
Real Madrid 4-1 RB Leipzig: «Tres de tres en la noche que el Bernabéu hundió a Vinicius»
El Real Madrid ha cosechado su tercera victoria consecutiva en los tres partidos que se llevan disputados en esta Fase de Grupos de la Champions, convirtiéndose en uno de los escasos cinco equipos que han sido capaces de imponerse en todos sus encuentros.
Además, el equipo ha dejado una buena imagen, más sólida y, sobre todo, capaz de aprender de sus errores, solventando una serie de desajustes defensivos que habían provocado que, de no ser por Courtois, los alemanes se habrían ido al descanso muy probablemente por delante en el marcador.
Aun asi, los goles de Bernardo Silva, Güler, Mbappé y Diomandé (estos dos últimos, ciertamente espectaculares) dejaron ver un juego más fludio y solidario, en el que el balón se movía con bastante mejor criterio y, lo más importante, se afinaba la puntería, especialmente en la segunda mitad.
Lo peor, la imagen de un Vinicius vencido, derrotado y abatido -y lo más triste- por su propio público y de forma tremendamente injusta. Nadie va a discutir que el brasileño no está pasando por su momento más lucido. Es más, hacía años que no se le veía tan lejos de su mejor forma.
Pero eso no es óbice para la perra que le cogió parte del público del Bernabéu, prácticamente desde que comenzó el partido y que, en vez de buscar animarle y llevarle de la mano, se vistió de Torquemada y se sumó una vez más al Tribunal de la Santa Inquisición del Bernabéu.

Si a Vinicius le quitamos su autoconfianza, que le llevó de ser un meme en sus dos primerso años al mejor y más decisivo jugador del mundo años después, nos encontramos con el Vinicius que vimos esta noche.
Incapaz de encarar, cabizbajo, sin confianza en su regate y pitado de forma bastante «ostetórea» -que diría el «Clásico»- cada vez que perdía un balón o, sencillamente, no buscaba ese uno contra uno que le hizo el mejor del mundo, Vinicius acabó sustituido y su semblante, al borde de las lágrimas, todo un poema.
Una verdadera lástima y espero que estos partidos que aún le quedan de sanción en la Liga, por más que pueda jugar de nuevo el día 3 de noviembre en Atenas ante el AEK, le sirvan para mejorar. Pero sobre todo para recuperar la fe en sí mismo, hasta hora inquebrantable.
Le necesitamos y un Real Madrid con un Vinicius fuerte será siempre un Real Madrid infinitamente más fuerte.
Bernardo Silva rescata al Real Madrid en la primera parte
En lo meramente deportivo, Mourinho volvió a hacer cambios, aunque más de nombres que de sistema. Es más, repitió el mismo esquema que ante el Sevilla, con Courtois en portería, Valverde, que repetía como lateral derecho, Rüdiger, Huijsen y Carreras en defensa, con Camavinga y Bernardo Silva en el eje del centro del campo, Güler y Bellingham por las bandas y Vinicius y Mbappé en ataque.
El partido comenzó con un dominio intenso del Real Madrid, que tenía mucho balón y jugaba casi siempre en el campo del conjunto alemán, con mucha presencia ofensiva por la derecha, con la tripleta Valverde, Güler y Bernardo Silva, mientras que Vinicius apenas sí aparecía por la izquierda, dejando más protagonismo a Bellingham.
Sin embargo, ese dominio no se tradujo en ninguna acción especialmente peligrosa ante el marco de Vandevoordt, el jovencísimo meta belga del Leipizg, que hoy salvó a su equipo de una derrota más abultada.

Es más, los de Demichelis poco a poco fueron estirándose y, sobre todo, por las bandas, aprovechando el mal momento de Carreras, se dieron cuenta de que llegaban con excesiva facilidad al borde del área madridista.
Así llegó la primera gran ocasión del partido en el minuto 27, cuando Rómulo consiguió conectar un buen remate de volea desde el punto de penalti casi sin oposición. Pero ahí estaba Courtois, pleno de reflejos, para sacar una increible mano abajo y mandar el balón a córner cuando ya se cantaba el primero de la noche.
Ese golpe hizo reaccionar al Real Madrid que apenas un minuto después, una gran conducción de Vinicius le permitió llegar a la frontal y disparar con fuerza, pero el chut del brasileño se topó con las manos de Vandevoordt, en una gran acción.
Un Vinicius que tuvo otra oportunidad muy similar minutos más tarde y que terminó de la misma forma; esto es, con otro gran disparo lejando, respondido con otra gran intervención acrobática del portero belga del Leipzig.
El partido entonces entró en una fase de «calma chicha» que se vio sobresaltado al filo del minuto 40 cuando, en otro error de Carreras en su posición, permitió a Nkunku plantarse ante Courtois, pero el belga, muy acertado, se hizo grande en su salida y logró evitar el tanto.
Ese susto provocó un nuevo arreón madridista, que volvió a meter en su campo al Leipzig y así, en el ’43, en una gran triangulación entre Güler, Mabppé y Valverde, el uruguayo logró ganar la línea de fondo y trazar un gran pase al área donde el turco remató de primeras.
El balón, que iba con mucha potencia, se le escapó a Vandevoordt y Bernardo Silva, muy atento y en boca de gol, se adelantó al portero visitante, acertó a meter la pierna y mandó el balón a la red.

Un gol que le dio muchísima tranquilidad y aplomo al equipo, que se fue al descanso con parte de los deberes hechos, pero también con el convencimiento de su fragilidad defensiva, sólo enjugada por el poder casi hipnótico de Courtois para mantener cerrada la puerta.
Golazos y buen juego madridista en la segunda parte
Nada más volver del descanso, Valverde dispuso de una clara ocasión en una gran internada por su banda pero Vandevoordt logró desviar ligeramente, lo justo para evitar el tanto.
Un tanto que sí llegó en el minuto 51, cuando Bellingham, disfrazado de extremo izquierdo, ganó la línea de fondo y puso un excelente servicio a Mbappé para que el francés, en el segundo palo, rematase de cabeza superando al portero visitante. En ese momento. adelantándose a Raum, Güler aseguró el tanto empujando sobre la línea el balón a la red.
A partir de ahí se acabó el partido para los alemanes, que desaparecieron del campo ante el empuje madridista, que empezaba a gustarse, dejando varias jugadas de calidad, con toques de tacón de Bellingham y Mbappé que gustaron mucho al público.
Un público que, ni siquiera con la ventaja en el marcador, le dio un solo minuto de tregua a Vinicius, al que despidieron del campo en el minuto 70 con una sonora pitada, cuando dejó su puesto a Diomandé.

Un Diomandé que, por cierto, sigue tocado por la varita mágica. Nada más salir al campo cautivó a los espectadores con varios quiebros, merced a su capacidad de cambiarse el balón de pie y de irse tanto por fuera como por dentro.
Precisamente de las botas de Diomandé salió el tercero de la noche. Corría el minuto 82 cuando el costamarfileño buscó la llegada de Mbappé desde el perfil izquierdo y le dejó el balón en la frontal. Aprovechando que no le encimaba nadie, el francés se acomodó el esférico y lo alojó en el palo izquierdo del meta belga del Leipzig con una maravillosa rosca.
Sin embargo, no tardó en acortar distancias el conjunto alemán que, prácticamente, tras el saque de centro sorprendió a una defensa madridista muy descolocada y Baumgartner, que acababa de saltar al campo, condujo hasta la frontal para asistir a un completamente solo Gomis, que batió con facilidad a Courtois.
Ese gol alteró no sólo los planes de Mou, que estaba a punto de dar entrada a Espí y a Endrick para sumarse a la fiesta, sino que generó cierto desajuste en el equpo. Por ello, y viendo cómo el Madrid perdía míniamente los papeles, anuló el cambio y puso a calentar rápidamente a Tchouameni.
Sin embargo, no hubo lugar al susto porque sólo cuatro minutos después, en otra contra madridista, en este caso desde la derecha bien llevada por Brahim, el hispanomarroquí le puso un centro medido a Diomandé en la otra parte del área. Un balón bombeado, templado y aparentemente inocuo pero que permitió que el costamarfileño enganchase una tremenda volea que se coló como un obús por la escuadra derecha de la portería alemana.
Este gol no sólo trajo de nuevo la calma sino que además, permitió que instantes después Espí y Endrick entrasen por fin al campo en lugar de Mbappé y Bellingham y, a pesar de lo poco que quedaba para el final, tuviesen tiempo para dejar constancia de su calidad y facilidad de ver puerta.

Endrick se ubicó como extremo derecho y protagonizó un par de buenas jugadas mientras que Espi, ya en el descuento y aprovechando otra contra, estuvo a punto de sumar un nuevo gol, pero su remate un tanto forzado se acabó estrellando el poste.
Ahora toca volver a la Mugrienta Liga Negreira y encima para rendir visita al Corruptísimo Barça, punta de lanza de este corrupto campeonato, para jugar un Clásico en el que una derrota, a la que no dudo que pondrá todo de su parte el CTA para que se produzca, dejaría a los de Mou con una incómoda desventaja de nueve puntos. Por tanto, si ganar en el Nou Camp siempre ha sido importante, más aún lo va a ser en este momento.
Ficha técnica del partido
Real Madrid: Courtois; Fede Valverde, Rüdiger, Huijsen, Carreras (Cucurella, ’70); Camavinga, Bernardo Silva; Güler (Brahim, ’77), Bellingham (Endrick, ’87), Vinicius (Diomandé, ’70) y Mbappé (Espí,’.87).
RB Leipzig: Vandevoordt; Baku, Orbán, Lukeba, Raum (Finkgrafe, ’73); Seiwald, El Aynaoui (Reitz, ’63); Gruda (Maksimovic, ’63), Nkunku (Baumgartner, ’78), Nusa (Gomis, ’73); y Cardoso.
Arbitro: István Kovacs (RUM). Amonestó a Carreras por el Real Madrid, y a Reitz por el RB Leipzig.
