Isco tiene razón

El pasado jueves, en una rueda de prensa previa al partido entre España e Inglaterra en Wembley, perteneciente a la nueva Nations League, se produjo un rifi-rafe entre Isco Alarcón y el periodista argentino de El País, Diego Torres y que ha generado ríos de tinta y posiciones encontradas.

Cuando le tocó el turno de preguntar al periodista de El País, éste le formuló una aparentemente interesante pregunta al futbolista malagueño.

En concreto, Isco fue preguntado sobre qué le gustaba más, si jugar entre líneas o bajar a recibir más a la zona defensiva, a lo que el jugador del Real Madrid se negó a responder, argumentando que, con independencia de lo que él contestase, el periodista iba a escribir lo que se le ocurriese y le acusó de desestabilizar a la Selección con sus mentiras y de no apoyarles como ellos, como colectivo, necesitaban.

Aquella reacción aparentemente extemporánea frente a una pregunta, como digo, aparentemente “futbolera”, provocó una catarata de quejas del colectivo periodístico español, que como en Fuenteovejuna salio, todos a una, a defender a Diego Torres del pecado nefando de Isco de negarle la respuesta y de exigir una prensa dócil y “al dente” en vez de una prensa crítica.

“Contar lo que pasa”, esa gran mentira

Al hilo de las palabras de Isco, volvió a salir el más rancio corporativismo periodístico, repitiendo el slogan tan manido como falso, sobre todo en el periodismo deportivo de este país, de “el periodista está para contar lo que pasa, no para dorarle la píldora a los futbolistas”.

Una grandísima mentira que, por más que se repita cientos de miles de veces, nunca se hará realidad y es que si de algo se ha caracterizado el periodismo deportivo español, sí, ése que según Jesús Gallego es el “mejor periodismo deportivo que se hace en el mundo”, es porque lo que menos hace es contar la verdad ni narrar lo que pasa.

Sobre todo en la Selección Española, donde por un plato de lentejas (caro, eso sí, a base de viajes, hoteles y barra libre con los futbolistas) llevan años ocultándonos la realidad de lo que pasa en las concentraciones, disfrazándola de idílicos escenarios, donde reinan la paz y la concordia.

Como, por ejemplo, en Brasil 2014 donde el poco tiempo que estuvo el equipo del ínclito Marqués concentrada todo eran alabanzas al buen ambiente que se respiraba pero el día de la vuelta resultó que Jordi Alba amenazó en el avión con arrancarle la cabeza a Matallanas, del Diario As. O el affaire entre Del Bosque y Xavi Hernández, por el cual el centrocampista culé se negó a jugar el último partido y nadie lo quiso contar y la prensa disfrazó su ausencia de molestias físicas.

Y más detalles que demostraron que, lejos de lo que nos contaron, la convivencia en Brasil fue de todo menos plácida pero que, cuando el equipo ya estaba de vuelta en España, empezaron a conocerse pese a que nadie nos contó nada y, como los corresponsales españoles admitieron después, todos lo sabían.

Y algo parecido ocurrió en la concentración del equipo en Francia, durante la disputa de la Euro 2016. Allí, la prensa se empeñó en vendernos la calidad humana de Iker Casillas, que se ofreció desinteresadamente a poner su granito de arena para ayudar al equipo a ganar el torneo aun cuando no fuese titular. Y todos nos contaron lo excepcionalmente fabulosa que era la convivencia en ese grupo

Desgraciadamente, y tras el prematuro retorno del equipo a España tras su eliminación en octavos de final ante Italia, se conoció que ni Iker Casillas había admitido de buen grado su suplencia, haciendo de la convivencia con De Gea y el propio Del Bosque un verdadero infierno, ni las cosas fueron tan maravillosas como se contaron durante el torneo.

Y algo parecido ha ocurrido recientemente en Rusia, donde en el colmo de los colmos, la propia prensa ayudó al Presidente de la RFEF, el ínclito Rubiales, a tomar la decisión de destituir a Julen Lopetegui, falseando incluso la verdad de lo ocurrido y, para blanquearlo todo, nos hizo creer que con Hierro y Rubiales ahí no había pasado nada.

El caso es que, como en Brasil y Francia, España hizo un ridículo sideral y, toda vez que Hierro dimitió y Luis Enrique se hizo con el cargo de seleccionador resulta que la prensa se ha pasado toda la semana informando de lo pésimo que era el régimen disciplinario de Lopetegui y mantenido por su sucesor, lo poco que se entrenaba y lo mucho que Sergio Ramos mangoneaba, decidiendo sobre los permisos y los horarios de los entrenamientos.

Eso sí, durante el Mundial y a pesar de que ahora nos cuentan que todo aquello era vox populi y todo el mundo lo sabía, antes y durante el campeonato, Julen Lopetegui era lo más parecido a Dios que sus ojos habían visto y todo en ese equipo era sensacional y maravilloso.

Y podría seguir con más ejemplos de prensa alejada de la verdad y al servicio de intereses bastardos, que diría Fernando Burgos, también conocido como El Panocha, como es el caso de la prensa de (y del) Barcelona.

Una prensa que te vende lo pésimo futbolista y lo peor persona aún que es Neymar cuando su nombre sonaba para el Real Madrid y que pasó a ser un futbolista modélico durante los tres años que vistió la camiseta azulgrana.

Y qué decir de cómo la prensa culé tapó sistemáticamente las salidas nocturnas de Ronaldinho, la vida digamos “disoluta” de Romario y las escapadas carnavaleras de Ronaldo Nazario cuando jugaban con el Barça y que, oh casualidad, se conocieron después de sus respectivas salidas del equipo. Y de las que, por cierto, toda la prensa estaba al cabo de la calle.

Una prensa para la que le parece insoportable que un club se gaste 92 millones en Bale pero que asiste complaciente a los fichajes de Dembele y Coutinho por casi 300 millones y que, incluso llegó a comentar entusiásticamente que la grave lesión del delantero francés -y por la que se perdió casi cuatro meses de competición-, lejos de ser un problema, era una bendición para el Barça porque así se ahorraba unos milloncejos de los objetivo previstos en el coste de su fichaje.

Así que, por favor, no nos vengan con el cuento de que la prensa está para contar lo que pasa porque, al menos la española, representa justo lo contrario.

Diego Torres, un mentiroso compulsivo

Uno de los máximos exponentes del más repugnante periodismo deportivo español es el protagonista del incidente, Diego Torres.

Un tipo que no le dice la verdad ni al médico y cuyas noticias, que él considera exclusivas, en especial sobre el Real Madrid (institución que detesta profundamente), no son más que una sucesión de mentiras, eso sí, aderezadas de presuntas y fantasmagóricas filtraciones procedentes del vestuario, la “dirigencia” como él mismo dice, el club, etc.

A pesar de que fue felizmente fulminado de la sala de prensa del Real Madrid desde hace un par de temporadas, donde habitualmente malmetía con preguntas insidiosas que luego traducía en infames artículos en su periódico, siempre contra el club, sus entrenadores y sus jugadores, lo cierto es que Diego Torres ha venido colaborando con la emisora catalana RAC1, desde la que siguió inventando ridículas historias.

La más bochornosa y que, por cierto, no fue objeto de crítica por parte de sus compañeros, que sí salieron al unísono a defenderle tras su incidente con Isco, fue la información en la que, basándose en unas presuntas informaciones procedentes del club, afirmó que Zidane se hizo entrenador presionado por su mujer para buscarle acomodo a sus hijos en el Real Madrid.

Una patraña que, por sí sola, debió haberle costado su puesto de vivir en un país medianamente serio y con una prensa digna pero no fue así y siguió trabajando en el medio. De hecho, su currículum desinformativo está trufado de mil y una mentiras, especialmente sobre Jose Mourinho.

Sonado fue, por ejemplo, aquel artículo de 2011 en el que narró con pelos y señales una falsa bronca del entrenador portugués, al que odiaba con toda su alma, en la que Mourinho estampaba una falsa lata de Red Bull de frutos del bosque (de hecho, esa bebida no existe salvo en la imaginación de Torres) contra una pared del vestuario y que, por descontado, fue desmentida por los protagonistas.

El artículo de la discordia y la famosa pregunta de Torres

Aunque, como digo, dejó de cubrir la información del Real Madrid, Torres pasó a cubrir la información de la Selección Española y este último campeonato dio todo un recital de sectarismo que, ante el fracaso de sus adorados Iniesta y Silva, le llevó a poner a Isco en el centro de su particular diana.

La gota que colmó el vaso fue el artículo “La ira de Iniesta y la crecida de Isco”, publicado por el argentino en El País un día después del empate a uno ante Marruecos y en el que el malagueño marcó el gol español y fue el mejor del equipo.

Aquello no le sentó nada bien al periodista quien, en un artículo deleznable, de opinión en el fondo pero disfrazado en todo momento de información pura y dura y basándose en coletillas. que hacía pensar que lo que sostenía Torres no era fruto de su calenturienta imaginación sino de información contrastada.

“A ojo de los profesionales, ni los desbordes ni el gol de Isco a Marruecos, a pase de Iniesta, disimularon que durante largas fases del partido bajó a recibir a la altura de los centrales, donde la vida es más dulce, en lugar de intentar pedir la pelota entre líneas para descuadrar la defensa contraria como hizo Silva. Las maniobras evasivas de Isco repercutieron directamente en Iniesta, que debió subir a hacer el trabajo del malagueño y correr el doble cada vez que España perdió la pelota” (La ira de Iniesta y la crecida de Isco, Diego Torres)

Coletillas como “Desde la concentración aseguran”, “los ideólogos del sistema sostienen”, “Los compañeros consultados recuerdan”, etc. el argentino acusó directamente a Isco no ya de “chupón” (término que él mismo utiliza en su artículo) sino, lo más grave, de perjudicar con su juego el de Iniesta y Silva, al que obliga según él a bajar más a zonas más “turbulentas” mientras que el malagueño prefiere vivir en zonas donde luce más y así logra más protagonismo.

Es más, textualmente y citando la opinión de unos fantasmagóricos “profesionales”, a cuyo ojo, “ni los desbordes ni el gol de Isco a Marruecos, a pase de Iniesta, disimularon que durante largas fases del partido bajó a recibir a la altura de los centrales, donde la vida es más dulce, en lugar de intentar pedir la pelota entre líneas para descuadrar la defensa contraria como hizo Silva. Las maniobras evasivas de Isco repercutieron directamente en Iniesta, que debió subir a hacer el trabajo del malagueño y correr el doble cada vez que España perdió la pelota”.

Ni qué decir tiene que Isco, uno de los pocos jugadores que se han atrevido públicamente a enfrentarse con la prensa, no tardó en responder a aquel artículo y al día siguiente publicó un tuit en su cuenta, enlazándolo y diciéndole directamente a su autor que era muy malo.

Pues bien, pasados un par de meses desde aquella reacción, por cierto, muy criticada también por la prensa en su conjunto, muy poco habituada a que la parte que generalmente recibe sus críticas y, en especial los futbolistas, le planten cara y les salgan respondones, llegó la citada rueda de prensa y la pregunta de Torres.

Una pregunta, inocente y futbolera para sus compañeros de la prensa, que viendo el párrafo antes citado de aquel artículo, resultó no ser en absoluto inocente y sí muy interesada. De hecho, sólo se puede entender la pregunta como una continuación de aquel texto y, desde luego, conociendo la calaña del sujeto en cuestión, sin ningún tipo de buena intención por su parte.

Por tanto, y una vez puestas las cosas en su contexto, se entiende menos aún la defensa a ultranza que del “fabulista” argentino ha llevado a cabo el colectivo periodístico español. Lejos de ser bienintencionada la pregunta, ésta llevaba consigo sin duda la intención de prolongar su ataque al malagueño, a quien Torres tiene entre ceja y ceja desde hace ya tiempo.

Porque, como se dice del dedo y la luna, sus compañeros de profesión se han quedado todos como el tonto del refrán mirando el dedo, que no es otro que la respuesta de Isco y criticarla, en vez de machacar a Torres por su mala praxis, entre otras cosas, disfrazando cobardemente de información lo que era una sucesión de opiniones, recubiertas de un verbo florido y de constantes apelaciones a fuentes procedentes del interior del vestuario.

Desgraciadamente, como en tantas otras ocasiones, no habrá autocrítica por parte del colectivo periodístico español, cada día más denostado socialmente, por más que entre ellos estén encantados de haberse conocido pero mientras quede gente tan valiente como Isco, quizás la esperanza de que algo cambie no esté perdida del todo…

1 pensamiento en “Isco tiene razón”

  1. El vergonzoso corporativismo mal entendido de nuestra prensa, que se vende además por muy poco, una filtración, viajar con el equipo, una entrevista,… Y luego, a practicar sus especialidades: el lameculismo al culé y el doblerraserismo. Gran artículo, muy clarificador.

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