasado. Sí, ya sé que él no abrió el pico, lo abrió su representante por él. Y nos vino a decir, a través de periodistas/amigos terceros interpuestos, que se quería ir. Ahí se empezó a resquebrajar la cohesión. Sí, también sé que lo que salga por boca/mano de periodista, hay que ponerlo en cuarentena. Pero también sé que el que calla otorga y todos conocíamos la relación, algo más que amistosa, del periódico portugués, del que salió todo aquello, con el entorno del jugador.

Después empezaron a acumularse los malos resultados mezcla de las decisiones arbitrales de una organización corrupta, respaldada explícita e implícitamente por mayor el cáncer del deporte español (el “dizque” periodismo “dizque” deportivo ejpanyol), y de los errores propios, responsabilidad directa del entrenador (por acción u omisión). Curiosamente, los “errores arbitrales” han empezado a desaparecer al mismo ritmo que la diferencia de puntaje respecto al líder ha ido creciendo. El que no parece haber visto la luz es el entrenador que sigue dando palos de ciego.

Pocas veces hemos visto una cosa igual a lo visto en el primer tercio de liga. Los hijos putativos preferidos de D. Vito Arminio repitiendo y tripitiéndole partidos al Madrid. Y aquí, nuevamente resurge una cuestión que yo creo debería poner de los nervios a cualquier madridista de bien: el avestrucismo del club, consentidor de que se patee su imagen, su prestigio, su historia y sus vitrinas.

En primer lugar, cualquier descalzaperros se cree con derecho a expandir mierda sobre cualquier jugador, técnico, directivo e, incluso, grupo de animación. Y no pasa nada. Y yo digo que más vale un vez rojo que ciento amarillo. En segundo lugar, cualquier chufletero del tres al cuarto, trata al Madrid peor que a cualquier equipo de la preferente madrileña.

Se me ocurre que si Borbalán toma por costumbre joder siempre al mismo, pues yo utilizo mi canal de TV en abierto y paso, cada cinco minutos, un video conmemorativo de las tropelías del sujeto y organizo tertulias monotemáticas sobre los “errores repetidos” de Borbalán. Y así, durante un par de semanas. Borbalán terminará, para su desgracia, siendo archifamoso. Borbalán se lo pensará dos veces la próxima vez.

Para eso tienes una televisión en abierto y la afición más grande de España. No utilizar ni lo uno ni lo otro, me parece una gilipollez de proporciones bíblicas. Iglesias Villanueva se tragó un gol del Barcelona en Valencia. Le estuvieron sacudiendo hasta que llegó el Alavés para ser atracado. Sin embargo alguien del Madrid no puede o, mucho peor, no quiere.

¿Por qué? Pregunta sin respuesta. ¿Por miedo al manolismo cutre-casposo? Sería incomprensible, dado que el manolismo cutre-casposo ya no puede superarse en zafiedad. ¿Por la engañifa del pseudoseñorío? ¿Por el piperismo bienqueda y de salón? Vayan ustedes a saber…y vayan ustedes a pensar mal…es posible que acierten. En cualquier caso, es la manera más ridícula que a uno se le pudiera imaginar de empañar una magnifica gestión. De poco servirá tener un estadio del siglo XXV si permites que cualquier Hdez Hdez de la vida te chulee en tu propia cara.

Sabemos lo que supondrá ir a la guerra. Florentino, en una reciente entrevista, soltó un pellizquito de monja sobre el VAR y le cayó la mundial. No hay más: eso o que se rían de ti. Yo lo tendría claro, pero yo solo soy un simple aficionado que piensa que, estando el albitraje ejpañol como está, es imperdonable el tancredismo de la T4.

Malo es, a mi juicio, mostrar esas amplias tragaderas. Pero no es lo peor. Lo peor viene de una parte significativa de la afición: el piperío imbécil y de salón, de naturaleza lanar, con tragaderas aún más amplias que el club y que ha hecho propio un señorío que nunca ha existido. Que se mueve entre “ninguno de los dos grandes se puede quejar de los arbitrajes” y “aquí se viene llorao”. Esta última estupidez se la escuché a un ilustre periodista político y pipero summa cum laude en esRadio hará un par semanas.

Aquí es donde la parte pipera de la afición del Madrid tiene su punto de incoherente y de despreciable. Los mismos que abroncan un libre directo al segundo anfiteatro, ponen el culo en pompa a los que, semana tras semana, no hacen más que joderte. Abroncan a Benzema (muchas veces con razón) y pasan por alto al pelota Mateu Lahoz.

Mateu, el pelota, obvió una manoletina de Javi Garcia en el partido que el Madrid perdió frente al Betis. Era penalti y expulsión. Era el partido, eran los tres puntos. Tan importante como el errático comportamiento de determinados jugadores y entrenador, es esa decisión del pelota Lahoz. Sin embargo, una gran parte de la adocenada afición del Madrid solo tiene en el punto de mira a los suyos. La presión que siente el arbitraje en el Bernabéu es nula. La prensa “dizque” deportiva, quitando importancia a sus “errores”, hace el resto.

Resumo: arminiato + manolismo cutre-casposo + inacción de la directiva + parta lanar de la afición (que se traga la manipulación como si fuera un tragasables). En ese sumatorio encontrarán una porción nada despreciable de los famosos 19 puntos de diferencia. No toda, desde luego.

Después nos encontramos con los errores propios. Los errores que son resaltados por el periogolfismo, por encima de los otros, para dar la sensación de que son esos los únicos responsables de la triste situación actual. No sé hasta qué punto ni con qué intensidad, pero diría que parte de estos errores propios son consecuencia de los “errores ajenos”.

Parte, solo parte. Elimínenme el efecto pernicioso del Arminiato y el Madrid tampoco iría líder, pero podría estar competiendo y ya no lo está haciendo. Puede que el entrenador y algunos jugadores, consciente o inconscientemente, se hayan dejado ir visto lo visto. Aun así, para mí gusto personal, inaceptable e impropio de ese escudo.

Siendo muy, muy, muy, muy generosos podríamos llegar a pensar que el armiñato continuado les ha provocado tal impotencia que ha terminado por derivar en alguna especie de bloqueo mental que les ha impedido desarrollar todo su talento. Y ya es ser generoso.

Sigue habiendo, no obstante, historias que no cuadran. Una cuestión psicológica, un bloqueo o cualquier otro negocio de tipo mental, conduce a la ofuscación, al emperramiento, al decaimiento, a la angustia. No soy psicólogo ni tampoco creo que me haga falta serlo, para saber que los 12 o 13 habituales y fijos de Zidane están todos a años luz del agobio y de la angustia.

Simplemente creo que les han empujado y ellos se han dejado ir. Y hay un Mundial. Recuerdo las palabras de Marcelo de hace unas semanas ante un mal resultado: “Os hemos acostumbrado muy mal”. Sencillas palabras que dicen muy poco y lo dicen todo. He aquí un futbolista, haciendo una temporada infame, argumentando gilipolleces para quitarse el muerto de encima.

Barrunto, sospecho, deduzco que el mal de Marcelo tiene muy poco que ver con la impotencia ante las injusticias de los hijos putativos de D. Vito. Hay algo más. Falta juego, cierto. Y algo más.

¿Por qué el Madrid no puede presionar como el Fuenlabrada (¡¡el Fuenlabrada!!?, ¿por qué el Madrid nunca tiene las famosas dos líneas de cuatro juntas?, ¿por qué nunca están encima de sus marcas?, ¿por qué el primer gol del Levante se da tras una fabulosa parada de Keylor y el rechace le va a un jugador contrario y no a un centrocampista del Madrid?, ¿por qué se parece esa jugada tanto al gol del Villarreal en el Bernabéu?, ¿por qué los centrocampistas del Madrid nunca bajan acompañando un contrataque rival?, ¿por qué al centrocampista jugón del equipo contrario se le permite pasar sin presión alguna?

Y más preguntas, ¿por qué la defensa siempre está a eones de distancia de la línea de centrocampistas?, ¿por qué se permite que Marcelo haga de cierre en los córners favorables?, ¿por qué se permite que Cristiano siempre vuelva andando tras ataque y pérdida?, ¿por qué los delanteros del Madrid no presionan nunca las defensas rivales?, ¿por qué se permite, una tras otra, que el equipo se achique en tablas después de marcar un gol?, ¿por qué se premia el nefasto estado de forma de varios jugadores con la titularidad indiscutible?, ¿por qué no se ha dado más bola a los chicos jóvenes?, ¿por qué se le faltó al respeto al Leganés?, ¿por qué Marcelo se empeña en centros laterales a ningún lado?, ¿por qué nadie le corrige?, ¿por qué Kroos parece un sucedáneo de jugador alemán?, ¿por qué se permite la falta de intensidad y concentración?, ¿cómo es posible que casi toda la plantilla esté en un nivel infame de estado de forma?, ¿tanto trabajo cuesta, dado el lamentable estado de forma de casi todos, al menos proponer algo de organización, coordinación y solidaridad?

Falta todo lo anterior. Llegados a este punto, es cuando uno siente envidia al ver equipos como el Eibar. Yo quiero que el Madrid juegue como Leganés. Sí, sí, no es un chiste malo. Con la misma organización, con el mismo trabajo, con la misma concentración y el mismo entusiasmo. Y a ser posible, con la misma humildad. Y no comprendo por qué no es posible. No comprendo por qué el único entrenador que nos dejó algo parecido, tuvo que irse por la puerta de atrás insultado, perseguido y machacado, enfrentado a los jefazos del vestuario y con la repulsa idiota de una parte no pequeña del madridismo piperil que jamás valoró lo que batalló aquel hombre.

Ya sé que los jugadores no quieren perder o empatar adrede. Sólo faltaría. Sé que se esfuerzan, corren y, seguramente, ellos serán los más jodidos por la situación. Pero hay algo que no cuadra. Esta temporada, al menos. En casi todos los partidos hay un momento, o varios, en la que los jugadores hacen cratacrack ante la mirada aquiescente del entrador, peligrosamente “ancelotitzado”. Y en eso, el Arminiato nada tiene que ver.

Comienza el partido contra el Levante, el Madrid acapara el balón y las situaciones de gol. Al minuto 15, 0-1 y la sensación de superioridad absolutísima. Todos vemos un partido de goleada. Y los jugadores, los primeros. Saltan los fusibles y se viene el relax; a fin de cuentas, es el Levante…un equipo que lleva sin ganar no se sabe cuánto tiempo. Justo en ese momento, los jugadores se van del partido muchos minutos antes del empate.

El relax lleva a la falta de concentración, ya se sabe, es el Levante…que no le gana a nadie. Y transcurren los minutos y el segundo no llega. Pero el Levante ni se acerca a Keylor. Ya caerá. Y el ritmo va siendo cada vez más cansino.

Sobre el minuto 40, el jugón del Levante agarra un balón en el centro del campo. Está solo, nadie le presiona…ya saben, es el Levante, ni merece la pena preocuparse por él. Ya fallará. Pero no falla y manda un balón medido a su delantero. Ramos ve el desmarque y el pase, pero… es el Levante…ya lo controlará mal o se tropezará. Pero no se tropieza y se planta solo ante Keylor (el único, tal vez por sus batallas en equipos más humildes, que se toma en serio el asunto). Dispara y Keylor rechaza el remate que le cae a otro jugador del Levante, al que ningún centrocampista del Madrid había acompañado en el contrataque. De hecho los centrocampistas ven la jugada en lontananza, muy atrás. Total, es el Levante, no le gana a nadie, no merece la pena esforzarse en bajar. Y gol, claro.

El gol es clónico a otro que marcó el Villarreal en el Bernabéu en cuanto a su ejecución: delantero mano a mano con Keylor, que para, el rechace va a un centrocampista que ha acompañado al contrataque (como mandan los cánones) y gol.

Era un toque de atención en toda regla. Pero ni por esas. Ya caerá. El relax sigue en toda la segunda parte. El entrenador no sabe, no quiere o no puede. El pase horizontal, esperando que algún jugador del Levante, la cague. Es el Levante, ya saben. Y les pillan al contrataque tres o cuatro veces, porque a diferencia de otros equipos, los marcadores del Madrid nunca están encima de sus marcas. Guardan siempre una prudencial distancia, vayan ustedes a saber por qué. Y Keylor se juega la cara.

El tiempo avanza y la cosa se empieza a poner turbia. Mourinho hubiera hecho los tres cambios al descanso, ante tanto relax.Pero Zidane, para esto de los cambios, es muy suyo. Un atisbo de cagalera empieza a asomar en los jugadores del Madrid. Y empiezan a apretar. El Madrid, un solo cambio (Isco por Bale), a pesar del plomizo segundo tiempo de la mayoría de jugadores. Las sustituciones, empiezan a tener todo el aspecto de ser, para Zidane, fístulas en el ojo del culo. Sobre todo cuando el partido va torcido. Y marca Isco.

Y vuelve el relax y la falta de concentración. Bueno, vale, lo hemos pasado un poco mal pero en cuanto nos hemos puesto, les hemos marcado el segundo. De esta ya no se levantan. Y la falta de concentración lleva a perder montones de balones en centro del campo.

Ya saben, es el Levante. Y el modesto Levante, ése que no le gana a nadie, encajona al Madrid en su área y se las hace pasar canutas. Antes del empate, el Levante avisa en un par de ocasiones. Pero ni por esas. Un remate de cabeza completamente solo de un jugador del Levante en el lado de Marcelo, que nadie sabe dónde está en esa jugada. De hecho en la repetición ni se le ve. El remate se va fuera. Marcelo debió pensar que, al tratarse del Levante, no merecía la pena cierta rigurosidad defensiva. Para qué, es el Levante.

Zidane hace el segundo cambio en el minuto ochenta y tantos. Entra Asensio y se va Cristiano. Ya había marcado Isco. Poco después, entre el magnífico Modric y Kroos pierden un balón en el centro del campo por aquella estúpida manía de tikitakear imbécilmente; es el Levante.

Y un estupendo pase, lo convierte en todavía mejor, Daniel Carvajal que, para no ser menos, marcaba a prudencial distancia al ejecutor de Keylor, que casi para otra vez. En el 90, Zidane hace el tercer cambio. Entra Lucas Vázquez. La estupenda plantilla del Madrid, utilizada bajo mínimas oportunidades, otra vez…y van….Y así es como los puntos se van por el sumidero.

Así lo vi yo. Así es como lo llevo viendo toda la temporada, salvo en contadas y honrosísimas excepciones. Que en el primer gol, el centrocampista que da el pase, estuviera solo no es cuestión de baja forma física ni siquiera de bloqueo mental ni del armiñato, es cuestión de falta de concentración o es cuestión de falta de entrenamiento. O ambas cosas.

Finalmente, del mismo modo que no entiendo por qué un defensa lateral no marca echando el aliento al cogote de su hombre, tampoco entiendo dos cosas del actual entrenador. Su bien ganado prestigio le dan crédito para equivocarse una y cien veces.

Entiendo que plantee mal un partido, que falle en las sustituciones o en el trato con algún jugador. Lo que no entiendo es su obcecación en sostenella y no enmendalla con la que no va a ninguna parte. Y menos aun entiendo la gestión de la plantilla. Su punto fuerte del año pasado, su punto débil, éste.

Ha acabado, él solito, con su propia seña de identidad: la competitividad entre sus jugadores. Marcelo sabe que no tiene a nadie detrás de él. Marcelo, este año, es un agujero negro que ha costado muchos puntos. Marcelo, este Marcelo, da menos garantía que Quezada o Reguilón.

El Theo del año pasado se lo hubiera comido y no hubiera dejado ni las raspas. Pero hete aquí que Theo, en los 21 partidos de liga que ha jugado el Madrid, ha participado en 5, para un total de 296 minutos y con esta extraña secuencia: jornada 3ª, 4ª, 8ª, 9ª y 13ª. La continuidad al poder. Por cierto, en ninguno de esos partidos el Madrid perdió. Tan solo un solo empate.

Mucho peor es el caso de Dani Ceballos (actualmente lesionado, pero que, todos sabemos, tampoco habría jugado mucho más). Ceballos ha participado en 6 partidos de los 21, para un total de 186 minutos. Ciento diez minutos menos que Theo y con un partido más. O sea, muchos minutos de la basura.

En su primera titularidad (jornada 6ª) marcó dos goles que le dieron al Madrid los tres puntos. Fue premiado por el entrenador, a la siguiente jornada, con 8 pírricos minutos frente al Espanyol, con el partido ya decidido (2-0). A la siguiente jornada, ni jugó. Tiene 21 años recién cumplidos. Necesita jugar como el comer.

Y todavía hay quien se siente decepcionado porque no despliega el mismo talento que con el Betis. Si no juega, va a ser difícil. Si no juega rodeado de titulares y CONTINUAMENTE, va a ser más difícil todavía. Entró en el vestuario del Madrid con el premio del mejor jugador sub21 del pasado europeo de selecciones. Recuerdo: España subcampeona de Europa con Ceballos, Marco Asensio, Llorente y Vallejo, todos titularísimos. De ese jugador, no queda nada. Sí, ése jugador que se comió el año pasado, él solito, el centro del campo del Barcelona y del Atleti.

Llorente. Ha participado en 6 partidos, para un total de 237 minutos. Del mejor recuperador de la liga pasada, del tipo que aparecía en todas partes y que parecía que flotaba mientras robaba, no queda ni la sombra. Fundamentalmente, porque no juega lo que debería.

Vallejo. Lesionado para dos meses. Pero, al igual que con Ceballos, todos sabemos que tampoco habría jugado mucho más. Ha participado en 3 partidos de liga, para un total de 270 minutos. Ha tenido de todo. Jugó regularcete, tirando a mal, contra el Málaga y estuvo excelente contra el Sevilla (jornada 15ª). A la siguiente jornada (y todavía sano) no jugó nada.

En Alemanía hablaban (y no paraban) maravillas de él. Como está casi inédito, no sabemos si lo que contaban era cierto o exagerado.

Sumando las participaciones individuales de estos cuatro jugadores, acumulan 20 partidos de liga. Con 18 victorias para el Madrid y 2 empates. Es decir, parece ser que cuando han aparecido en el equipo, mezclados con otros titulares, no lo han hecho tan mal.

También peculiar es el caso de Borja Mayoral. Ha participado en 9 partidos de 21 para un total de 183 minutos. Dos veces titular, en una de ellas (contra la Real Sociedad, jornada 4ª) marcó gol y medio recibiendo como premio en los siguientes 6 partidos en los que participó un total acumulado de ¡¡38 minutos!! Magro premio, 38 minutos en 6 partidos. A razón de 6 minutos por partido.

A la vista de estos datos, podría pensarse que un servidor, está pidiendo titularidad indiscutible para todos estos chicos. Nada más lejos de la realidad. Entre el negro y el blanco hay una infinita gama de colores y tonalidades. Les pondré un ejemplo del propio Zidane.

Vayámonos a la temporada anterior, la gloriosa 2016/2017. La primera de Zidane entera. Ese año el Madrid recibió a Marco Asensio en su primera plantilla y eso que durante todo el verano se estuvo hablando de la posibilidad de cederlo un año más. Zidane decidió quedárselo, del mismo modo que ha hecho este año con Vallejo, Theo, Ceballos y Llorente.

Es decir, vino en circunstancias idénticas a las de estos cuatro. Si me apuran, vino con menos pedigrí que alguno de ellos. En los primeros 21 partidos que jugó el Madrid, Zidane había utilizado a Asensio en 14 de ellos para un total de 493 minutos, siendo titular en 5 partidos. Es decir, nada de titular indiscutible, pero sí muy utilizado.

Las comparaciones son odiosas. Entre los cuatro aludidos juntan este año 989 minutos. Solo Asensio jugó 493 minutos. Justo la mitad que los cuatro juntos. Todos ellos fichados en circunstancias idénticas y a las órdenes del mismo entrenador.

Reitero que tres de los cuatro jugadores de los que estamos hablando eran compañeros de Marco Asensio en la sub-21 subcampeona de Europa, es decir, jugadores (con sus peculiares características) del nivel de Asensio.

Esos tres jugadores (y Theo) con un buen número de partidos jugados en primera división (o Bundesliga), exactamente igual que Asensio el año anterior. Estaban tan preparados como Asensio para ser tan utilizados como lo fue él.  A todos ellos, se les ha hecho culpables del ridículo de Leganés bajo el mantra demagógico de “todos son internacionales, deberían haber ganado aunque sean suplentes”.

Razonamiento pueril, pues si esto fuera así, ¿por qué los titularísimos fueron incapaces de ganarle al Levante (que está por debajo del Leganés en la liga)? ¿Acaso el grupo de suplentes tiene que jugar forzosamente mejor que los titulares sin haber jugado apenas juntos? ¿En base a qué extraño principio?

¿Por qué han jugado tan poco? ¿Se puede coger la forma sin jugar un mínimo de minutos y partidos? ¿El rendimiento de Benzemá justifica que Borja Mayoral haya jugado tan solo 183 minutos? ¿El rendimiento de Marcelo justifica el ostracismo de Theo? ¿Hay mucha diferencia entre lo que ha hecho Casemiro y lo que ha hecho Llorente en lo poco que ha jugado a salto de mata? ¿El rendimiento de Dani Ceballos ha sido peor que el de cualquiera de los centrocampistas titulares? ¿Están ustedes seguros de que al Madrid se le hubieran ido cinco puntos contra Celta y Villarreal, si en lugar de Marcelo hubiera jugado Theo? Item más ¿están ustedes seguros de que Marcelo no rendiría más si viera en riesgo su puesto de titular? ¿Son todos tan malos que solo merecen las migajas? ¿Los cuatro? ¿De verdad que no vale ninguno de los cuatro?

Zidane lo hizo el año pasado y con un éxito de matrícula de honor. ¿Por qué no lo ha hecho este año? Desconozco la respuesta. Entendería que prescindiera de todos estos chicos si, aplicado el mismo régimen que a Asensio el año anterior, no hubieran respondido. Pero no es el caso y no sabemos lo que hubiera pasado. Sea como fuera, hay una certeza: el grueso de la plantilla presenta un estado de forma lamentable. Y, repito, en eso el despreciable Arminiato tiene muy poco que ver.

Y otra certeza: no parece situarse entre las cien mil mejores ideas el hecho de dividir a la plantilla en dos bloques. Tampoco parece estar entre el mejor millón de ideas, no fomentar la competitividad entre ellos. Y menos aún está, entre el mejor billón de ideas, sepultar en el ostracismo a chicos con ambición, con talento y que han demostrado que, bien entrenados, pueden…y pueden mucho.

El círculo virtuoso, que imaginamos, ha sido suplantado por el círculo pernicioso de siempre. Después de la liga de Mourinho, desastre. Después de la décima de Carletto, desastre. Después del año y medio glorioso de Zidane, desastre y otra vez al punto de partida. Muchas Champions y muchos títulos, cierto, pero yo quiero algo más.

Quiero que el Madrid sea como los buenos atletas y sea capaz de mantener el esfuerzo en el tiempo. Y no lo hace. Nos hemos convertido en un club sin ciclos ganadores a pesar de tener la mejor plantilla del mundo y un entrenador aclamado por unanimidad. Hay culpables externos e internos muy fácilmente identificables. Y no hay ninguna gana, espíritu y voluntad de hacerles frente o corregirlos en su actitud.

Lamento ser un cenizo, pero mientras alguien no se ponga a ello, dará igual que se fiche a Mbappé, Mpapá, Neymar Junior & Senior o se construya un estadio con aspecto de ser la Enterprise, porque terminaremos volviendo al punto de partida. Ganaremos la decimotercera un año de estos, y volveremos al desastre. La crisis de la marmota. No sé a ustedes, pero a mí esto de ir a salto de mata, como costumbre, no me gusta nada.

Gracias por haber llegado hasta aquí y por, seguro, no estar de acuerdo.

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