Gareth Bale o cuando la exigencia se confunde con la imbecilidad

Con la venia:

Aclaremos un par o tres de cuestiones.

El sector Pipas, facción Silbo, de la grada del Bernabéu junto a tuiteros expertos y anexos, suelen considerarnos a aquellos que hemos defendido, defendemos y defenderemos (con casi total seguridad) a Bale como unos vulgares mojabragas del galés. El hecho es curioso en sí mismo porque viene de gente a la que, aplicando ese mismo criterio, habría que catalogar de mojabragas de Sisú, de Ramos, de Cristiano, de Modric, etcétera. Ya saben, la viga en el ojo propio.

Como no conozco a la inmensa mayoría de defensores de Bale, solo hablaré por mí y nada más que por mí. Y no, no soy mojabragas de nadie, menos aún de un futbolista y me da absolutamente igual que se me crea o no. Bale puede gustar más o menos como futbolista. Yo creo que sano es un futbolista top 5, sin lugar a dudas. Lo malo es que está sano a ratos o, si se quiere, está lesionado más de lo que nos gustaría. Hasta ahí llega  mi admiración por el jugador. Desde este punto de vista, Bale debería haber sido tratado, desde que llegó, como uno más. Juegas bien, aplausos. Juegas mal, silbidos. Y a otra cosa. Pero eso nunca ha existido.

Quien no sepa ver las diferencias entre los silbidillos a Sergio Ramos por su enésima cagada del partido del sábado y el broncón que le cayó a Bale cuando salió, tiene un grave problema de inteligencia emocional.

Quien no sepa ver que lo del sábado está muy alejado de lo que sería un trato normal a un jugador de tú equipo favorito, tiene, al margen del problema de inteligencia emocional, un gran problema de estupidez.

Aquí es cuando, al menos en mi caso, la admiración por el jugador desaparece y aparece una situación de injusticia inadmisible y que es lo que me motiva a ponerme siempre de su lado, juegue bien, mal o regular. Porque ya no se juzga a un jugador de fútbol. Se trata de elegir entre tu club favorito, su historia, sus jugadores o una panda de golfos manipuladores, mentirosos, ruines y miserables.

No vale el mantra de que a todos los jugadores se les ha silbado, porque no es eso de lo que va esta historia. Tan cierto es que todos los jugadores han sido silbados como tan rotundamente falso es que a todos los jugadores se les haya silbado con el odio sacarreno, la ruindad, la bilis y la estupidez con la que se silbó a este jugador el sábado por la noche.

La estupidez llevó a juzgar sumarísimamente, otra vez, al galés. Los estúpidos se quedaron con la copla de la pancarta, cuyo mensaje fue previamente manipulado, interpretado y puesto a modo de capote. El estúpido, entró al trapo con todo. Al imbécil le hubiera bastado con pararse a pensar un poco y haber analizado los últimos tres o cuatro meses (ni siquiera los seis años largos que lleva aquí), para darse cuenta de que algo no iba bien. Pero fue que no porque el imbécil es imbécil por algo.

El antecedente se la traía. La temporada pasada fue horrorosa. Salvando a Benzema y a Vinicius, el rendimiento del resto de jugadores fue lamentable, incluyendo a Bale. No obstante los golfos nos lo vendieron casi como un fracaso absoluto de Bale. Máximo responsable del desastre.

A mitad de temporada ocurrieron sucesos muy desagradables como el de Isco insultando a la grada, Marcelo luciendo morfología Michelín o el capitán reservándose escandalosamente para jugar los partidos de junio con la selección. Estos tres hechos, y alguno más, fueron generosamente digeridos por el sector Pipas, facción Silbo. Y nunca más se supo.

No tuvo tanta suerte nuestro protagonista y la desmemoria del imbécil no le alcanzó. Es que gana mucho, dijeron. Menos que Sergio Ramos, parece ser. Y si el criterio para exigir es la nómina, bien harían los golfos en aplicar el criterio a un ídolo de todos ellos: el Cholo Simeone, el entrenador mejor pagado del mundo, cuya máxima aspiración (dicho por él mismo) es quedar tercero. El criterio de la nómina, generosamente expandido por el golfo de turno y gustosamente asimilado por el imbécil de la grada, solo rige cuando al golfo le parece bien.

Todos dimos por hecho que el galés se iría. Incluyendo a Sisú, que tuvo la bajeza moral de no darle ni 10 minutos para despedirse (afortunadamente, Sisú modificó su talante en este tema).

Y con éstas nos fuimos a la pretemporada. “Si se va hoy mejor que mañana”, añadió el entrenador, rectificando sabiamente poco después. Y aquí nos vino la primera en la frente. Primer gran pecado del jugador que los golfos vendieron como una traición: “se quiere ir a China”, pues no, no era tal, más exacto hubiera sido decir que le quisieron echar y su representante le buscó una salida o similar.

En esas estábamos, cuando en un partido de pretemporada en Alemania, el entrenador decide dejarle en Madrid, pues era inminente su venta. El jugador se va al madrileño Club de Campo a disfrutar del golf. Nada fuera de lo normal y que no hubiera dado ni para medio comentario en cualquier tertulia de cotorras de esas a las que van los golfos y que se inyectan en vena los imbéciles. Pero había que montar el espectáculo y se montó.

Comienza la temporada y, sorprendentemente, Bale es de los dos o tres jugadores que se salvan. El último partido jugado en el Bernabéu, antes del primer parón de selecciones, Sisú le cambia en el minuto 70 y el Bernabéu le aplaude. Y hasta ahí podía llegar la broma. Eso era inadmisible.

Juega con Gales. Modric y él se lesionan en el mismo partido, cosa nada rara visto su historial. No obstante, los golfos venden profusamente solo una lesión, dejando caer, miserablemente, el carácter frágil del jugador que no soporta el dolor y que tal vez, detrás de todo esto, se esconde la intención de reservarse para el segundo parón de selecciones.

Hubo golfos que incluso le culparon de sus lesiones y, rozando la hijoputez, insinuaron que tal vez la vida que lleva el jugador no es la más conveniente para su salud. Todo ello sin pruebas. Sí, esos mismos a los que ni usted  ni yo podemos ni rozar porque se ofenden.

Tardó en recuperarse lo mismo que ha tardado en recuperarse siempre que ha tenido una lesión muscular. Demasiada casualidad, juzgaron los golfos. Entre tanto pide un día de permiso para ir a Londres. Estaba lesionado.

El club y el entrenador le dan el permiso. Y los golfos vuelven a montar el show, nadie sabe por qué. Al imbécil de la grada, ya predispuesto, la neurona se le empieza a recalentar. Ante los hechos relatados hasta aquí, el imbécil debería haber sospechado que aquello no era ni medio normal. Pero un imbécil siempre será un imbécil.

El segundo parón de selecciones llega. Y el jugador se va con su selección pues está sano. Jode, pero es lo que hay. Ni es el primero ni será el último. Sergio Ramos podría dar fe. En rueda de prensa previa a un partido, dijo aquello de jugar con sus amigos desde los 17 años.

Los golfos traducen y manipulan, afirmando que prefiere jugar antes con la selección que con el Madrid. Se descubre la manipulación. La rueda de prensa, bien traducida y sin manipular, era impecable, no había lugar para dudar. Pero al imbécil ya se la había chispoteado la neurona. No había vuelta atrás.

Aparece “Gominas” Mijatovic, el mismo que casi se lleva a Modric al Inter por la cara, dando clases de madridismo. En la SER, claro. El imbécil medio, oyente de estas tertulias de cotorras y lector compulsivo de los panfletos, está a punto de reventar. Si lo dice Mijatovic, y encima en la emisora amiga, es porque es cierto.

De Mijatovic no se tiene noticia de que haya intercambiado con Bale ni tres palabras, pero da igual. Sabemos que Mijatovic es representante o comisionista. El Sr. Barnett no deja de ser competencia y, qué coño, lo mismo le cae alguna tertulia.

La estupidez llega a Gales. El resto ya lo saben. Los golfos hacen su trabajo de manipulación con notable éxito. La pancarta era un troleo sin más, pero fue vendido y comprado como una afrenta sin precedentes. Otra más, pero no se engañen, antes del episodio pancarta, los golfos ya habían manipulado lo suficiente como para que el recibimiento hostil a Bale fuera un hecho.

Es lo que hay y así lo veo yo. Muchos, algunos de buena vez, piden que el jugador se explique. Y no sé exactamente para qué. Lo que dijera sería irrelevante. Imagínense que dijera que todo fue una broma. ¿Alguien en su sano juicio cree que Manolo Lama aceptaría sin más la explicación? ¿En serio? ¿El casposo Manolo Lama?

Dar una explicación sería añadir más porquería a la cochiquera y todos ya sabemos que los cerdos, cuanta más porquería, mejor. La pancarta es una anécdota dentro de una larga lista de negrísimas anécdotas. ¿Qué cambiaría para el jugador dar una explicación? ¿Pasaría a ser tratado como uno  más? No me hagan reír, por favor. Han destruido su imagen y nada lo va a cambiar.

Los imbéciles le piden compromiso y respeto porque los golfos le han dicho que ni está comprometido ni respeta al club. Les han dicho que llevaba un mes preparándose para Gales y han tragado. El jugador dijo en rueda de prensa que si hubiera habido partido de clubes y no de selecciones, hubiera jugado porque ya estaba bien. Los imbéciles creen  a Lolo Lama, al veleta Pedrerol, a Roncero Garbancero o a Peperramón antes que a su jugador. Y ése es el gran problema.

Los imbéciles comepipas le exigen compromiso, mientras se dejan los pulmones desde la grada silbando al jugador que, en ese mismo momento, se dispone a dar un pase milimétrico para la asistencia del tercer gol. Mientras le insultaban y berreaban soltando perdigonazos de indignación, él puso todo su talento para satisfacer a sus minúsculos cerebros.

Desconozco el grado de compromiso de Bale con el club, pero estoy seguro que es mucho mayor que el que tienen estos borricos con el mismo club. También le exigen que respete a la entidad sin una sola prueba de que el jugador haya hecho lo contrario. Exigen respeto a base de insultos. Sí señor, con un par. Lo dice el Marca, el de la hernia, y no hay más que hablar.

La mejor explicación posible ya se dio el sábado. La dio el propio jugador, con sus magníficos veintitantos minutos. Minutos a añadir a sus magníficos partidos de liga. Si el imbécil comepipas no fuera tal, pensaría que esa no es la actitud de alguien que no está comprometido y rectificaría. Pero el imbécil siempre será imbécil.

En segundo lugar, contribuyó mucho a esclarecer el asunto, la sensacional actitud de sus compañeros. Sobre todo de Valverde y Casemiro. No me parece a mí que sus compañeros piensen de él que es un tipo que pasa de todo y con nulo compromiso.

La actitud de ellos con Bale en el tercer gol no es la que se tiene con alguien que es un vago, pasota y que te va a joder tu trabajo. Esto también debería hacer meditar al imbécil, pero ya sabemos que no será así. En tercer lugar, hay que incluir la gestión del entrenador. Fantástico. Así es y así debe reconocerse. Y se lo dice uno que no es fan precisamente de él.

En cuarto lugar me gustaría incluir al club, pero es imposible. Culpa de lo que ha pasado con este hombre la tiene el propio club. Y va para siete tortuosos y largos años. La ristra de títulos conseguidos desde que el muchacho de Gales está con nosotros debería hacer meditar a todos, sea esa coincidencia, casualidad o no.

De los imbéciles comepipas yo no espero nada y del club ya, tampoco. Sorprendentemente los que parecen tenerlo todo muy claro es el entrenador y sus compañeros. Unos cuantos hemos decidido que nuestro bando sea el de estos últimos.

Y acabo con una reflexión. Este embrollo tiene cuatro actores: jugador, afición, club y dizque periodismo. Tres de ellos persiguen un mismo fin. Del cuarto, que se ha erigido en intermediario de los otros tres, solo sabemos que acumula insultos, desprecios y mentiras, en mayor o menor grado, hacia todos ellos.

Repasen brevemente. Sobre el jugador, qué decir. Del club, ni les cuento. De la afición, depende por donde sople el viento. Cuando le tocó a Casillas, era una panda de yihadistas. Cuando le ha tocado a Bale, es muy exigente. Este cuarto actor está formado por un colectivo de sujetos con lo más granado del antimadridismo militante.

Pregunta para los imbéciles: ¿cuándo un sujeto como Gonzalo Miró, por ejemplo, ha emitido un juicio, opinión o consejo persiguiendo el bien del Madrid? Nunca, ¿verdad?. Pues ése y otros tantos como ése os están guiando como borreguitos al desolladero. No aplaudáis si no queréis, pero dejad de joder.

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