
Real Madrid 0-1 Getafe: «Vuelta a las andadas…otra vez»
El Real Madrid se ha dejado esta noche algo más que tres puntos, tras caer derrotado por un duro y correoso Getafe en el Santiago Bernabéu, con un gol estratosférico del uruguayo Satriano, en otro partido lamentable de los de Arbeloa.
Un partido en el que los blancos no supieron ni pudieron hincarle el diente al siempre incómodo bloque bajo y la presión basada en las continuas faltas y golpes, especialmente sobre Vinicius, que fue el principal destinatario de las patadas de gente como Iglesias, Rico o Boselli. Todos ellos se ensañaron con el brasileño, especialmente en la primera falta.
Pero es que el Real Madrid esta noche fue un equipo plano, sin ningún tipo de recurso más allá que darle el balón a Vinicius para que inventase algo y del abuso recurrente de pases laterales con destino a ninguna parte.
Nada de chispa, muy poca magia, más allá de los intentos de regate imposibles de Vinicius, que sufría a veces hasta dos y tres coberturas que nadie aprovechó, ni siquiera Gonzalo, el sustituto de Mbappé, que hoy ha pasado con más pena que gloria por el campo.
Lamentable arbitraje de Muñiz Ruiz, al más puro Estilo Negreira
Ahora bien, que los árboles del mal juego no nos impidan ver el bosque del terrorífico arbitraje de Muñiz Ruiz, el que pasó por alto la famosa patada por detrás de Romero a Mbappé en Cornellá hace un año, así por poner algo de contexto al personaje…
Ha permitido de forma indecente las patadas, los empujones que dejaban después de cada regate, haciendo casi imposible dar tres pases seguidos sin jugarte el tipo. A los tres minutos, Vinicius ya había sido golpeado por tres jugadores diferentes y, como era de esperar el reparto de tarjetas fue típico de la Mugrienta Liga Negreira.
Baste un botón como muestra. Al descanso, el Getafe ya había cometido 13 faltas y había visto la friolera de… dos amarillas. Al final del partido rondaron las 20 faltas por 11 del Real Madrid y se fueron con cinco amarillas y una roja, por cuatro amarillas y otra roja de los blancos.

Qué diferente es y qué fácil resulta imponer tu juego y tu «intensidad» cuando te dejan pegar una y otra vez sin castigo… Curiosamente, cuando estos mismos intentaron imponer su juego en el Nou Camp, por lo que sea, el árbitro no fue tan «permisivo» y, además de hacer menos faltas (16) en 90 minutos -recordemos que en Madrid cometieron 13 en 45-, acabaron con cuatro amarillas, la primera de ellas a los tres minutos, para «marcar territorio»…
Otra cosa a añadir fueron las constantes interrupciones del juego, provocadas por las simulaciones de los jugadores del Getafe. En cada contacto se lanzaban como posesos al suelo, haciendo aspavientos y gritando como si estuviesen siendo sometidos a una colonoscopia sin sedación, lo que provocaba que Muñiz Ruiz cortase el juego una y otra vez.
Aunque es verdad que Rüdiger cometió una acción tan estúpida como peligrosa contra Diego Rico en la primera parte, en la que en mitad de un derribo del jugador azulón se dejó caer con su rodilla contra el rostro de éste, y mereció la expulsión, no es menos cierto que el colegiado dejó sin señalar dos clarísimos penaltis.
Y el VAR, al que reclamaron no haber intervenido en la jugada de Rüdiger, tampoco lo hizo para revisar un tremendo agarrón sobre el propio jugador alemán en el área azulona ni para rearbitrar una mano clamorosa de Iglesias ante un centro de Vinicius en la segunda parte.
La excusa fue que esa mano iba al suelo, algo nada más alejado de la realidad. El brazo, paralelo al césped, nunca se dirigió hacia abajo y sirvió, eso sí, para interceptar el centro del brasileño. Un penalti clamoroso que, por supuesto, se fue al limbo.
En definitiva, un arbitraje sibilino, desquiciante y que culminó con la expulsión de Mastantuono por decirle «es una puta vergüenza». Quizás si le hubiese llamado «cagón» o se hubiese acordado de la «concha de tu madre», a lo mejor habría provocado que, como han hecho otros árbitros cuando arbitraban a equipos que visten con camisetas azulgranas, en vez de tomar nota de los insultos y expulsar a los agresores verbales, se iban del lugar silbando tranquilamente.
Mala primera parte, marcada por el golazo de Satriano
En lo deportivo, poco o nada hay que comentar, salvo que la primera mitad estuvo marcada por las constantes interrupciones y patadas así como el desacierto madridista de cara al gol. Un gol que, entre los desaciertos de los jugadores blancos como el extraordinario partidazo del meta visitante, Soria (nombrado, por cierto, MVP del partido) impidieron al Real Madrid haberse ido al descanso por delante en el marcador.
No tardó ni un minuto en avisar el Real Madrid, con un buen balón de Valverde filtrado al área para que Vinicius, que se preparó bien el balón, acabase rematando fuera por bien poco, ajustando demasiado el esférico junto al palo izquierdo.
La primera y casi única aproximación con peligro del Getafe en esta primera parte llegó en el minuto 10, cuando Rico, que venía de simular una lesión en el centro del campo, resucitó como Lázaro y aprovechó un pequeño despiste en la banda derecha para llegar corriendo hasta Courtois y disparar a bocajarro, pero se encontró con un acertado Alaba, que desvió el balón cuando el balón se colaba.
Eran los mejores momentos de fútbol del Real Madrid en el partido. Ante la cerrazón del bloque bajo de Bordalás, los de Arbeloa tocaban con rapidez, de la mano de Güler y con Pitarch y Valverde ayudando buscaban, especialmente a través de Vinicius, desbordar por la izquierda pero el gol no llegaba.

A los 12 minutos, de nuevo Valverde volvió a servir un gran balón al área para que Gonzalo, un tanto forzado, no acertó a patear bien y el balón le cayó fácilmente a Soria, que paró sin problemas.
Y justo en la continuación de esa misma jugada, Robó Thiago Pitarch, le robó un gran balón a la defensa del Getafe y asistió a Vinicius que, por primera y casi única vez, logró desbordar, ganarle la espalda a la defensa y plantarse ante Soria. Sin embargo, el brasileño definió fatal, disparando contra el cuerpo de David Soria, quien desvió con el pie a córner de forma casi inverosímil.
El partido poco a poco se fue enfriando y con ello, la rapidez de la circulación del balón, que se hizo cada vez más pastosa y densa, contagiada del ritmo imposible de seguir provocado por las constantes interrupciones del Getafe.
Y así llegó hasta el minuto 23, cuando Güler se despachó una fantástica delicatessen, propia de un mago como él. En la frontal se marcó una espectacular ruleta que le habilitó dentró del área y le permitió disparar con fuerza a puerta, pero Soria, con una no menos espectacular palomita, evitó el tanto.
Aquello fue el último estertor de un partido en el que el Real Madrid, entre desquiciado por las faltas y los empujones (tanto los señalados como los que no) y por la imposibilidad de encontrar huecos, se fue aplastando y todo se centró en intentar balones a la olla, muchos de ellos sin sentido y, lo que es peor, sin rematador.
Entonces llegó el fatídico minuto 38 y la jugada afortunada -y el gran acierto, también hay que decirle- que le dio los tres puntos al Getafe. En el enésimo balón dividido que se llevaban los azulones, Tchouameni desvió tímidamente de cabeza ante Arambarri y el esférico quedó muerto en la frontal. Entonces apareció Satriano, que enganchó una espectacular volea que se cuela por la escuadra izquierda de Courtois.

Un jarro de agua fría que congeló tanto a los de Arbeloa como al público que empezó a mostrar su descontento con una subida incremental de decibelios, pitando a los suyos.
La primera parte acabó con una buena ocasión para el Real Madrid, que pudo empatar en el ’41 con un buen balón lateral de Vini que Tchoaumeni, demasiado timorato, remató mal de cabeza a las manos de Soria.
Segunda parte de dominio infructuoso e impotente del Real Madrid
Tras el descanso y, sin cambios en los equipos, el Real Madrid salió con otra actitud más positiva, buscando el área rival y embotellando al Getafe y así, a los cinco minutos de la reanudación, Thiago Pitarch culminaba con un disparo flojo a las manos de Soria una jugada muy elaborada del ataque blanco.
Movió Arbeloa entonces el banquillo con tres cambios de una tacada. Un extrañísimo cambio, que pocos entendieron, sentando a un gris Alexander-Arnold, inoperante hoy por la derecha, Alaba y al debutante Pitarch para dar entrada a Carvajal, Huijsen y Rodrygo.
Precisamente, el recién incorporado Rodrygo no acertó a rematar un fantástico servicio con el exterior de Vinicius en el ’57 y dos minutos, Valverde lo intentó de lejos pero su disparo se marchó alto.
El Madrid había logrado embotellar al Getafe no ya en su campo sino en su área pero el equipo, víctima de su propia precipitación y, de nuevo abusando de las conducciones de Vinicius, a veces solapado con el propio Rodrygo por la izquierda y con más centros laterales.
En el minuto 75 la volvió a tener el Real Madrid con un gran testarazo de Rüdiger en el primer palo, adelantándose a Soria tras un saque de esquina botado desde la derecha pero su remate, demasiado ajustado se marchó pegado al palo contrario sin que Huijsen, que llegaba desde atrás, pudiese «aterrizar» a tiempo para remacharla.

Cuatro minutos más tarde, los de Arbeloa rozaron el empate en una extraña jugada iniciada con un gran centro desde la derecha de Mastantuono al segundo palo para que Rodrygo a bocajarro, rematase mal de cabeza. Soria logró desviar y el balón quedó muerto en el segundo palo, pero Carvajal, que llegó con todo pero muy forzado, no acertó a rematar con limpieza.
La última gran ocasión para salvar siquiera un punto llegó al filo de cumplirse el tiempo reglamentario cuando Mastantuono no acertó a resolver el uno contra uno ante Soria tras un gran pase filtrado de Carreras a la espalda de la defensa.
El partido, al que solo le añadieron cinco minutos de prolongación a pesar de los cambios y las pérdidas de tiempo de los de Bordalás, acabó de la peor forma posible, con el show de Muñiz Ruiz, que decidió tirar la casa por la ventana.
Primero, con una amonestación ridícula a Tchouameni en una jugada abracadabrante en la que un jugador del Getafe empujó con los dos brazos a Carreras para quitarle el balón y Tchouameni, que se lo rebañó limpiamente, no sólo vio cómo el árbitro le pitaba falta sino que, además, le mostró una amarilla.
Pero el premio gordo llegó ya en el descuento cuando expulsó a Mastantuono por una falta ciertamente ligera por dirigirse al árbitro y decirle «es una vergüenza, es una puta vergüenza». Y para compensar, ya a punto de pitar el final, expulsó a Liso por alejar el balón de una patada después de señalarle un fuera de juego en la misma cara del árbitro.
Una roja de esas «de conveniencia» para maquillar estadísticas porque estoy plenamente convencido de que Muñiz Ruiz jamás le hubiese mostrado la segunda amarilla al jugador del Getafe, que ya tenía una tarjeta por algo así, de haberse producido en el minuto 70, por poner un ejemplo.

Finalmente y tras algo más de seis minutos de prolongación, el colegiado señaló el final y ahora el liderato de la Liga está un poco más lejos, a cuatro puntos y, lo que es peor, con unas sensaciones terribles, con la visita al siempre difícil campo de Balaídos en apenas cuatro días.
Un partido para el que, de mano, no podrá contar ni con Huijsen ni con Carreras, ya que ambos vieron sus respectivas quintas tarjetas amarillas ni tampoco con Mastantuono, expulsado. Además, Alaba se retiró con molestias y no se espera que ninguno de los lesionados actuales (Militao, Bellingham y Mbappé) estén disponibles. Un auténtico desastre.
Ficha técnica del partido
Real Madrid: Courtois; Alexander-Arnold (Carvajal, ’55), Rüdiger, Alaba (Huijsen, ’55), Carreras; Valverde, Thiago Pitarch (Rodrygo, ’55), Tchouameni (Brahim, ’87), Güler (Mastantuono, ’70); Gonzalo y Vinicius.
Getafe: Soria; Iglesias, Boselli, Duarte, Romero, Rico; Kiko Femenía (Liso, ’58), Milla, Arambarri, Vázquez (Martín, ’69); y Satriano (Abqar, ’91).
Arbitro: Alejandro Muñiz Ruiz (Col.Gallego). Por el Real Madrid amonestó a Huijsen, Tchouameni, Carreras y Vinicius, además de expulsar a Mastantuono con roja directa. Por el Getafe vieron la amarilla Kiko Femenía, Arambarri, Rico, Satriano y a Liso, éste por dos veces, por lo que fue expulsado.

Da igual, ganamos más tarde.
Gran artículo