El Marcelismo, el Prevaricador y D. Tancredo Pérez

Marcelo

Con la venia. Pocas veces nos encontraremos, en un solo partido, un muestrario de fechorías tan completas que resuman tan bien la situación del club, tanto institucional como deportivamente. Si me lo permiten, les cuento.

Tres son los motivos que explican, grosso modo, por qué estamos como estamos. Porque fueron tres la causas que motivaron una injusta derrota: una marcelada más, un prevaricador más y un inexistente metedor de goles. La más grave, la prevaricación. Las otras dos se pueden subsanar con tiempo y decisión.

Lo del prevaricador, difícilmente, porque es estructural, porque deriva de una competición corrupta y de unos intereses corruptos inconfesables y con tintes políticos, mediáticos y deportivos.

Eso, sin duda alguna, fue lo peor de la derrota: llevamos tiempo viendo cómo las líneas rojas se traspasan con la inestimable ayuda del dizque periodismo afecto al régimen.  El domingo de Reyes, la línea roja quedó tan lejos que ni siquiera ya se vislumbra en el horizonte.

El Marcelismo

Aunque pueda llamar a engaño, les advierto que este apartado no va específicamente sobre el jugador del Real Madrid. Va sobre un tipo de jugador y una forma de comportarse muy peculiar, que, en estos momentos de bajón, encarna perfectamente el jugador brasileño.

Antes que él fueron otros que, con sus características propias, terminaron todos por presentar los mismos tics, las mismas reacciones y afectados por el mismo mal. Una forma de ser que a mí me resulta especialmente detestable, una forma de ser que termina por afectar a su rendimiento y a su profesionalidad.

De hecho, si por mi fuera, y al primer síntoma, finiquito, venta y a otra cosa mariposa, porque la experiencia nos ha demostrado que son irrecuperables y su mal es equiparable a una metástasis. Son los jugadores que, por fas o nefas, terminan creyéndose más importantes que el club.

El trayecto que sigue un jugador para terminar pensando que es él el que le ha dado al club y no al revés, es un asunto que se escapa de mi capacidad comprensiva. Supongo que los moscones que revoletean en su entorno tendrán mucho que ver. O esos amigotes de fiestas, copas y otras diversiones, más o menos, confesables. O, sin duda, esos periodistas de chuletón y güisquito.

Y la inmadurez, la falta de preparación y de cierto nivel cultural. Tal vez ese representante que en lugar de aconsejarle, atisba un traspasazo con comisionaza. O puede que todo a la vez.

El caso es que un día nuestro protagonista se levanta y lee, o le cuentan, lo que dice la prensa o la radio. Los innumerables halagos y loas. La injusta situación de suplencia, con todo lo que él está dando o ha dado.

Se cruza por la calle con aficionados que le abrazan, le babean y le dicen que le apoyan. Y las tertulias que ve o le cuentan. Y su representante le ofrece otros sitios donde ganará más y le valorarán como la estrella mundial que él ya es. Un día tras otro.

Todo esto mientras su posición en la plantilla y en el equipo titular se consolida progresivamente, normalmente gracias a un gran rendimiento. Poco a poco van quedando atrás los malos recuerdos de suplencias y sinsabores.

Una vez alcanzada la meta, el normal de los mortales se agarraría a su nueva situación como garrapata a perro pulgoso. Sobre todo si lo ha pasado mal. Y seguirá peleando, entrenando, aprendiendo y creciendo.

Algunos lo hacen, otros, no; en estos casos su consolidación no es por trabajo y sacrificio, es por derecho natural. Lo merecen porque sí. Y ese mismo derecho natural es el que le dice que entrene como entrene, él es, y así debe ser, titular en cada uno de los partidos. Se lo ha ganado. Y lo que se da no se quita.

Se dice a sí mismo que es tan bueno que los partidos ya le valen como entrenamiento. Y así, los partidos poco importantes se convierten en trámites rutinarios y ni qué decir de los entrenamientos.

La forma física está sobrevalorada pues él es un elegido al que el talento le da y le sobra. Así se lo dice todo el mundo. Los rigores tácticos, la concentración desde el primer al último minuto y la disciplina, son cuestiones solo a tener en cuenta por los meritorios que aún no han alcanzado la gloria. Él, no. Él ya está por encima del bien y del mal.

Con un físico manifiestamente mejorable (patético, en el caso particular que contemplamos) y con una falta de concentración y disciplina que en cualquier otro club daría con sus huesos en algún país del Este criando sabañones, se nos presenta este peculiar tipo de jugador a defender el escudo del club que un día refundó D. Santiago Bernabéu.

Con Marcelo todo lo anterior se ha sublimado. Ha alcanzado el paroxismo. Empezar a recordar sus groseros errores de concentración empieza a ser una tarea muy dificultosa y solo para privilegiados de memoria casi fotográfica. Contemplar su horrorosa figura de futbolista retirado para partidos de homenaje, es un martirio. El rey va desnudo y es un clamor. El rey va desnudo y, además, está ciego y sordo.

Nunca he sido muy aficionado al baloncesto, sobre todo desde que se marchó a Sabonis a la NBA y empecé a tener la sensación de ser cantera de los americanos. No obstante, algo si conozco.

Recuerdo a Felipe Reyes cuando vino al Madrid ya hace unos cuantos años. Y recuerdo verle lanzar tiros libres. Mejor dicho, recuerdo verle tirar pedradas contra un tablero. Supongo que a Felipe Reyes le debía reconcomer esa incapacidad.

Y supongo que Felipe un día se dijo a sí mismo que hasta había llegado. Y poco a poco, supongo que con horas de entrenamiento, terminó por convertirse, ya hace algún tiempo, en un excelente  tirador.  Pero claro, y esto es otro barrunto mío, Felipe siempre ha dado la sensación de estar muy, muy, muy alejado de cualquier pedestal imaginario o prefabricado.

Marcelo, desde hace varias temporadas, nos viene castigando atrozmente con una serie de actuaciones que a cada año transcurrido se han ido convirtiendo en más groseras y más recurrentes.

De hecho, raro es el partido en el que no os regala una, dos o incluso varias de ellas. Lejos de mostrar arrepentimiento y propósito de enmienda, el muchacho muestra el mismo descaro de siempre. Felipe con los años se ha hecho mejor jugador de baloncesto. Marcelo con los años va camino de la decrepitud en plena carrera deportiva. A fin de cuentas, para qué mejorar, él ya es inmejorable.

Este mismo año, nos privó del primer título oficial. Y los episodios se sucedieron. Especialmente llamativo, por su transparencia y falta de disimulo, fue el episodio de Gerona, cuando Lope, después de un partido infame, decidió que era hora de dejar de sufrir y lo sustituyó por Nacho.

El resto ya lo saben. Preguntado, dijo no entender el cambio. Fue el único que no entendió el cambio de entre los miles que lo vieron in situ o los millones que lo vimos en directo por TV. Ni siquiera los efectos, claramente positivos, que el cambio provocó en el juego del equipo, ergo, en el resultado, le hicieron recapacitar. Hasta ese grado de cretinismo demencial se puede llegar.

Lope se arredró. El resto es historia. Después vino lo de Sevilla o lo de Villarreal de hace pocos días. Villarreal es un campo donde el pasado año, Marcelo nos regaló un episodio que, si no fuera porque el partido era intrascendente y por la protección mediática que se gasta, hubiera dado lugar a querella criminal.

Todavía recuerdo ese balón cruzado a Samu Castillejo mientras él se atusaba sus pelos. Cuando se quiso dar cuenta, Castillejo ya estaba al lado de Luca Zidane. Fue gol, claro.

Los japos estuvieron en un tris de liárnosla parda en el Mundial de Clubes. Cortesía de Marcelo. Lo mismo que los árabes del equipo ese con nombre de mil y una noches. Ramos la sacó bajo palos. Cortesía de D. Marcelo.  El domingo anocheciendo asistimos a otra de las suyas que terminó provocando el penalti que puso el partido muy cuesta arriba.

Estas son algunas de las evidentes en las que aparece en todo su esplendor. Hay muchas más. Todos lo sabemos. Muchas más que no quiero recordar porque me pone de muy mal humor.

Desgraciadamente su influencia no acaba ahí. Están esos intangibles que tanto daño hacen al equipo y que tan desapercibidas pasan. Ese contrataque rival al que nunca llega, lastrado por su voluminoso culo. Ese marcaje a distancia de varios metros y que permite a su marca pasar con toda comodidad a la mejor opción posible. Y lo peor de todo ello: las nulas ganas de corregir, de aprender, de enmendarse y trabajar para no fallar y ser mejor jugador.

Ayer era el Casillismo con su par de volteretas. Hoy es el Marcelismo, con sus lorzas de vuelta de vacaciones. Mañana será, y pinta que así será, el Isquismo al que no se le puede pitar porque él, ya está en el mismo pedestal que Marcelo.

Cómo me recordó al Marcelismo, esprintando slow motion, ver a Isco correr detrás de un jugador de la Real, en un contragolpe, perdiendo metros y metros respecto al jugador de la Real.

Lo peor fue la deprimente imagen de ver correr a un tipo fino y estilizado, tal vez no muy rápido, pero en forma y detrás de él a una versión casera del barrilete cósmico. Uno parecía deslizarse por el césped, el otro parecía que rodaba. Isco no es un jugador rápido, pero yo he visto a Isco correr y esa imagen del domingo 6 de enero, fue patética e impropia del Isco de otra época no muy lejana.

Y así volvemos al punto de partida ¿Cómo es posible presentar semejante estado en la jornada 18 de la liga? A Isco le cayó una bronca de muy señor mío en el partido contra el CSKA por desperdiciar un clarísima ocasión de gol por mor de una desesperante lentitud de movimientos (algo tendrá que ver su indisimulable sobrepeso).

Isco se revolvió contra el público porque se sintió ofendido. Al igual que el Innato de Móstoles cuando mandó a tomar por culo a la grada del Bernabéu después de su enésima cantada. Vinicius, muy al final del partido, disparó a puerta y el balón salió pegado al banderín del córner. Lo que quedaba de grada le ovacionó. Todos sabemos por qué.

Vinicius sabe perfectamente qué es y lo que tiene que hacer para llegar a ser. Pues bien, no les extrañe que dentro de unos años, estemos aquí mismo hablando del vinicismo como continuación del Casillismo, Marcelismo e Isquismo.

Porque al margen de los malos resultados, la crianza de jugadores cretinos tan pagados de sí mismos tiene un efecto pernicioso, tal vez peor que el de los resultados: su influencia en jugadores de cantera o venidos de otros sitios.

Si no se pone remedio, es cuestión de tiempo que Vinicius, tal vez Marcos Llorente, Ceballos o Fede Valverde, terminen infectándose de ese virus tan macabro que lleva a jugadores excelentes a transformarse en paquetes infames, gordos, indisciplinados, a los que no se les puede exigir nada pues ellos nos han dato tanto…¿les suena?

El Prevaricador

Decía yo que el marcelismo puso el primer eslabón para que el partido se pusiera cuesta arriba. Pero dado que el Madrid tiene excelentes jugadores todavía sin malear, hizo falta algo más que el Marcelismo para que no se ganase el partido de marras. Y el Madrid empezó a jugar y a crear oportunidades de gol y jugadas de peligro inminente dentro de las áreas. Y vino la prevaricación.

Llevamos viendo jugadas escandalosas desde hace ya varios años. Desde lo del infame Gracia Redondo (sujeto investigable per se) hasta nuestros días hemos visto de todo. Hemos visto cosas que ya quisiera para sí Roy Batty.

Muchas de las cosas más recientes quizás excedan en grosería trilera a lo del domingo por la noche, pero la principal diferencia de todas ellas con respecto al domingo de Reyes fue la aparición del VAR.

Hace unos años vimos anular un gol a Gareth Bale contra, ¡cómo no!, el Barcelona, por ser un excelente rematador de cabeza. En la Premier, al trilero que anuló aquello le hubieran mandado a la Segunda inglesa a un cursillo de reciclaje.

Hemos visto el autopenalti más ridículo de la historia, mientras que al pelirrojo revientacajas que lo pitó se le designaba como mejor árbitro de la Liga. Hemos visto al del Burgos Bengoetxea entrar en celo ante la posibilidad de expulsar a Cristiano en un partido de supercopa. Hemos visto a Hdezbis, ya mencionado, tragarse un penalti a Marcelo por coz de Alba, cuyo eco todavía resuena en vía Laietana.

Por no hablar de esos penaltis extemporáneos que no se podían pitar porque sucedían demasiado pronto o demasiado tarde. En todas ellas, y algunas más, echándole mucha buena fe, demasiada, siempre cabía la posibilidad del error humano. Y ya es echarle, pues en algunos casos habría que añadir a lo del error, serias deficiencias fisiológicas como la ceguera o la sordera.

Y por eso, todos nos felicitamos con el VAR. Los peores pensados, como yo, intuimos que siempre habría mil y una formas de saltarse el VAR. Bastaba con machacar con faltas al rival, amarillas van, amarillas vienen. Esa barrera a distancia inexacta. Esas repeticiones que no se dan porque el ángulo no estaba previsto. Esa coz que no se ve y que misteriosamente nadie del VAR advierte. En fin. Esas cosas. Esas prevaricaciones.

El domingo sucedió una de esas jugadas tan groseras que no dejan lugar a dudas, ni siquiera al primer vistazo, que antes ocurrían y que nos dejaban con el amargo sabor en la boca de competición corrupta pero sin pruebas fehacientes. Todos sabíamos que había un cadáver, pero el muerto nunca aparecía. El domingo apareció el muerto. Y dio igual.

El meapilas farmacéutico Munuera, con su cara de seminarista, vio a pocos metros el suceso. Vinicius iba a marcar el empate. Fue derribado por el portero. El meapilas se hizo el lonchas y con su dedito acusador señaló al balón. Más o menos nos quiso decir que el portero había tocado balón.

Lo cual no deja de ser una sacrosanta gilipollez, pues de ser así, lo tocó tan levemente que dejó el balón tan al alcance del brasileño que este hubiera podido seguir la jugada de no ser porque el portero de la Real se lo llevó puesto.

Era una de esas jugadas escandalosas que más arriba he mencionado. Es una jugada que si hubiera acaecido en cualquier otro campo de España se hubiera pitado como lo que fue. Y todos, absolutamente todos, sabemos que Munuera (incluso presuponiendo su honradez y que de verdad no vio penalti) nunca, NUNCA hubiera tenido huevos de no pitar en casa del culéindependentismo. Ya nos conocemos.

Pero como somos buenas personas, vayamos más allá e intentemos comprender a Munuera. Partamos de la base (tal vez errónea) de que tan solo es un mal árbitro pero honrado. Pónganse en su lugar al momento de la jugada. Muy rápida.

Usted es honrado y ve lo que todos vemos…que parece penalti. Y usted, que es Munuera, se dice a sí mismo: “pito penalti y si no lo es, el VAR me dirá”. Pero usted, que es Munuera, no hace lo que el sentido común dicta. Y yo le preguntaría: “¿qué ha visto usted?” Y usted me diría: “toca balón”. Y yo le diría: “imposible, solo repitiendo la jugada a cámara superlenta se puede observar como roza levemente el balón con el dedo corazón de la mano derecha. No desvía el balón de su trayectoria ni lo impulsa con suficiente fuerza como alejarlo de Vinicius”.

Entonces usted, que es malo pero honrado, me dice: “está bien, fui abducido telepáticamente por unos extraterrestres de Ganímedes”. Y yo me debatiría entre la opción alienígena o por pensar que me está tomando el pelo y es usted un sinvergüenza.  Difícil decisión, la verdad. No sabría por qué decantarme.

La jugada continuó. ¡Ah, pero tenemos el VAR!, todos pensamos aliviados. El fulano del VAR vio la jugada. La vio al instante. Mucho antes que ustedes y que yo. Vio las manos de Rulli alrededor de los tobillos de Vinicius.

Lo debió ver con el ojo del culo o tal vez le pilló limpiándose el ídem en el cuarto de baño. Vayan ustedes a saber. Sabemos que Munuera se alegró mucho por rectificar, con VAR en mano, un gol injustamente anulado al Eibar.

Ergo él sabía que el VAR bien utilizado ayuda. Y ayuda mucho. Pero hete aquí que no sabemos si Melero vio lo que debería haber visto y se achantó (sean ustedes mal pensados, tienen derecho) o no vio lo que debería haber visto (sean ustedes peor pensados).

En cualquiera de los dos casos, las consecuencias son las mismas: o Melero es un sinvergüenza de tomo y lomo o vende cupones de la ONCE…o debería. Lo que sea, menos arbitrar en el césped o en el VAR.

Y un último favor. Ahora usted es Melero. Es igual de malo pero también es honrado. ¿Usted no le hubiera aconsejado al monaguillo Munuera que viera la jugada repetida? ¿Siendo usted juez honrado no le daría a un compañero suyo de profesión todos los instrumentos a su alcance para que este dictara una sentencia lo más justa posible? Sí, ¿verdad? Pero claro, partimos de un hecho que tal vez sea erróneo: presuponemos la honradez. Te seguimos queriendo, Victoriano.

¿Recuerdan aquella charla formativa del ínclito Velasco Carballo tomando como ejemplo el penalti de Varane en el partido del Barcelona contra el Real Madrid? Algo así como, “¡¡Niño espera, no te precipites, ven a verlo y después si eso tú ya…!!”. Los paisanos del VAR, ese día sabían lo que habían visto. Bueno, era Hdezbis en su versión VAR. Dieron pistas sin darlas.

El domingo 6 de enero ni siquiera dejaron resquicios a la duda. Si es que esta existía, que ya es suponer. Hacer (en este caso no hacer) algo a sabiendas de que es injusto. Eso se llama prevaricación. Prevaricación deportiva.

Y ante una prevaricación tan clara, solo cabe una cosa: la querella. En este caso, montar la zapatiesta. Montar una zapatiesta de tres pares de cojones a través de tu tele y de los pocos periodistas dispuestos. Por la mañana, por la tarde y por la noche. Hacer famoso al burriciego Munuera y al prevaricator del VAR. Te van a seguir insultando. Te van a seguir llamando ladrón, llorón y mafioso calientabolas. No tienes nada que perder.

En ese partido hubo muchas más cosas. La segunda amarilla a Lucas que comparada con la entrada que le hicieron a Benzemá en el partido de Villarreal es como una ligera brisilla en una noche de verano. O la amarilla a Modric, con el burriciego meapilas ya venido arriba definitivamente. O el no menos claro penalti a Ramos.

El Bein tiene un extraño comentador de fúrbol. Es un tipo longilíneo, independentista y a sueldo de Gargamel Roures. Dijo que no fue penalti. Se llama Axel y España nos roba.  Sospechoso, muy sospechoso.

En fin, el Madrid no iba a ganar esta liga aunque el domingo hubiera sido arbitrado por personas decentes. Y sospecho lo mismo aunque la competición fuera transparente y limpia. Aunque fuera un clon de La Premier.

Pero lo del día de Reyes traspasó todas las líneas rojas. Y no se puede permitir. ¿Qué hacer? Yo he puesto mi granito de arena. Ya lo he escrito en muchas otras ocasiones. Si de mí dependiera, árbitro sinvergüenza, árbitro que yo haría famoso para los restos.

Exactamente como hizo, illo tempore, el culéindependentismo con Guruceta (qepd). Y sí, también: romper definitivamente con Gargamel Roures. ¿Se puede pensar que lo del domingo fue una forma de presionar del gargamelismo amo del VAR para renovar el contrato con RMTV?

D. Tancredo Pérez

Naturalmente nada de lo relatado en los dos apartados anteriores hubiera sucedido ayer si el admirado (por tantísimas cosas) Florentino Pérez no fuera D. Tancredo Pérez con ese indignante silencio y falta de reacción.

En primer lugar por permitir que el Marcelismo florezca, reine y campee por todos los campos de España, para mayor escarnio nuestro. El día que pudieron con Mou, triunfó una forma de ser en ese vestuario que, a pesar de los títulos, nos lleva al cataclismo cuando los años, las lorzas o simplemente la escasez de ganas se han hecho más patentes.

En segundo lugar, por permitir, sin abrir el pico, que el lema “Te queremos, Victoriano”, esté más vigente que nunca. Ahora con recochineo y VAR. Y recuerdo que el quinquicholismo, por una jugada infinitamente más intrascendente, procedió a emitir una nota solicitando aclaración. Desde aquel entonces, miel sobre hojuelas para el quinquicholismo.

En tercer lugar, a mí me parece de perlas que Flóper invierta en jugadores jóvenes. Estoy absolutamente convencido de que dará resultado y que más de uno, más de dos y más de tres, serán jugadores formidables. Pero no es suficiente para hacer una transición más o menos amable.

Aproximadamente hacia primeros de julio ya había gente pidiendo la dimisión de Florentino por no fichar. El cagaprisismo, que tan poco ayuda, haciendo de las suyas. Yo, ingenuo, pensé que el puesto dejado por Cristiano sería cubierto por otro jugador con pedigrí y que la marcha del jugador portugués traería diferencias de juego.

En algunas facetas perderíamos y en otras, ganaríamos. No fue cubierta y el Madrid está cojo. El cristianerismo tan suyo y tan mojabragas, ha aprovechado la ocasión. Y enseña la patita siempre.

Fichar un delantero centro de los de verdad, con experiencia y tablas, era casi una obligación. Mariano era una oportunidad cojonuda y se hizo muy bien en aprovecharla…para complementar. Cuando se aproximaban los últimos días de agosto, empezamos a atisbar que iba a ser que no.

Todos nos temimos lo peor y las críticas fueron generalizadas (me incluyo). A estas alturas del partido, el cagaprisismo había pasado de pedir la dimisión de Floper a pedir su guillotinamiento. Y las gilipolleces en torno a mbapeses y similares empezaron a rodar como verdades absolutas a pesar de las declaraciones de directivos del Mónaco y gente que estuvo presente en el traspaso al PSG.

Todo lo anterior contribuyó a la histeria aún más. El Mundial y el nefasto estado de forma de muchos jugadores lo agrandó. Finalmente, Lope con su extraña manera de proceder nos colocó al borde del precipicio. Santi, salvo decisiones puntuales, es el menos responsable de todos.

En medio de toda esta vorágine, el fichaje de un delantero centro de cierto renombre no solo hubiera contribuido materialmente con goles. También lo hubiera hecho psicológicamente y hubiera contribuido a llenar esa sensación de vacío que dejó el portugués, del que yo sigo opinando que en poco se hubiera notado su marcha, si Floper le hubiera echado un par de cojones al asunto y hubiera traído a un icardi cualquiera o similar.

No se hizo y el domingo 6 de enero, y en otros tantos días, hemos visto los efectos. Alguna de las muchas ocasiones, un delantero centro de los clásicos, de los de toda la vida, hubiera cazado. Como el día del Levante o el día del Alavés, por citar solo un par de casos.

A este respecto, cabe añadir un apunte más y no sé si es achacable a D. Tancredo Pérez. La forma tan deleznable en la que se ha gestionado a los chicos más jóvenes. Estamos viendo a los mismos cabrones de siempre pero en peor forma y con menos ganas, o eso parece.

Y cada aparición de uno de estos chicos, genera nueva ilusión porque juegan mejor, porque destacan por encima de las vacas consagradas o sin consagrar. Sin embargo, aparecen y desaparecen sin saber muy bien por qué. Vinicius, Valverde, Llorente, Odriozola, hasta el mismo Reguilón.

Da toda la sensación de que los entrenadores no se atreven. Y si hemos de creer a algún periodista medio serio que maneja algo de información, no será porque no cuenten con el respaldo de la directiva, es decir, de Flóper. Apoyo lógico, por otro lado.

Debe estar deseando que uno de sus niños explote. Aquí el marcelismo y su titularidad adjunta e indiscutible juega en contra de los chicos y de los intereses del club. Lope se cagó y otro tanto parece que le está sucediendo a Solari que se ha medio atrevido con Isco pero no con Marcelo y su infame estado de forma y rendimiento.

En tal caso a Floper, indirectamente, le corresponde la culpa de haber permitido el empoderamiento de este tipo de jugador tan peculiar que se considera por encima del bien, del mal, del club, de Floper, del entrenador de turno y, por supuesto, de los chicos jóvenes con más ganas, con más ilusión, ergo, más profesionales.

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