Real Madrid 5-0 Granada: «Que siga la fiesta»

El retorno del Real Madrid a la competición doméstica en este nuevo año no ha podido ser más fructífero. A pesar de lo extraño de la hora -las 13:00 horas- el partido fue una auténtica balsa de aceite, en la que el Granada no fue sino una mera comparsa en una auténtica sinfonía, traducida en una plácida victoria por 5-0
Con este nuevo triunfo, Zidane no sólo sigue mandando al fondo de la más oscura y fría de las cuevas a sus detractores, que ven en él a un mero gestor de egos y un tipo con suerte, sino que ha igualado las 39 jornadas invicto de Luis Enrique en el Barça. Un dato ciertamente revelador para un entrenador que, justo en la semana que cumplía un año natural en el banquillo del Madrid, no deja de hacer historia en nuestro equipo.
Pero volviendo al partido, hay que decir que Zidane presentó en esta ocasión una alineación más reconocible que el «once» que vimos ante el Sevilla el pasado miércoles en la Copa del Rey. El técnico galo salió con lo mejor que tenía a su alcance en el que destacó, sobre todo, la vuelta de Cristiano Ronaldo a la titularidad, tras su inesperado descanso ante el equipo hispalense.
Baño de oro en el Bernabéu:

Precisamente, minutos antes de dar inicio el encuentro Cristiano Ronaldo se dio un auténtico baño de masas al ofrecer su cuarto y merecidísimo Balón de Oro. Para acompañar al luso, el club puso sobre el césped del Bernabé a todos los jugadores madridistas que ganaron el citado galardón en sus carrera.
Por eso, el «7» madridista se codeó con Raymond Kopa, Michael Owen, Luis Figo, Ronaldo Nazario y el propio Zinedine Zidane y recibió el premio de manos del Presidente de Honor del Real Madrid, Francisco Gento.
Sin embargo, nada más sonar el pitido inicial se pudo ver que el Madrid no estaba de fiesta. Más bien todo lo contrario y, tal y como ocurrió el miércoles pasado en Copa, desplegó una presión altísima, muy arriba que desarboló al Granada.
De esta forma, y merced al dominio intenso que venía desplegando el Madrid, traducido en un disparo de Marcelo que se fue alto del primer gol no tardó en llegar. En el minuto 13, una desacertada conducción de Samper tratando de sacar el balón de su zona defensiva se encontró con el «ardor guerrero» de un Isco desatado, que se tiró a lo pies del jugador nazarí, robándole el balón.
Benzema, muy atento a la jugada, se hizo con el esférico y con un pase magistral al hueco le devolvió el cuero a Isco, que seguía la jugada, y el malagueño, totalmente desmarcado, batió por bajo al mexicano Ochoa.
Lejos de bajar los brazos, el Madrid continuó con su presión en campo rival y el Granada, que además acusó el mazazo tempranero, tampoco daba una a derechas. Por eso nadie se sorprendió cuando, apenas siete minutos más tarde, y tras un aviso de Cristiano en un duro disparo que despejó la defensa visitante, el Madrid volvió a golpear.
Corría el minuto 20 cuando una gran jugada colectiva del ataque madridista fue culminada por Luka Modric con un disparo desde la frontal del área que Ochoa no acertó a atajar. El balón quedó muerto y Benzema, en posición dudosa, remachó a placer ante las protestas visitantes.
A partir de ese momento, lo poco que se había visto del Granada -apenas un acercamiento de Tabanou minutos antes del segundo gol del Madrid- desapareció y se convirtió en una marioneta en manos de Kroos, Modric y Casemiro, que, junto a Marcelo, estaban bordando el fútbol.
Precisamente fue el lateral brasileño quien, en el minuto 26, culminó una excelente jugada con un maravilloso centro al área que Cristiano Ronaldo, libre de marca, remató de cabeza de forma imponente prácticamente en el área pequeña.
Lejos de rebajar su intensidad, el Madrid continuó desplegando su tela de araña sobre las cenizas del Granada y, tras un par de oportunidades a tiros de Marcelo y Carvajal, bien detenidas por Ochoa, el cuarto gol local no se quiso hacer esperar.
En el minuto 31, otra gran jugada de Modric, en este caso por la banda derecha, acabó con un excelente pase de la muerte hacia el área pequeña del Granada e Isco hacía su segundo gol, rematando a placer prácticamente sin oposición.
Con el Granada contra las cuerdas y el Madrid en racha, el único objetivo del equipo nazarí pasaba por lograr que llegase el descanso cuanto antes y evitar una reedición de aquella goleada que sufrió en 2015 en el Bernabéu por 9-1. Tal vez por eso subió un peldaño su intensidad, hasta ahora casi inexistente, y se empleó con una mayor dureza sobre el campo.
El primero en acusarlo fue Isco, quien a falta de un par de minutos para llegar al descanso, fue objeto de una durísima entrada de Samper, que vio la primera amarilla del día. Ahora bien, esa patada dejó bastante maltrecho al malagueño, hasta el punto que no volvió a recuperarse, teniendo que abandonar el campo tan solo cinco minutos después del descanso.
Una segunda parte más relajada:
El descanso nos dejó el relevo de Kroos por el colombiano James Rodríguez y una reestructuración en la «sala de máquinas» madridista, que se continuó en el minuto 50, cuando un renqueante Isco tuvo que dejar su sitio en el campo a Marco Asensio.
Estos cambios dejaron un dibujo táctico diferente al de la primera mitad, con un Modric más retrasado y con Casemiro en su papel de stopper, con el joven futbolista balear por la derecha y James, más cerca de la media punta, con plena libertad de movimientos.
Sin embargo, y a pesar de que el Madrid continuó con su monólogo, lo cierto es que la intensidad del partido decayó bastantes enteros y el ritmo vertiginoso de la primera mitad desapareció por un juego más lento y pausado. Aun así, el Madrid siguió dando picotazos que hacían presagiar una goleada de escándalo.
En los primeros 15 minutos de la segunda mitad, el Madrid pudo haber sumado un par de goles más. Benzema tuvo en su botas sendas oportunidades, una que sacó de forma magistral Ochoa nada más empezar y otra que se le fue alta al francés.
Aprovechando que el Madrid había bajado su presión, trató de dar un paso al frente pero no tuvo demasiada suerte. En el minuto 58, Marco Asensio volvió a robarle la cartera a la defensa rival, cobrándose una falta a Tabanou prácticamente en el córner derecho del ataque madridista.
Esa falta fue botada de forma magistral por James y el balón, tras superar a toda la defensa visitante, fue rematado a placer en el segundo palo por Casemiro, que culminó con este gol uno de sus mejores partidos de la temporada.
Desde ese momento el Madrid bajó definitivamente el pistón y aunque hubo algún que otro acercamiento peligroso al área del Granada, como un tiro de Marcelo que se perdió por poco y una falta directa que James estuvo a punto de mandar a la escuadra, el partido se acabó virtualmente.
Sólo hubo un par de cosas reseñables. La primera, la tremenda ovación con la que Zizou quiso premiar a un excelente Marcelo, cuando fue sustituido en el minuto 67 por Fabio Coentrao, que jugaba sus primeros minutos en Liga de la temporada.
La segunda, la tremenda entrada de Tabanou a Carvajal, en una brutal patada junto al banderín de córner del Granada, que a punto estuvo de mandar al hospital al lateral de Leganés. Una coz inmisericorde, merecedora de cartulina roja, pero que el colegiado Vicandi Garrido sancionó con amarilla.
Así las cosas, el encuentro escribió su epílogo con una nueva oportunidad de Cristiano Ronaldo, que volvió a sacar un inspirado Ochoa, y la mejor -y quizás única- del Granada, en un mano a mano entre Kravets y Keylor Navas, que el costarricense desbarató brillantemente.
Sin un solo minuto de descuento, Vicandi hizo sonar el silbato y el partido tocó a su fin. El público se fue satisfecho del Bernabéu con una nueva goleada y, lo más importante, con una nueva piedra en el muro cada vez más sólido de Zidane y las opciones del equipo para ganar una Liga que, por motivos en su mayor parte extradeportivos, nos viene siendo esquiva desde 2012.
