El misterio Luis Suárez

Viendo la trayectoria de un tío como Luis Suárez, uno de los tíos más sucios, marrulleros y tramposos que he visto jamás en mi vida, me pregunto qué clase de arcano, de extraño e insondable misterio hay detrás de este hombre para vivir como vive, en la impunidad más absoluta.

Su última muesca en el revólver, un revólver que más bien parece un Winchester de repetición del Far West de la ingente cantidad de registros que tiene anotados en él, se produjo durante el pasado encuentro de Champions League ante el Olympique de Lyon, en el que el uruguayo elevó el fingimiento a otro nivel, inédito hasta la fecha.

En una jugada absolutamente abracadabrante, Luis Suárez no sólo pisó alevosamente el tobillo de Denayer sino que además, en una actuación digna de un Oscar, fingió haber sufrido una agresión del defensa francés, lo que derivó en penalti a favor del Barça.

Un historial delictivo demoledor…hasta llegar al Barça

No voy a entrar a valorar cómo una jugada como la del otro día y que todos vimos claramente sin necesidad de repetición que se trataba de una agresión del delantero culé, no fue revisada por el VAR y, sin embargo, acabó siendo señalada como penalti. Lo que me asombra es la impunidad en la que se mueve este pájaro.

Y es que resulta cuando menos sorprendente que un jugador con el “historial delictivo” que le precedía antes de su llegada al FC Barcelona, que le había llevado a perderse prácticamente una temporada entera a causa de sus sanciones, no haya sido expulsado ni una sola vez por su tristemente conocida agresividad para con sus rivales ni tampoco haya sido sancionado por sus engaños constantes, simulando faltas y agresiones (muchas de ellas, como ayer, usadas además para tapar una agresión suya previa).

No debemos olvidar que este sujeto, antideportivo y marrullero donde los haya, cuenta con una sólida acumulación de sanciones desde que llegó a Europa. Ya en 2010, cuando militaba en el Ajax de Amsterdam, Suárez fue sancionado con ocho partidos por morder a Bakkal, el jugador del PSV Eindhoven.

Pero no fue hasta que desembarcó en la Premier League británica en 2011 cuando Suárez mostró al orbe su cara más oscura y antideportiva. Así pues, tras un partido ante el Manchester United, el charrúa, ya en las filas del Liverpool, recibió una dura sanción de ocho partidos y 40.000 libras, debido a los insultos racistas que le dirigió a Fabrice Evra.

Aquella no fue la última vez que Suárez tuvo que pasarse unos cuantos partidos “a la sombra”. Ni mucho menos. En diciembre de 2011, la Federación Inglesa le sancionó con un partido y 20.000 libras por “dedicarle” una peineta a su afición, tras un partido ante el Fulham.

Pero la gota que colmó el vaso llegó casi al final de la temporada 2012/2013 cuando Suárez reincidió en algo que, por lo visto, le chifla como es morder a los rivales. En esta ocasión, su víctima fue el serbio Ivanovic, al que le lanzó una tremenda dentellada en el brazo durante un Liverpool-Chelsea en Anfield Road.

Aquella jugada pasó inadvertida para el árbitro de aquel partido pero fue rearbitrada por la Federación, que le impuso una sanción ejemplar de 10 partidos, el castigo más alto de la historia de la Premier. Tres por conducta violenta y siete más por lo repugnantemente antideportivo de la acción.

Lejos de mostrar aquello que nos enseñaron en el Catecismo referente al “propósito de la enmienda”, Luis Suárez apenas tardó un año en volver a enseñar los dientes, en el sentido literal de la expresión.

Fue durante el Mundial de Brasil, en junio de 2014, cuando propinó un tercer bocado, en este caso en el hombro, al italiano Chiellini durante la disputa de un Uruguay-.Italia de la fase de grupos del citado campeonato.

Aquella acción provocó una airada reacción de la FIFA, cuyo comité disciplinario, harto de las salvajadas del jugador uruguayo, le impuso una sanción inédita hasta la fecha por su dureza. En concreto, le sancionó con nueve partidos y la prohibición incluso de acercarse a una instalación deportiva durante cuatro meses.

Entre medias de aquella sanción, llegó el hecho diferencial que cambió su suerte, no sólo deportivamente sino en lo disciplinario. Me refiero a su fichaje por el Barça, algo que, visto lo visto años después, se conviritió en algo más que un simple fichaje (caro, muy caro, por cierto), se convirtió en su salvoconducto.

El rey de la impunidad

Desde que en agosto de 2014, Luis Suárez empezó a vestir la camiseta blaugrana ha vivido una especie de balsa de aceite, una estancia placentera en la que ha podido campar a sus anchas haciendo absolutamente todo tipo de trapacerías. Contra sus rivales, contra los árbitros, contra los asistentes y, siempre, con el mismo modus operandi.

Pisotones, empujones, insultos, desconsideraciones de mayor o menor gravedad e infinidad de simulaciones trufadas de aspavientos y gestos ficticios de dolor, Y he aquí lo misterioso, sin que desde entonces ni un solo árbitro se haya atrevido a expulsarle. Ni en España ni en Europa.

Le hemos visto destrozarle el pie a Filipe Luis y a Abdennour, patear en la entrepierna a Juanfran o Duarte, romperle cara a Godín, agredir sin balón a Arribas o Schär, pisar la espalda a Djené o la tibia a Nacho, así como un sinfin de patadas y codazos, a cuál más cobarde y alevoso.

Pero es que este profesional de la violencia también lo es de la simulación. Con una postura al caer, levantando los brazos y exagerando cada contacto, cada caída en el área como si hubiese sido derribado por un francotirador norteamericano en Irak, generalmente con éxito (como pudimos ver el día del “Aytekinazo” o en la Supercopa de España del pasado año)

Por no hablar de sus constantes insultos y desconsideraciones a muchos rivales. La última, sin ir más lejos, el pasado Clásico liguero se las tuvo tiesas con Reguilón, al que provocó a base de insultos para ver si desquiciaba al joven lateral madridista y forzaba alguna situación en la que lograse su expulsión, sin que nadie le haya afeado su conducta.

Del mismo modo, le hemos visto comerse vivos a árbitros y asistentes, llamarles “cagones” en su caras. Y siempre con el mismo denominador común: la impunidad más absoluta.

Nunca, repito, nunca, ninguna de sus jugadas han sido castigadas con tarjeta roja por los árbitros, por más que en muchas de estas ocasiones, fueron cometidas en sus mismas narices.

Ni lo que es peor, estas jugadas (que insisto, son decenas) han sido jamás rearbitradas por los comités, algo que de haberse producido -como sí ocurrió por ejemplo en Inglaterra- a buen seguro habrían convertido a Luis Suárez en el jugador más castigado de la Liga española y, probablemente, de Europa.

Luis Suárez, un jugador… “canchero”

Pero siendo todo esto vomitivo y bochornoso y a todos se nos revuelven las tripas cuando vemos a este tipo hacer lo que hace sobre el campo día sí y día también, he de recoconocer que más asco me genera el blanqueamiento sistemático que de su figura hacen los medios de comunicación.

Mientras Pepe era un salvaje asesino al que había que desterrar de este país y Sergio Ramos es un defensa violento, resulta que para la gran mayoría de Prensa Nostra, Suárez es un tipo viril, un jugador “canchero”, el rey del cuerpo a cuerpo. Y así, vez tras vez, patada tras patada, insulto tras insulto…

Este último partido, ante el Lyon y tras lograr, como dije en un principio, la cuadratura del círculo al conseguir transformar en penalti una agresión, en forma de pisotón alevoso, la prensa no tardó en salir al rescate del uruguayo.

Mientras en Bein Sports, la operadora de TV que ofrecía en esos momentos el partido en directos, su presentadora Danae Boronat hablaba de “penalti muy claro”, otros programas como El Primer Palo de esRadio narraban en Twitter el partido y no se cortaron en calificar de “claro penalty sobre Luis Suárez”.

Por tanto, mientras los medios sigan blanqueando una y otra vez las marrullerías de Suárez y llamándole a las cosas por otros nombres que no se corresponden con la realidad, disfrazándola de lo que no es.

Y mientras que los Comités no entren de oficio en castigar todas las trapacerías, las agresiones y las simulaciones de este indigente deportivo, esto nunca tendrá arreglo y al final, acabará como Mascherano, que se fue de la Liga sin que le hubiesen pitado un penalti en contra y con una sola expulsión en su haber tras casi ocho años.

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