Admirado Vini:
Con la libertad que me da la cantidad de años que tengo, por haber pasado por situaciones laborales unas veces mejores y otras no tanto y, sobre todo, porque tengo hijos a los que, en momentos puntuales, he sentido la obligación y la devoción de aconsejar sobre cómo afrontar determinados momentos en sus distintas profesiones, me atrevo a dirigirme a tí como si fueras uno más de la familia.
Llamaste a la puerta de tu club, de nuestro Real Madrid, con determinación, fuerza y también con humildad.
Soportaste años en los que la pelotita no entraba y las críticas eran feroces y continuas.
Tuviste que vértelas con energúmenos dentro y fuera del campo.
Empecé a admirarte por tu juego, distinto y atrevido, vertical, determinante.
Lo seguí haciendo por ese punto de rebeldía que no te abandonaba nunca, ya fueran gigantes o bien molinos a los que tenías que enfrentarte.
Y llegaron los buenos tiempos, la recogida de los frutos de tu trabajo, las Champions y el reconocimiento mundial.
Fuiste el mejor del mundo y te robaron el premio, desprestigiado ya desde entonces, que lo atestiguaba.
Y ahora que han vuelto los «entendidos», los que estaban en la cueva, escondidos, esperando ese momento de juego que ahora carece de la brillantez de antes, al olor de la sangre, como animales carroñeros que son, ahora es cuando no debes agachar la cabeza, querido.
Se habla de que te faltan la velocidad y el desborde que te hacían único.
Y yo no sé si es un tema físico o mental, o simplemente parte de la montaña rusa que muchos jugadores a lo largo de la historia han atravesado.
Pero quiero hablarte de lo que me parece más importante.
Tienes que recuperar tu rebeldía, tus ganas y tu actitud nada contemplativa.
Porque tu juego sigue dentro de tí, nunca te ha abandonado.
Solo tienes que dejarle salir, que fluya como antes, que nada ni nadie lo frene.
Por todo esto y por el cariño que te tengo, porque te has hecho acreedor de él, te voy a pedir un favor. No escuches a los que dicen que «ojalá vuelvas a ser el que eras» porque no has dejado de serlo.
La gente, por experiencia te lo digo, no cambia.
Tú fútbol, recuerda la montaña rusa de la que te hablé, sigue aquí y volverá a brillar. De eso no tengo dudas.
Pero no contengas a ese rebelde que llevas dentro, eso sí podría ser un lastre.
Déjalo salir, sigue peleando con aquellos gigantes y da buena cuenta de ellos. Sigue siendo tú.
Con todo cariño y respeto hacia ti, que me has hecho feliz tantas veces.
Paco Núñez.

