
Las elecciones a la Presidencia de la RFEF celebradas ayer y concluidas con la victoria de Luis Rubiales han supuesto el último clavo en el ataúd del cadáver del Villarato que, para bien o para mal, se puede decir que ha finalizado y ya nada volverá a ser como antes.
Treinta años de Villarato, treinta años de corrupción sistemática y generalizada
Con la llegada de Rubiales se pone punto final a treinta interminables años de mandato de uno de los personajes más siniestros y corruptos de la historia del fútbol, caracterizados por el maltrato sistemático al Real Madrid y el beneficio en paralelo de sus principales rivales, especialmente el Barça y, en menor medida, del Atlético de Madrid.
De hecho, el club rojiblanco y su presidente, Enrique Cerezo, han salido en numerosas ocasiones en las conversaciones grabadas por la Policía en la famosa Operación Soulé, e incluso se vieron beneficiados por un extraño «mejunje financiero», a cuenta de unos pagarés de un préstamo de 11 millones de euros que la Federación concedió en 2014 al equipo rojiblanco para pagar sus deudas.
Treinta interminables años de Villarato, que tuvieron su pistoletazo de salida con los dos atracos de Tenerife y esas dos Ligas impunemente robadas en 1992 y 1993 al Real Madrid en beneficio del Barça y han tenido su epílogo esta misma temporada -insisto, casi treinta años más tarde- con esta Liga vergonzante que Victoriano «Te Queremos» Sánchez Arminio, el sicario arbitral de Villar (y de su lugarteniente interino, Larrea), dejó sentenciada a mediados del pasado mes de septiembre.
Entre medias, hemos tenido que soportar indecentes tratos de favor arbitrales al Barça, como la Liga 2015/2016, en la que los azulgranas batieron todos los récords de indignidad arbitral, con 19 penaltis a favor, uno tan solo en contra y 11 goles en fuera de juego.

Pero también otras en las que ha habido sospechosas amnistías y dudosos encubrimientos en los que, sorprendentemente, los beneficiarios también eran los mismos de siempre.
Encubrimientos a la hora de investigar amaños y sobornos, algunos de ellos denunciados por los propios jugadores del Tenerife, que admitieron recibir dinero en forma de una suculenta prima por ganar al Madrid aquel último partido de Liga en 1992.
O aquel extraño final de Liga en 1994, con aquel no menos extraño Deportivo de La Coruña-Valencia y el penalti de Djukic y la forma en la que los jugadores valencianistas celebraron el empate final, en teoría intrascendente para ellos, pero que le entregaba en bandeja de plata la Liga al Barça de Johan Cruyff.
Y amnistías y tratos de favor para los de siempre. Sí, los que se negaron a saltar al campo en un partido de Copa del Rey el año 2000 y, a pesar de ser sancionados con dos años de expulsión de la competición, acabaron jugándola al año siguiente.
O que vieron cómo su campo, tras unos gravísimos y bochornosos incidentes, fue clausurado por dos partidos y, de nuevo, en base a una extraña maniobra federativa y, tras dos años de inacción, nunca tuvieron que cumplir dicha sanción.
El saldo arbitral y la Selección, las otras caras del Villarato
Y qué decir del exagerado «saldo arbitral», denunciado una y mil veces por Maketo Lari y Juan Pablo Frutos, acentuado de forma exagerada a favor del Barça, tanto en términos de penaltis como de tarjetas amarillas y rojas.
Un saldo disparado de forma exponencial contra el Real Madrid especialmente tras el «golpe de Estado» perpetrado por el Barça y el Athletic de Bilbao en las elecciones de 2004, cuando estos equipos rompieron la disciplina de voto de la LFP y variaron en el último momento el resultado electoral y Villar derrotó contra todo pronóstico al favorito, Gerardo González.

Y es que 2004 fue un punto de inflexión en la corrupción federativa, que se extendió como la tinta de un calamar abarcando a todos los ámbitos de la vida. Para ello no dudó en regar de millones y prebendas a las federaciones territoriales, usando a la Selección Española como moneda de cambio, a base de ofrecer amistosos, muchos de ellos intrascendentes, en estadios muchas veces indecentes.
De hecho, la Selección Española -sobre todo tras el empujón que supusieron los títulos de 2008, 2010 y 2012- se convirtió en el principal nido de corruptelas, para montar una auténtica red clientelar que garantizase la perpetuación de Villar y sus palmeros en la poltrona de la RFEF. de la que Gorka, el hijo del Presidente, hizo un floreciente negocio personal.
Gracias a «La Roja», como dieron en llamar al combinado nacional, se «lubricó» convenientemente a la Prensa, para dar amparo y cobertura a un auténtico Régimen de corrupción y latrocinio generalizados a todos los niveles.
Porque está claro que la Prensa, que durante más de 10 años está viviendo una auténtica Edad de Oro, a base de comilonas, viajes, entrevistas a diestro y siniestro y sin medida a seleccionadores y jugadores (especialmente a los jugadores del Real Madrid para intentar usarlos como arietes contra su propio club), ha servido fielmente a su siervo federativo, sin querer morder nunca la mano que tan bien les ha dado de comer durante todo este tiempo.
En este blanqueo del Régimen llevado a cabo por los medios también ha jugado un papel trascendental la utilización de los jugosos contratos para retransmitir los grandes eventos y los amistosos.

Partidos usados, como digo, para contentar a todas las cadenas y grupos mediáticos, para que luego, eso sí, llevados por el agradecimiento extremo, acabasen mirando luego para otro lado ante la catarata de corrupción, con hechos incluso delictivos (que acabaron dando con Villar en prisión el pasado año), que manaba a borbotones desde la sede de la RFEF, en la Ciudad del Fútbol en Las Rozas.
Por tanto, este infame silencio cómplice de la Prensa durante años, comprado con el dinero federativo, les ha convertido en cooperadores necesarios de este piélago de corrupción en el que hace tiempo se convirtió la RFEF y que acabó con el estallido de la Operación Soulé y con los huesos de Villar y su hijo en prisión, aunque actualmente estén en libertad condicional, con cargos y a la espera de juicio.
Sánchez Arminio, el «brazo armado» del Villarato
Glosar 30 años de Villarato es casi imposible, sobre todo en lo que se refiere a agravios comparativos sobre el Real Madrid por lo que, sea como fuere, la salida de Villar y, en especial de su sicario arbitral, Sánchez Arminio (último reducto del Villarato en este año de interinidad en la RFEF, dirigido por Larrea, el lugarteniente de Villar desde sus inicios federativos), debe ser considerado como una magnífica noticia.
Es cierto que, como dice la Ley de Murphy, todo es susceptible de empeorar pero llegar al nivel que se ha alcanzado estos últimos años, especialmente en lo que al tratamiento arbitral se refiere, parece cuando menos, difícil.
Espero y deseo que, como primera providencia, Rubiales (cuyo responsable arbitral de momento se desconoce), acabe de un plumazo con el nefasto sistema teledirigido de las designaciones arbitrales, implementado en su día por Arminio y sus mamporreros Puentes Leira y López Nieto, en sustitución del famoso «ordenador» que se encargaba de hacer de forma más o menos aleatoria las designaciones.

Un sistema que, como hemos visto esta misma temporada, se ha usado como ariete contra equipos «incómodos», designando hasta en tres y cuatro ocasiones en la misma vuelta a aquellos árbitros con los que, por ejemplo, el Real Madrid tiene el peor índice de victorias y, hacer justo lo contrario con el Barça, al que apenas arbitraron dichos colegiados.
Un sistema que este mismo año hemos podido ver en partidos como el Clásico del Nou Camp, con el indecente arbitraje de Hernández Hernández o en el Wanda Metropolitano o en el Bernabéu, ante Atlético de Madrid o Valencia, sin ir más lejos.
Pero en modo alguno ha sido un tema nuevo sino bastante recurrente en los últimos años. Es, más, se trata de un sistema que lleva aplicándose desde hace años, martilleando de forma sistemática al Madrid con Iturralde González, Clos Gómez, Pérez Lasa -también conocido como Pérez Barça-, Puentes Leira, los hermanos Teixeira Vitienes y otros tantos colegiados, manifiestamente antimadridistas.
Arbitros y arbitrajes, que de la mano de Sánchez Arminio, han tejido un entramado corrupto de premios y castigos, y que, sin duda, han sido cómplices del dominio blaugrana en la Liga durante estos últimos 15 años y que han hecho de la Liga un camino tortuoso para el Real Madrid.
Desde el malhadado «índice corrector» (o corruptor, como le llamaban internamente los propios árbitros) por el cual, el dedo de Arminio modificaba en beneficio (o perjuicio) de los colegiados las calificaciones finales de una temporada, para premiar o beneficiar a quien corresponda, o el uso discrecional de los descensos e internacionalidades a los árbitros, según actuasen en favor de «la causa», el ínclito responsable arbitral ha hecho y ha deshecho a su antojo para mangonear el sistema.
De ahí que la salida inmediata de Sánchez Arminio ya anunciada por Rubiales (y con él, de todo su entramado de enjuagues, autorizados y permitidos por la propia RFEF y al margen de la LFP) sea algo tan necesario.
Tanto desde un punto de vista legal como desde el prisma de la mera higiene, para la limpieza del sistema y la recuperación del prestigio de la institución arbitral, que debería alejarse cuanto antes del régimen federativo, al que está ahora mismo absolutamente machihembrado, como parte fundamental del Villarato.
Por tanto, espero que Rubiales, al que como mínimo habrá que concederle el beneficio de la duda y los famosos 100 días de mandato como colchón, suponga el necesario soplo de aire fresco en un organismo como es la RFEF, absolutamente podrido. Desde los maceteros de la entrada hasta el último despacho.
De momento, el que medios como As o Mundo Deportivo ya hayan empezado a arrojar sombras de sospecha sobre él, me incita a pensar que las cosas van a cambiar. Y para bien. Dios lo quiera…
