Quiero un mago para el día de mi cumpleaños

Como un niño que ve morir a su héroe favorito, así me quedé yo sobre el sofá cuando, en la segunda parte, Benzema lideró una contra con dos defensas del PSG y acompañado de Cristiano, y la culminó de manera egoísta y lamentable. Ahí terminó de morir el partido de Karim Benzema.

Quiero un mago

Antes de seguir, para el que tenga en su interior un profundo rechazo por nuestro “9”, le aconsejo que se aleje porque no leerá aquí los palos que espera. Todo lo contrario, diré que el 6 de marzo de 2018, Karim Benzema jugó un partido aseado, y puedo asegurar sin miedo, que con las ausencias, era y fue, la mejor opción para salir de inicio.

Sin embargo, mi funambulista favorito se ha bajado del cable y se ha retirado a la esquina del escenario, dejando el centro de la escena a gente en mucha mejor forma, pero sin abandonar la actuación, pudiendo ahorrarse en ese caso la cantidad de miradas de odio y descalificativos, muchos de ellos con razón, que recibe ahora mismo.

Dos veces se ha topado con Areola esta eliminatoria, una en cada partido. En el Bernabéu, un fuerte disparo con la izquierda desde la frontal al palo derecho de Areola fue repelido por el portero de forma magistral, sin embargo el verdadero palo, tuvo lugar en la vuelta. Tras un error de la defensa parisina, Karim aprovechó el hueco dejado en la banda izquierda y avanzó sobre la portería para acabar intentando definir bajo las piernas del guardameta del PSG, pero éste estuvo rápido y logró modificar la trayectoria del balón, que a punto estuvo de entrar.
Por primera vez desde que le sigo con admiración, Benzema me transmitió algo que, para bien o para mal, nunca había visto en él, total y absoluta falta de fe en sí mismo, como un mago que sale a actuar sin varita ni chistera.

No puedo justificar su desesperante racha de cara a puerta, créanme que yo también la sufro, también le grito a la tele, le atizo al cojín y le doy patadas al sofá. Sin embargo, hasta junio va a estar aquí (como poco), y le pese a quien le pese, le necesitamos fino.

No pienso salir aquí a fingir que soy objetivo, que mi ojo es igual de crítico con todos, que lo que veo en Benzema cuando juega es algo que se puede medir y calcular, y que este artículo sólo lo mueve el movimiento tan noble que define a esta casa: la Meritocracia. Sé que soy indulgente con él, y que muchos de los que me estén leyendo piensen que soy, como poco, un necio, pero es algo que tengo dentro. Cada balón que toca, cada control de espaldas, cada vez que baja a recibir, algo se mueve en mí, porque aunque esta temporada casi nunca ocurre, sé que puede estar a punto de pasar algo maravilloso.

Y no lo digo por los grandes recuerdos, que los hay, y de los cuales sólo mencionaré la sinfonía que compuso sobre la línea de fondo en la última noche europea del Vicente Calderón, sino porque cada partido veo a mi Madrid y deseo que gane con todas mis fuerzas, y una parte de mi corazón quiere que eso ocurra a través de Karim, pido perdón por ello, pero no creo que lo pueda cambiar.

Hemos superado los octavos de final de la Champions, y si todo sale bien, el día 26 de mayo, iremos a Kiev a jugar otra final, y quiero que Karim esté allí. Ese día cumpliré 21 años, y quiero que en mi cumpleaños actúe mi mago favorito, y saque mi regalo de su chistera. ¿Por qué? Porque tengo derecho a no perder la ilusión por la magia de Karim.

¡HALA MADRID!

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