
Con el anuncio oficial por parte del Real Madrid confirmando la marcha de Sergio Ramos, y su posterior despedida en la sala de prensa de Valdebebas, se cierra uno de los capítulos más brillantes de la historia reciente del club. Decimos adiós a un jugador legendario, sin el cual resulta imposible entender los éxitos del equipo, en su etapa más brillante de los últimos 50 años.
De esta forma, se pone punto final a la trayectoria de Sergio Ramos en el seno del club blanco, al que llegó prácticamente al límite del cierre del mercado de fichajes de la temporada 2005/2006, procedente del Sevilla por 25 millones de euros.
Una cantidad récord en la época por un jovencísimo jugador de tan solo 19 años, con apenas unos meses de experiencia en Primera División y que, además, se convertía en el primer jugador español que fichaba por el Real Madrid de la mano de Florentino Pérez.
Comenzaba en ese momento una de las más exitosas carreras de la historia reciente del club, marcada por un talento y un físico especiales, unas dotes excepcionales de liderazgo y un espectacular carácter ganador, que le auparon enseguida dentro del vestuario madridista, a pesar de su juventud.

Luces pero también sombras en una exitosa carrera
Una carrera repleta de luces pero también de algunas sombras, que llegaron precisamente por su peculiar carácter y por un más que discutible asesoramiento por parte de su hermano y agente, René Ramos y por un grupo de periodistas afines, bautizados en su día como «Reneítos».
Un entorno altamente tóxico que le hizo llevar sus últimas renovaciones a extremos ciertamente desagradables, telegrafiadas por la Prensa y con chantajes, a veces inexcusables e intolerables, al club. Su principal lunar, quizás, sin duda en una carrera casi inmaculada, marcada por el éxito.
De hecho, son tristemente recordados sus espinosas últimas renovaciones, como la de 2015 y el chusco episodio de su salida rumbo a China en 2019 y aquella esperpéntica rueda de prensa en la que, tras el fiasco de la operación acabó diciendo aquello de «jugaría gratis en el Real Madrid».
Y qué decir de esta última frustrada renovación, marcada por la constante presión desde una parte muy importante de la prensa hacia el club para imponerle unas condiciones muy alejadas de las pretensiones y la tradición del club (renovar de año en año a los jugadores mayores de 32 años) y en un entorno de crisis.

Por no hablar de su voracidad, a veces enfermiza, en batir determinados récords, especialmente con la selección española. Una obsesión que tuvo su punto culminante este mismo año, con su esperpéntica convocatoria en marzo, recién salido de una delicada lesión de rodilla y de la que aún no había terminado de recuperarse al 100%.
Sólo para engordar su estadística y que, salvo atesorar dos entorchados más en su lista de internacionalidades en una serie de partidos sin ninguna trascendencia, lo único que trajo consigo fue una lesión, tremendamente inoportuna que le dejó en el dique seco en el momento más delicado de la temporada con el Real Madrid.
Una decisión que sentó muy mal en el seno del Real Madrid, y que unido al órdago lanzado al club por el jugador, negándose a aceptar su continuidad por un año nada más, ha acabado por precipitar su triste salida.
Un ganador nato
Sin embargo, nadie puede discutir el rendimiento deportivo de Sergio Ramos en estos años. Un rendimiento que le ha llevado a convertirse en los últimos 10 años en uno de los mejores centrales del mundo sin la menor duda.
Precisamente, su salto de calidad se produjo a partir de la temporada 2010/2011 cuando José Mourinho, sabedor de su enorme potencial futbolístico, decide usarle como central en vez de como lateral derecho, puesto que había desempeñado con bastante éxito prácticamente desde su llegada al club blanco en septiembre de 2005.

Uno de los momentos álgidos de su carrera en el Real Madrid llegó un 24 de mayo de 2014, en Lisboa, con aquel mítico gol de cabeza ante el Atlético de Madrid en el minuto 92:48, que igualaba una Final de Champions que el equipo tenía perdida y que, a la postre, acabó llevando el partido a la prórroga y finalmente acabó ganando el equipo madridista, en la inolvidable Décima.
Un momento de gloria que la Diosa Fortuna le había privado dos años antes, cuando falló el penalti decisivo que dejaba al Real Madrid fuera de la Final de Champions de la temporada 2011/2012 en el Bernabéu ante el Bayern Munich.
Un Bayern Munich ante el que, por cierto, protagonizó un partido grandioso en las semifinales previas al partido de Lisboa, con dos golazos espectaculares en el Allianz Arena, en una de las mayores exhibiciones colectivas que se recuerdan en la historia de la Champions League.
Sin embargo, con la salida de Iker Casillas del Real Madrid el verano de 2015, Ramos heredó la capitanía del equipo y con ello se convirtió en el líder absoluto de un vestuario y vivió probablemente sus mejores momentos como madridista.
Ramos se convirtió en pieza clave en la consecución de las tres Champions consecutivas y de los últimos títulos del Real Madrid, tanto por su capacidad goleadora como por su impecable rendimiento en la defensa blanca y unió por derecho propio su nombre al del Real Madrid más exitoso de los últimos 40 años.
De hecho, la Liga de la temporada 2019/2020, la del confinamiento, no se puede entender en modo alguno sin su excepcional rendimiento defensivo ni su acierto desde el punto de penalti.
Como tampoco se puede entender el título de la temporada 2016/2017 y sus goles en los últimos minutos en numerosos partidos, tanto de Liga como en la Supercopa de Europa ante el Sevilla al inicio de esa temporada, cuyo gol en el descuento posibilitó la prórroga y el posterior triunfo madridista.
Un palmarés inconmensurable
Con su salida, Sergio Ramos deja atrás probablemente el palmarés más brillante como jugador de la historia reciente del club.
En sus 16 temporadas en el seno del Real Madrid, Sergio Ramos ha disputado 671 partidos, el cuarto jugador más partidos en el club y con un espectacular balance de 22 títulos, lo que le sitúan a sólo uno de los 23 entorchados de Paco Gento, el jugador más laureado de la historia del Real Madrid.
Nada menos que cuatro Champions League, cuatro Mundiales de Clubes, tres Supercopas de Europa, cinco Ligas, dos Copas del Rey y cuatro Supercopas de España, además de convertirse en el defensa más goleador de la historia del club con 101 goles pero también de la Liga española, con 72 tantos.

En paralelo, su trayectoria con la Selección española no puede ser más brillante. Con 177 internacionalidades, es de largo, el jugador que más veces ha vestido la camiseta del equipo nacional y, curiosamente, uno de sus máximos goleadores con 23 tantos, una cifra inédita para un defensa en la historia del combinado nacional.
Pero es también uno de los más laureados, con dos Eurocopas (2008 y 2012) y un Mundial, el logrado en Sudáfrica en 2010, además del subcampeonato de la Copa Confederaciones en 2013, lo que le sitúan por derecho propio en el Olimpo del fútbol mundial.
