
La jornada de este día 6 de diciembre, fecha de reconocida españolidad por ser la conmemoración de la promulgación de nuestra Constitución, también será recordada por la del enésimo ridículo mundial de España, tras una dolorosa derrota por penaltis ante Marruecos.
En un partido lamentable de los de Luis Enrique, la Selección Española, en la que como todos sabemo sólo hay dos madridistas (Marco Asensio, de nuevo titular, y Dani Carvajal, que no disputó ni un solo minuto), ofreció un espectáculo deplorable.
Mal partido de España, con mucho toque y nada de profundidad
A pesar de dominar la posesión, el combinado español apenas sí disparó a puerta un par de veces entre los tres palos en 120 minutos y estuvo siempre a merced del entramado defensivo de Marruecos, que taponó muy bien la zona de creación (Pedri y Busquets, especialmente).
Con un juego pobre, previsible, sin ideas, España se limitó a tocar y tocar sin medida (hasta 1.009 toques se contabilizaron en total por el equipo nacional) pero sin apenas profundidad y sólo al final del tiempo extra, con un disparo de volea de Sarabia al poste derecho de Bounou, llevó peligro.
Entre medias -y es triste decirlo- la nada más absoluta. España no generó prácticamente nada en la primera mitad, salvo un remate a bocajarro al larguero de Gavi que previamente había desviado Bounou, si bien la jugada había sido invalidada por fuera de juego de Ferrán Torres y un disparo al lateral de la red de Marco Asensio, en una de las escasas ocasiones que España le consiguió ganar la espalda a la defensa marroquí.
Eso sí, Marruecos tuvo un par de ocasiones bastante claras. La primera, en el minuto 10, con el lanzamiento de una falta por parte de Achraf desde la frontal que rozó el larguero de Unai Simón. La segunda, al filo del descanso cuando Boufal, muy activo por la derecha durante esta primera mitad, colgó un fantástico balón al segundo palo y Aguerd, de cabeza, remató muy cerca de la escuadra izquierda del meta español.

La segunda mitad fue sencillamente infumable. Con más emoción que juego, las posibilidades de Marruecos se esfumaron en cuanto el cansancio, más que evidente en algunos jugadores como Ziyech, hizo mella en el equipo. A partir del minuto 70, el equipo africano dio por bueno el empate a cero y se encerró a cal y canto, buscando únicamente sorprender en alguna contra.
Por su parte, a España -que estaba careciendo ya de bastante profundidad- se le atragantó aún más la defensa del conjunto africano y salvo un disparo lejano de Olmo, al que respondió bien Bounou, no daba con la tecla. Y, aunque Luis Enrique dio entrada a Nico Williams y a Morata por Ferrán Torres y Asensio en el minuto 63, la cosa no funcionó en absoluto.
Al final de los 90 minutos se llegó con un breve escarceo de Morata por la derecha y un intento de remate de Cheddira, que detuvo sin problemas Unai Simón, el partido se fue a la prórroga.
Prórroga, plagada de impotencia y sin apenas fútbol
Con Marruecos ya echado atrás de forma clara e inequívoca, Luis Enrique intentó buscar más energía con las entradas de Balde y Ansu Fati pero ni por esas. Balde no aportó nada y Ansu Fati, tremendamente desdibujado, ni siquiera apareció.
Lejos de buscar la heroica, Luis Enrique siguió enrocado en el tiki-taka, y los pocos centros que intentó (ni siquiera de esquina buscó el lanzamiento directo a pesar de tirar más de 15 córners), acabaron todos despejados por la poblada zaga marroquí, en un área donde prácticamente ya no cabía ni un alfiler, con sus 11 jugadores dentro, tapando todos y cada uno de los huecos.
Es más, España se llevó un buen susto a punto de llegar al final de la primera parte del tiempo extra cuando Simón logró sacar con el pie abajo un remate de Cheddira, que culminaba una gran contra hilada entre Ziyech y Ounahi.

Con Marruecos buscando únicamente los penaltis, transcurrieron los últimos 15 minutos de la prórroga. Un canto a la impotencia más absoluta, ofrecida por los de Luis Enrique, incapaces de imponer nada más que toques y toques, a paso de tortuga, buscando sin éxito alguna fisura en la nutrida defensa del equipo rojo y apenas algún balón colgado.
Y cuando el partido estaba en el descuento final, llegó la mejor (y única) oportunidad española. Sarabia, que acababa de entrar al partido por Nico WIlliams, apareció por detrás de la defensa para rematar de volea un pase de Balde al segundo palo pero su disparo acabó rozando el poste y marchándose fuera.
Sin puntería desde el punto de penalti
A partir de ese momento llegaron los temidos penaltis y, aunque todo se puso de cara para España (eligió que los lanzamientos fueran en la portería donde estaban los fans españoles y reservándose el último disparo), las cosas no pudieron ir peor.
España no acertó ninguno de los tres penaltis que lanzó. El primero, de Sarabia al palo, por mala suerte pero los otros dos, de Carlos Soler y Busquets respectivamente, fueron sencillamente indecentes. SIn convicción, sin apenas carrerilla, lanzaron flojo y al centro y Bounou no tuvo ningún problema para detenerlos.
Por su parte, Marruecos acertó con tres de los cuatro que tiró (Sabiri, Ziyech y finalmente, Achraf) Sólo el fallo de Banoun en el segundo lanzamiento puso algo de suspense y Marruecos, con justicia, pasó a cuartos, poniendo punto final a la aventura mundialista de España y, con ello, la de nuestros dos jugadores.
La de Dani Carvajal, bastante efímera porque, salvo el partido ante Alemania y unos minutos ante Japón, apenas sí ha contado para Luis Enrique. Y también la de Asensio, que si bien ha jugado tres partidos de titular pero ninguno completo, al menos se vuelve con un gol, el anotado ante Costa Rica en la única victoria del conjunto español en este Mundial.
