El nuevo Santiago Bernabéu y el síndrome de la lata de sardinas

Hace justo una semana que Florentino Pérez, por fin y tras infinidad de palos en la rueda (muchos de ellos puestos por la señora que le acompañaba en el acto protocolario de su presentación, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena), la ansiada reforma del Santiago Bernabéu ha dado oficialmente su pistoletazo de salida.

Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos, si no el que más, de la historia centenaria del club y, probablemente, su inauguración y su entrada en funcionamiento, si Dios y la constructora quieren, se producirá en un plazo de tres años y medio, será un hito que será recordado, al nivel de la construcción del Santiago Bernabéu en los 50, la consecución de la primera Copa de Europa o los fichajes de Di Stefano, Zidane o Cristiano Ronaldo.

Una constructora que, por cierto, no será ACS, para desgracia de aquellos conspiranoicos que vincluaban las carreteras de Colombia al fichaje de James y las pretemporadas en EE.UU. a contratos millonarios con la empresa que dirige Florentino Pérez.

Desmontando la falacia de la obra y los fichajes millonarios

Una mentira que estos últimos meses, e incluso desde el pasado año, se ha estado alimentando por la prensa española (y desgraciadamente por una parte importante del madridismo, especialmente el tuitero) es que el Real Madrid no acometía grandes fichajes porque se estaba reservando el dinero para la reforma del estadio o, como algunos decían, para ponerle techo al campo.

Así pues, de acuerdo a esta teoría, el  Real Madrid no habría afrontado fichajes de relumbrón y no se habría gastado, qué sé yo, 200 millones en Kane, 300 miillones en Neymar y 400 en Mbappé, no porque esto podría hipotecar la salud financiera de club sino porque se estaba reservando el dinero para pagar estas “faraónicas” obras.

Pues bien, además de que el propio presidente lo ha desmentido durante el acto de presentación, no hay nada más sencillo que acudir con el libro de cuentas en la mano y con una sencilla calculadora para que dicha falacia quede fácilmente desmontada.

Para hacernos una idea, sin ir más lejos, las cuentas de la pasada temporada arrojaron unos ingresos de nada menos que 750,9 millones de euros y un beneficio neto de 31,2 millones de euros, un 45,9% superior al del ejercicio anterior.

Si a eso le añadimos una deuda neta negativa (-107 millones de euros), resulta cuando menos ridículo pensar que el Real Madrid pueda ver comprometida su tesorería para afrontar fichajes por tener que pagar un máximo de 25 millones de euros anuales por las obras durante un plazo de 35 años.

Muchas ventajas, pocos inconvenientes

Además, el préstamo tendrá cuatro años de carencia, en los cuales el club no tendrá que abonar absolutamente nada por él, con lo interesante que ello resulta, habida cuenta que su rentabilidad como escenario deportivo una vez finalizadas las obras, se ha estimado en una media anual de 150 millones de euros. Es decir, todo son ventajas.

Por otra parte, hay que decir que esta reforma va mucho más allá de la famosa “cubierta retráctil” y que tanto objeto de mofa ha sido estos meses por parte de algunas tuitstars madridistas, tan dados luego a exigir millones y millones de euros para fichajes pero a los que tanta repulsión le genera que el club los genera.

Ya se sabe, “la grada está llena de chinos y de moros”, “la camiseta se mancha con publicidad y con diseños y colores que no representan nuestra historia” o “las entradas son muy caras”; y hacen chanzas con que si hay que ir a Cibeles a celebrar que encabezamos año tras año la Lista Forbes y dice que los millones en el campo, no en el Banco…

Ateniéndonos a las primeras imágenes y maquetas presentadas, este nuevo estadio se convertirá por derecho propio en un icono no ya de Madrid, como lo puede ser el Guggenheim en Bilbao o el Empire State Building o el Top of the Rocks en Nueva York, sino del mundo entero. No sólo a nivel arquitectónico, con un diseño revolucionario, sino del fútbol mundial, pues pocos recintos deportivos tendrán las comodidades y las funcionalidades que el nuevo Bernabéu tendrá para los afortunados asistentes.

Además, por si fuese poco, mientras que otros estadios como el Wanda han contado con ayudas públicas y, dos años después de su inauguración, se sigue sin saber cuánto le ha costado a los madrileños su construcción, las obras del nuevo estadio afectarán a otras infraestructuras de la ciudad que no sólo no se verán mejoradas, como las actuaciones sobre las calles Padre Damián o Sagrados Corazones sino que, además, será el Real Madrid y no el Ayuntamiento el que corra con los gastos.

Asimismo, no podemos olvidar el hecho de que, a día de hoy, el segundo museo más visitado de Madrid por detrás del Museo del Prado es el del Real Madrid. El Tour del Bernabéu es desde hace años una fuente inagotable de visitas turísticas a la capital de España y un importante aliciente para el turismo en Madrid.

Pues bien, la ampliación que se prevé para sus instalaciones provocará que su crecimiento sea aún mayor y aumente exponencialmente su número de visitantes, lo que redundará en una mejor imagen de la ciudad de cara al exterior.

De hecho, las obras prevén un cambio radical en las instalaciones que albergan al actual Tour del Bernabéu que, entre otras mejoras, prevén la llegada un tour panorámico en altura y un museo interactivo con realidad virtual, que harán de la visita al Bernabéu una experiencia única.

Si a esto le unimos la incorporación de importantes zonas de ocio, tanto de compras como de gastronomía en el interior del estadio, el nuevo estadio será un espacio de obligada visita para el turista, tanto extranjero como español, lo que beneficiará no sólo al club, que aumentará sus ingresos por su museo sino a la ciudad, que encontrará un aliciente extra para el turismo.

La bilis antimadridista, el mejor indicativo 

Siendo todo lo anterior motivo más que suficiente para considerar como prioritaria y estratégica la reforma, lo que me hace estar más convencido de la necesidad de acometer una obra como ésta es la reacción de la prensa, que a pesar de lo que nos quiera vender Rubén Uría y otros de su cuerda, no es madridista sino todo lo contrario.

Así pues, no es sólo el hecho de que el club tenía que contar con unas instalaciones de vanguardia, superando las actuales, que ya estaban al límite y que, además,desde que llegó Florentino Pérez al Real Madrid el año 2000, le han supuesto a las arcas del club la friolera de 256 millones de euros en sus reformas parciales (calefacción, baños, etc.).

Ni mucho menos. Lo mejor de todo es ver la reacción furibunda del periogolfismo español y su antimadridismo rampante, que incluso desde medios presuntamente madridistas como As han arremetido contra la obra.

Por ejemplo, Alfredo Relaño, habitual cruzado en su lucha diaria contra Florentino Pérez llegó a bautizar al nuevo estadio como “lata de sardinas”. mientras que el redactor jefe de Marca, el inefable Roberto “Tío Vinagre” Palomar, habló del nuevo estadio como “amasijo de hierros en la Castellana” o, como dijo en otra ocasión, un “centro comercial con un campo de fútbol en medio”.

Su bilis y la de otros tantos popes del periodismo deportivo español, bramando por lo innecesario, lo faraónico o lo desmesurado del dispendio. Incluso los hay que van más allá, y como hizo Iñaki Cano en Radio Marca, deslizan que el club puede estar ocultando que había puesto como garantía de pago los derechos de TV de los próximos años, ignorando de forma maliciosa y torticera que el pago anual del préstamo, aun cuando y como dije anteriormente, es una cantidad insignificante, sobre todo si tenemos en cuenta sus ingresos por ejercicio.

Y es que si para todos esta gentuza, la llegada del nuevo estadio no es una buena noticia es porque, sin duda y como rezaba el slogan de aquel candidato a la presidencia del Real Madrid de los años 90, es “bueno para el Madrid” y que vamos, pues, por la buena dirección.

Por tanto, demos la bienvenida a un estadio que será la guinda a un proyecto que se inició hace 19 años, que nos sacó del marasmo económico, de la ruina caracolera y de una más que segura conversión a S.A.D. (y su venta a PRISA, que era lo que se buscaba) y nos devolvió a una élite deportiva y económica de la que nunca debimos haber salido.

1 pensamiento en “El nuevo Santiago Bernabéu y el síndrome de la lata de sardinas”

  1. Gran artículo muy bueno y tiene toda la razón , si a los periolistos deportivos del país no les gusta es porque es muy bueno para el RM.

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