La bandera del Madrid sigue en buenas manos

Cuando el barco parece hundirse y el agua llega al cuello, todos miran a Mbappé o a Bellingham. Todos… menos al «7».

Pitos, burlas y cánticos. En los estadios y en las redes. De rivales, sí, pero también de quienes se llaman a sí mismos “madridistas”. Y aun así, con todo en contra, con tu propia afición pitándote como si jugaras en campo rival, no solo marcas un golazo: lo primero que haces es besarte el escudo.

A veces da la sensación de que el madridismo, en cierta medida, no merece a Vinícius. Qué rápido se olvida quién ha sido el jugador más determinante del Real Madrid en las noches europeas. Quién apareció en París. Quién apareció en Wembley. Quién, cuando la historia pesa, no se esconde. Quién abandera al Madrid más que muchos que hoy reciben aplausos automáticos.

Es innegable que, desde aquella noche del Balón de Oro, la estrella de Vini se apagó un poco. Pero quienes confiamos en él incondicionalmente, quienes lo aplaudimos incluso cuando silbar era lo fácil, nunca le dimos la espalda. Porque sabemos la magnitud del jugador… y de lo madridista que es.

Vini no tiene que volver.

Vini ya ha vuelto.

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