Guti es la pregunta

Era un 6 de mayo de 2007 como otro cualquiera, con la salvedad de que el Madrid se jugaba la Liga. Era la jornada 33ª del Campeonato Nacional de Liga, y el Madrid ocupaba el tercer puesto de la clasificación, a cinco puntos del líder (el Barcelona) y a uno del segundo (el Sevilla, precisamente el rival al que se enfrentaban los merengues esa noche).

El partido no empezó bien para los de Capello. Tras varios intentos, en el minuto 40 de partido Maresca embocaba una imperial volea que se colaba por lo alto de la portería defendida por Iker Casillas.

Descanso, 0-1 y la sensación de que otra Liga se escapaba, de que habría otro año en blanco (y más tras los ridículos de la Copa del Rey, eliminados en octavos por un Betis que sufriría por conseguir la permanencia a final de temporada, y de Champions, con un Van Bommel faltando gravemente el respeto al público del Santiago Bernabéu).

Era el momento de cambiar las tornas, así que el entrenador italiano dio un golpe de timón. En el minuto 58 del encuentro fue sustituido un discreto Raúl por Guti… y ahí comenzó la magia.

Minuto 61: Guti recibe de Helguera, sienta a Kanouté en el centro del campo, da cuatro pasos y desde ahí, con la precisión de un Chris Kyle rodeado de enemigos, mete un pase con el interior del pie que atraviesa cuatro defensas y que deja a Van Nistelrooy mano a mano con Palop en la frontal del área sevillista. 1-1. Michael Robinson, en la retransmisión de Canal+, no puede contener un “Guti es la respuesta”.

Diecisiete minutos después, Guti recibe de Cicinho en la frontal del área hispalense. La pisa, un amago, dos, tres, y con un toque seco es ahora Robinho el que recibe el regalo para fusilar:  2-1. Minuto 84: Guti recibe un melón de Cannavaro, lo pincha, sienta a Poulsen con una media ruleta y abre para Van Nistelrooy, en una jugada que sería el germen del 3-1.

Este partido fue uno de esos agónicos encuentros que ataron el campeonato liguero
2006-2007 al Bernabéu, pero también es relevante porque constituye el perfecto resumen de
lo que fue José María Gutiérrez como futbolista: la genialidad que disfrazaba en un océano de
mediocridad.

Guti nunca fue titular indiscutible en el Madrid, lo que no implica que fuera un eterno suplente. Los entrenadores estaban entre la espada y la pared, pues debían sopesar entre una vida extradeportiva que llenaba portadas de prensa rosa y barcelonista (disculpen la anáfora), y esos pequeños grandes segundos de genialidad que daban la vuelta a un resultado.

Seguro que recuerdan la explicación al público de la teoría del caos: el aleteo de una mariposa
puede provocar un huracán al otro extremo del planeta. El de Torrejón era la mariposa, el huracán, la atmósfera y la improbable concatenación de hechos que llevaban de una situación
a otra.

Por desgracia, él sabía que era demasiado bueno, así que nunca buscó pulir sus defectos. Nunca fue el más rápido ni el más físico, pero lo suplía con una visión y una técnica dignas del mejor Miguel Ángel, que era disimulaba en un pozo de fiestas y vida nocturna.

Las pocas veces que parecía que el jugador parecía estar a punto de asentarse en la titularidad se convertía en el director de la orquesta; el Madrid jugaba con el tempo que marcaba Guti, pero el caos no puede hacer funciones de orden, y los blancos se convertían en
un conjunto caótico que requería del fichaje o presencia de jugadores tácticos que devolvieran
la cordura al equipo.

Es inevitable preguntarse qué habría pasado si Guti hubiera cuidado los aspectos extradeportivos que aparentemente lastraron su rendimiento. La respuesta fácil sería la tajante sentencia muy oída (y mantenida, entre otros, por un servidor) de que habría sido más famoso y relevante que Xavi Hernández, al que se eleva a los alteres del “mediocampismo” patrio como su santo patrón.

Pero, por otro lado, ¿no formaba parte de su genialidad ese lado anárquico estéticamente precioso? ¿Ese torrente brutal, similar a una sinfonía de Liszt, habría estado ahí de ser Guti un jugador “ordenado”? Nunca lo sabremos.

No, Michael, Guti nunca fue la respuesta. Guti siempre fue la pregunta.

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