La hipocresía de Prensa Nostra y la opinión pública española es oceánica. Hoy, como en su día ocurrió con el tristemente famoso episodio entre Cala y Diakhabi, todos los medios de este país y sus respectivas «opinatrices» andan por ahí cargando la mano (y con razón) por los gritos racistas a Akapo ocurridos ayer en el campo de Los Cármenes.

Por si no hubiese sido suficiente, LaLiga -tan celosa de sus derechos de imagen y que prohíbe la emisión de cualquier vídeo de su competición en las redes sociales- , en una decisión sin precedentes, ha autorizado a que se difundan las imágenes de los insultos al jugador del Cádiz por estas mismas redes que habitualmente censura, con el fin de identificar más rápidamente a ese o esos sinvergüenzas racistas.
Hasta aquí, todo correcto y es, sin duda, la reacción deseable para este tipo de acciones tan despreciables y que los aficionados que las cometen sean expulsados a perpetuidad de los terrenos de juego. El problema está cuando no siempre se acometen las mismas medidas frente a hechos similares.
Vinicius y el vídeo «mutilado» de Movistar
Resulta asombroso -a la par que triste- ver cómo todos estos mismos, hoy tan ofendidos, callaron como puertas cuando durante el último Clásico, disputado el pasado mes de octubre en el Nou Camp, otros energúmenos se dirigieron a Vinicius con graves insultos racistas cuando éste se disponía a abandonar el campo, rumbo al banquillo madridista.
Un modus operandi ciertamente distinto al que utilizó esta misma Liga y su operadora habitual, Movistar, en la que llevaron a cabo uno de los ejercicios de manipulación desinformativa más siniestros y bochornosos que recuerdo en mi vida con el fin de blanquear cobardemente lo ocurrido en el feudo culé, el de los cacareados valors y la falsa superioridad moral.

En concreto, apenas una hora después de publicar el vídeo donde se veía a unos aficionados culés llamando «macaco» a Vinicius en repetidas ocasiones, durante la emsiión de la tertulia del programa «El Día Después», publicaron una segunda edición del mismo, en el que cortaron justo la parte del vídeo de los insultos y sólo se veía a Vinicius dirigiéndose motu proprio a la grada del Nou Camp, en plan desafiante y chulesco.
Es más, aprovechando la emisión de ese vídeo debidamente «mutilado», en el que dichos insultos habían desaparecido, los tertulianos se dedicaron a acusar a Vinicius de provocador por encararse con los aficionados culés y no se hizo ni una sola mención a los insultos racistas.
El maldito doble rasero mediático: Censurar o no censurar
Lo realmente abracadabrante de todo es que el vídeo inicial, capturado por el gran @RafaRNMJ y retuiteado de inmediato por la red hasta hacerse viral, fue hecho desaparecer rápidamente por Tebas y sus secuaces.
Además, para no dejar rastros de la fechoría, todas aquellas cuentas en las que dicho vídeo se replicó, entre ellas la del propio Rafa, fueron suspendidas de inmediato por la censura de la misma Liga que hoy, sin embargo, se muestra inflexible contra el Granada y le ha puesto precio a la cabeza del impresentable que insultó a Akapo.
Una reacción, como vemos, diametralmente opuesta a la que ha tenido ahora el organsismo dirgido por Javier Tebas para con el Granada y las imágenes de los insultos.
Mientras tanto, a día de hoy, seguimos sin saber qué pasó con el expediente informativo abierto por la Liga al Barça por aquel incidente, hoy están pidiendo una sanción ejemplar contra el Granada y ese energúmeno, cuando los hechos racistas fueron sencillamente idénticos.
Y algo parecido se pudo ver en Vallecas el pasado sábado, cuando otro energúmeno escupió a Courtois en el campo del Rayo. Unos hechos ciertamente asquerosos y deplorables pero que no han despertado ninguna reacción colérica de Prensa Nostra ni nadie se ha rasgado las vestiduras por aquello.
Es más, las imágenes han pasado totalmente inadvertidas y prácticamente ningún medio se ha hecho eco de algo tan lamentable, ni ha pedido «pública excomunión» contra el asqueroso que escupió al jugador madridista, a pesar de que su rostro ha sido divulgado sobradamente por las redes sociales.
Pero como con otras tantas cosas, cuando el afectado es el Real Madrid, desgraciadamente, todos sabemos de qué va esto del racismo. Porque nadie jamás se escandalizó cuando en el antiguo feudo del Atlético de Madrid, el Equipo del Pueblo, la autodenominada «Mejor Afición del Mundo», cantaba en 2011 al unísono eso de «¡¡Eres un mono, Marcelo, eres un mono!!.
O cuando apenas unos meses antes, en uno de los muchos Clásicos que se jugaron en la temporada 2010/2011, cuando Busquets, el ídolo del Marqués del Rencor, don Vicente Del Bosque, llamaba «Mono» a Marcelo, tapándose cucamente la boca, toda la prensa del Régimen dio como buenas las increíbles explicaciones del centrocampista culé, que afirmó que lo que le dijo al lateral madridista fue «Mucho Morro» y no otra cosa.
Esto me lleva a pensar que lo que ofende no es el qué sino a quién se insulte, se escupa o agreda y si el que recibe esos escupitajos o esos insultos, por muy graves e intolerables que sean, los recibe alguien que viste de blanco y en el pecho lleva un escudo redondito y con forma de despertador, siempre acabarán impunes.
