Previa Real Madrid- Chelsea: La pérdida de la inocencia del Chelsea

Real Madrid y Chelsea inaugurarán las semifinales de la Champions League en un duelo más abierto de lo que parece por las lesiones de unos y la inexperiencia europea de otros.

 

Tras unos cuartos tremendamente intensos y con el terremoto de la Superliga aún en portada, las semifinales de la Champions League acuden puntuales a su cita. Y si bien en años anteriores se cuela algún tapado con más esperanza que argumentos futbolísticos, esta temporada todos son equipos dignos de la Superliga, aunque Nasser Al-Khelaïfi se empeñe en hacer creer lo contrario.

Si bien ya va siendo hora de echarle un ojo al otro lado del cuadro (donde hay un imponente Manchester City-PSG) para tantear a posibles finalistas, la semifinal entre Real Madrid y Chelsea promete robar los focos en estas semifinales por sus incógnitas y contradicciones. Mientras que los pupilos de Zinedine Zidane sufren una plaga bíblica de lesiones que está minando el rendimiento en los últimos partidos, los londinenses tienen el fútbol, pero no la experiencia. Y ya se sabe lo caro que se paga en Europa eso de ser el nuevo de la clase.

Pese a que el esfuerzo de Thomas Tuchel ha sido tan efectivo como titánico, era difícil adivinar hace unos meses que los Blues se iban a colar entre los cuatro mejores equipos de la campaña europea. Frank Lampard, leyenda en Stamford Bridge como jugador, demostró que como entrenador no era lo suficientemente bueno como para gestionar el mayor desembolso en fichajes del pasado mercado veraniego.

La directiva del Chelsea, si bien pensó hace casi dos años que el notable centrocampista inglés era el hombre adecuado para emular la fórmula Zidane (coger un entrenador con poca experiencia pero que conozca perfectamente el club y el vestuario) y reconducir el rumbo del equipo tras el paso de Maurizio Sarri, no le tembló el pulso para prescindir de sus servicios en cuanto vinieron los malos resultados.

El Chelsea estaba fuera de puestos de Champions League, peligraba su inclusión el top-4 por el nivel mostrado y ganar al Atlético de Madrid era una quimera. Tuchel llegó, y poco a poco los transformó para hacerles el equipo más en forma del fútbol inglés.

Si Lampard apostaba por un juego vertical y ofensivo en el que primaba el ritmo, el técnico alemán fue a contracorriente de lo que venían jugando los Blues y lo que busca el fútbol actual con su búsqueda por la velocidad. Tuchel cambió las altas revoluciones por dormir los partidos, meterle cloroformo a las posesiones propias y contrarias, y, finalmente, matar al rival con un letal cambio de ritmo.

La plantilla parecía confeccionada para el 1-4-2-3-1 por su acumulación de jugadores ofensivos, pero el entrenador subcampeón de la pasada Champions volvió a apostar por jugadores que fueron importantes con Antonio Conte años atrás y su sistema de tres centrales. Los españoles César Azpìlicueta y Marcos Alonso, futbolistas nacidos para jugar en un 1-3-4-3 como central y carrilero zurdo respectivamente, volvieron a ganar peso en el equipo, siendo así los grandes favorecidos por el cambio de entrenador.

Si bien Alonso se ha ido cayendo del once titular por Ben Chilwell (genial lateral zurdo), Azpilicueta se ha asentado como líder indiscutible de la defensa, mostrando que al capitán Blue aún le queda mucha cuerda.

Azpi (o Dave como le llaman los ingleses por la dificultad que les supone pronunciar su apellido) es el eslabón más fuerte de la defensa, sobre el que se edifica el buen hacer colectivo cerca del área de Edouard Mendy, titular en la portería por delante de Kepa Arrizabalaga.

Pese a ello, sus compañeros en esa línea de tres defensores también están teniendo un gran papel. Antonio Rudiger, casi desahuciado por Lampard, ha demostrado ser uno de los principales activos del Chelsea para defender a campo abierto y los balones aéreos, así como para sacar la pelota con sus pases o potentes conducciones.

El lado izquierdo de la zaga Blue es mucho más seguro cuando juega él, dejando el medio para Andreas Christensen o Thiago Silva, que, custodiados por la potencia física del alemán, pueden sacar el balón más cómodamente por su buen pie e ir más cómodos al corte.

Para cerrar la defensa, los carrileros, además de sus evidentes deberes defensivos, son los encargados de dar amplitud al equipo cuando tienen la posesión. Ya sea Chilwell por la izquierda o uno del dúo que forman los canteranos Reece James o Callum Hudson-Odoi, el peligro de este Chelsea puede aparecer por la vocación ofensiva de sus hombres de banda.

Si con la baja por lesión del exmadridista Mateo Kovacic el sólido doble pivote que forman Jorginho Frello y N´Golo Kanté no es negociable, en ataque es donde más variantes va a atener Tuchel para sorprender a Zidane.

Parece que en días importantes los insustituibles son el joven Mason Mount y Timo Werner, por lo que queda un hueco a ocupar. Y los jugadores que puede elegir el entrenador alemán no son pocos y no van cortos de talento: Christian Pulisic (un veloz extremo capaz de desequilibrar en los últimos metros), Kai Havertz (mediapunta por el que se peleó media Europa el pasado verano) y Hakim Ziyech (un 10 de los que ya no quedan).

Pese a que este hueco no es baladí y puede cambiar mucho lo que proponga el Chelsea en el partido, la constante que se mantendrá contra la defensa del Real Madrid será el peligro que ocasiona Mount con su movilidad e inteligencia y Werner con sus continuos desmarques de ruptura.

Los Blues llegan con la confianza por las nubes tras instalarse en puestos Champions este fin de semana, sabiendo que por su momento de forma pueden ganar a cualquiera. Ya sea por su fiabilidad defensiva (10 porterías a cero en 14 partidos de Premier con Tuchel, siendo el primer equipo en lograr esas cifras desde que lo consiguiese Luiz Felipe Scolari en 2008) o por sus peligrosos ataques basados en los sorpresivos cambios de ritmo, el Real Madrid haría bien en asumir que el partido que se presenta se le puede escapar por puros argumentos futbolísticos.

Conseguir hincarle el diente a este Chelsea, tal y como están, es complicadísimo. Pese a ello, los Blues muestran una deficiencia tan clara como las lesiones del conjunto blanco: su inexperiencia. Solo Azpilicueta (2014) y Ziyech (2019) han jugado unas semifinales de esta competición, mientras que otros jugadores importantes como Mount o Mendy no estaban ni en el fútbol profesional cuando el Real Madrid ganaba tres Champions seguidas. Y si bien el físico es algo a tener en cuenta a estas alturas de la temporada, el poco bagaje de los futbolistas del Chelsea es algo que se está pasando por alto y puede acabar decantando la eliminatoria.

Esa inocencia es la que puede colocar al Chelsea en la tercera final de Champions de su historia… o que el Madrid les acabe fulminando por la inconsciencia que va ligada a la ignorancia de la juventud.

Los de Zidane tienen un auténtico manual de supervivencia para pasar estas eliminatorias en las que ellos rivales llegan en mejor inercia. Porque, siendo sinceros, esta película se ha visto muchas veces contra el Madrid y el resultado ha acabado siendo el mismo de siempre. Pese a ello, el final, aunque nos lo sepamos, es imposible de predecir una vez más.

Solo la inocencia Blue podrá resolver el futuro de ambos equipos, y el Real Madrid, con la experiencia que carga en sus vitrinas, es un experto en hacer madurar a sus rivales europeos.

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