Dinastía caída: el final de la época más brillante de la historia de Real Madrid

Me siento a las 12:02 AM del 6 de marzo, día del aniversario del equipo que amo, a escribir, posiblemente, la columna más triste que he tenido la (mala) dicha de escribir en mi vida.
La fatídica noche del 5 de marzo supuso, de la forma más poética posible, el final de una dinastía que solo tenía dos caminos: continuar extendiendo su legado o caer de la forma más estrepitosa y dejando a su paso la estela de haber sido la mejor versión de su historia.
Si hace una semana me decían que íbamos a perder todo en tres partidos, lo hubiese creído sin problema. Mas sin embargo, me hubiera aferrado a la ilusión de saber que la mística que tiene el equipo con la Champions (esa especial conjunción de sentimientos que muchos equipos intentan igualar sin éxito) estaba intacta y que este equipo toma las noches europeas como lo que son: las más importantes de cualquier temporada.
La vida a veces es impredecible pero, siendo un poco sereno, siempre se puede esperar un final o consecuencia basados en acontecimientos que, sin mucho alarde, tienen el particular talento de indicar como terminará una historia. La de anoche ha sido, por mucho, la peor historia de terror en los ya 117 años de existencia del aún campeón del mundo ¡Muerto el Rey, viva el Rey!.
Los indicios de este final esperado empezaron desde la temporada pasada. Una en la que el equipo escogió desenchufarse de las competiciones muy temprano e intentó salvar ganando la tercera Champions League consecutiva, la Decimotercera. Si bien era un equipo que no se cansaba de ganar, se notaban ciertas fallas en la estructura que podían traerse muchas cosas abajo y la reacción no se hizo esperar.
Para analizar correctamente el recuento de los daños, me parece importantísimo separar esto por los diferentes actores que hacen que sea esta, y sin temor a equivocarme, la peor temporada del Real Madrid en los 117 años de historia. No por cómo se dan propiamente los resultados sino por la imagen de equipo desgastado, borrado y disminuído que por primera vez en mis 29 años he tenido la desdicha de ver. El Madrid menos Madrid es el de 2018/2019.

La salida de Cristiano Ronaldo

Para muchos fue un desplante. Para otros, “ganas de robar los focos”. Para mí, el primer aviso de lo que podía ser el fin a la época más importante del club. Después de 9 años, 4 Champions, 4 Mundiales de Clubes y el récord de goles, Cristiano decidió salir de la casa blanca buscando un nuevo aire y un lugar donde se sintiera querido realmente.

Y es que no se le puede culpar después de ver al Bernabéu abucheándole en momentos complicados y, a la visita siguiente, a todo el Juventus Stadium aplaudiendo de pie por haber visto una obra maestra en su propio patio.
Siempre dije que los madridistas no valorábamos como se debía al heredero de don Alfredo y, sin temor a equivocarme [con afán de entrar en cualquier discusión argumentada], al mejor jugador que ha tenido el privilegio de poner el escudo del Madrid en su pecho. Las abucheadas, los constantes encares y los menosprecio a sus goles de un sector bastante grande de la afición terminaron poniendo punto final a la era del Bicho en Madrid y a la competitividad de este equipo.
Ninguneado por la prensa (que le levantaba en las noches enormes y pisoteaba en las no tan buenas), ninguneado por una parte de la afición que le cobraba su origen portugués y dolido por la falta de cariño de un público “soberano” (palabra que entrecomillo porque parece cada vez más una banda de lobos esperando a su presa, influenciada en su mayoría por medios de Madrid, que no madridistas), Cristiano dejó detrás suyo el inicio del fin.
Un equipo acostumbrado a tener a quien recurrir en momentos de apremio quedó huérfano y nunca se recuperó del gol más duro de los últimos años. Siempre dije que la primera temporada post-Cristiano iba a ser la peor en mucho tiempo y la que iba a definir el temple y caracter de los llamados líderes y capitanes; maldito tiempo que me ha dado la razón.

Planificación mezquina

La partida del jugador emblema de la última década debía suponer el inicio de una renovación inmediata. Todos teníamos claros que la matemática de “50 goles se los reparten entre todos” estaba tan mal como haber dejado salir a Cristiano por solo 100 millones.
Esta planificación extraña y absurda no es de este verano, que quede claro. Es el cúmulo de malas decisiones tomadas en los últimos dos o tres mercados en los que la renovación de la plantilla ha merecido más a no querer gastar y/o fichar en puestos innecesarios de refuerzos.
En la temporada 2017/2018, el equipo adoleció la llegada de jugadores de peso que dieran competencia al equipo, a los titulares y le ayudaran a Cristiano y Modrić a tirar del carro.
Con una pésima temporada y media de Benzema, Bale pasando más tiempo lesionado que en el campo y la intermitencia en el nivel de Isco, Asensio y Kroos, esperábamos que ganar la Decimocuarta no fuera el ungüento para seguir avalando un proyecto deportivo que había sido exitoso mas tenía muchas fallas desde sus adentros.
Jugadores intocables, suplentes bajos de forma y sin nivel y, sobre todo, sin el cartel de jugadores del equipo más grande del mundo.
El inicio de la 18/19 trajo consigo una luz de esperanza con la llegada de Vinicius y Odriozola pero el equipo seguía necesitando jugadores que le dieran el salto de calidad y la ayuda necesaria al equipo.
Mariano fue fichado como un “9” de relevo que durante la temporada no vio mas minutos que para anotarle a la Roma y se utilizado como carta a la desesperada para intentar salvar tres puntos. Ni en los peores momentos de Benzema, Mariano fue tomado en cuenta como una cara de peso en el ataque muy a pesar de lo que su temporada en la Ligue 1 demostraba.
El estático centro del campo tuvo su peor versión en años con un Casemiro pobrísimo, un Luka Modrić desenchufado y el fantasma de antes jugador llamado Toni Kroos rondando el césped del templo blanco.
Teniendo jugadores como Ceballos y el propio Fede Valverde que salían a jugarselas todas, mantener este medio campo intocable fue de lo que mayor factura la pasó al equipo. La falta de un fichaje que pudiese cumplir las condiciones y dar pelea a estos ‘titulares indiscutibles’ ha sido uno de los peores errores de la planificación de los últimos años.
En resumidas cuentas, un central para poner competencia al peor Ramos y mas lento Varane, un medio para poder dar descanso a Luka y sentar al peor Kroos de los últimos 5 años, un delantero que diera competencia a Benzema, ayudara a llevar la carga de goles que dejaba Cris y no fuera relegado a la grada en el dia más importante del año eran necesarios.
Y fichamos un lateral derecho y un portero innecesario. Lo que me lleva al siguiente tema.

Portería vacía

Parte del éxito del Madrid de este ciclo ganador en Europa había sido el tener a un portero que no solo ganara partidos si no campeonatos. Guste a quien guste, la dinastía blanca empezó con un actor en el arco que ni el propio Florentino quería.
Humillado por su intento de transferencia al Manchester United que se detuvo por solamente un fax, Keylor Navas vistió desde el primer dia la camiseta 1 del Madrid (la que usase los últimos 15 años don Iker Casillas) para enlazar en su primera temporada como titular, una seguidilla de partidos sin recibir goles, siendo bastión importantísimo para el buen papel en Liga desde la llegada de Zizou, para ganar el Mundial de Clubes y para ganar la primera Champions de este curso maravilloso e histórico.
Después de tres temporadas peleando con los mejores porteros de Europa (y siendo el mejor de mundo), KANG fue relegado al banquillo sin explicación. La llegada de Thibaut Courtois luego de hacer un buen mundial (y una temporada mediocre) y lo que personalmente considero como una orden directa de arriba, terminaron generando una extraña desconfianza en la parte baja del equipo, que ya de por sí estaba muy endeble.
41 goles en 31 partidos, la sensación de que la “seguridad por arriba” no es más que una pantalla y recibir goles absurdos por montón siguen cavando la tumba de lo que me pareció desde el principio como la noticia de una muerte anunciada.
Desde lo personal, Courtois tuvo un gran mundial pero no se acerca ni a ser del nivel de Ter Stegen o Jan Oblak, porteros referentes en sus equipos y que son parte importantísima de ellos. Y sí, muchísimo menos al nivel de Keylor Navas Gamboa. Que el “pero es europeo” no les nuble el pensamiento.

Falta de sangre: la pérdida de química entre el Bernabéu y la plantilla

Las temporadas post mundial siempre le cuestan mucho al equipo, es una verdad innegable. Más sin embargo, el ridículo fraguado desde inicios de la temporada anterior (salvado por la Decimotercera) tiene muchas razones que únicamente el peso físico del mundial sobre los jugadores.
Las Noches Mágicas del Bernabéu se basaban en una conjunción hermosa de la grada animando a más no poder, “llevando en volandas” al equipo y dándoles el aliento necesario para poder llevar al Madrid a superar los retos de cada semana con la demostración de sangre, temple, honor, huevos y demás de los 22 actores que se enfundan la camisa blanca semana a semana.
Puede ser la mala costumbre de ganar, la falta de ganas de los jugadores o el hecho significante de que el Bernabéu se haya vuelto una parada turística de rigor pero la mística se ha perdido. Mientras unos estamos al otro lado del mundo deseando poder estar en el Templo alentando al equipo, mostrándoles el apoyo incondicional; otros deciden seguir dando las entradas en reventa porque es mejor hacer dinero.
Yo, desde lo personal, achaco esto a una falta de hambre, ganas y sangre como pocas veces he visto en los equipos de fútbol. Pasividad defensiva, permisividad en el medio del campo y fallo de ocasiones por montón en ofensiva se juntan con la falta de reacción de un entrenador timorato que no quiso comprometerse a ayudar al equipo (ni sabía como) y un banquillo disminuído dan al traste con el batacazo de perder la temporada en Marzo. La temporada completa perdida en marzo, sí.
La falta de sangre te hace perder cuatro partidos seguidos en tu casa, te hace recibir cuatro goles SIN RESPUESTA de tu máximo rival, que te borra de dos torneos en una semana y te hace perder 1.000 días de reinado europeo contra un equipo inferior en nombre pero con el orgullo intacto. Ese mismo orgullo que desde el primer partido de la temporada parece haberse perdido.
Así que feliz cumpleaños, Real Madrid. El más amargo, deprimente y lastimado cumpleaños de tu historia. Haciendo recuento de daños de haber hecho el mayor ridículo que he tenido el disgusto de ver. Como todo gran imperio, decidiste caer en grande, como todo lo que haces.
Gracias por una época maravillosa en la que reinamos Europa (y el mundo) por más de 1.000 días. Volveremos mas fuertes que nunca. Hala Madrid.

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