En julio de 2007 aterrizaba en el Real Madrid procedente de Oporto, un central brasileño de 24 años con dos ligas portuguesas bajo el brazo y con un nombre muy castizo que recordaba épocas en las que el fútbol no había estrechado aún los lazos con el marketing.
Capello había enderezado el rumbo de un equipo que venía de perder su identidad con Luxemburgo, García Ramón, López Caro y otros ilustres entrenadores que quedarán para siempre en la funesta memoria de los que los sufrieron, y aplastados por el implacable olvido con el que la gloria somete a los mediocres.
El título de Liga 2006/07 fue una grata sorpresa patrocinada por el técnico italiano, que llegó, vio, venció y limpió el vestuario de todo lo que olía a Galáctico. Con la misión cumplida, Ramón Calderón entendió que ese año de Emerson-Diarrá en el centro del campo era lo máximo que iba a aceptar el Bernabéu como precio por volver a ganar un título importante, y apostó por Bernd Schuster para rescatar el ‘juego bonito’ y combinarlo con el carácter ganador que volvía a tener el equipo.
En esas llegó Pepe, por el que se pagó un precio desorbitado para la época, al menos por un central sin experiencia en la élite. Los 30 millones de euros que el equipo blanco pagó por Pepe, le proporcionaron a la prensa un jugoso binomio de titulares con los que se ponía en tela de juicio la decisión de una directiva que le había traído a Schuster una pieza que él no había pedido, y que tendría que pugnar por un puesto con el compatriota de confianza del técnico: Cristoph Metzelder.

SUS PRIMEROS PASOS
Pepe debutó en el Bernabéu formando pareja con Fabio Cannavaro en la derrota por 3-5 ante el Sevilla que decantó la Supercopa de España a favor del equipo andaluz, y que acabó con expulsión del central brasileño. Una carta de presentación cuanto menos mejorable.
No fue hasta la jornada 17 del campeonato de Liga 2007/08, séptimo partido en la competición para él, que Pepe se presentó al mundo como un central potente, rápido, duro y temible. Fue nada más y nada menos que en el Camp Nou, en la victoria del Madrid por 0-1 con gol de Baptista, en la que vimos a Don José saliendo airoso con buena nota del duelo contra Ronaldinho, Eto’o, Deco y compañía.
A partir de ahí el luso brasileño no se cayó de las alineaciones de Schuster y, durante la siguiente década, de las de casi ningún entrenador. La afición iba a conocer a un central emblemático, de los que odias en el equipo contrario pero que adoras tener en el tuyo. El tipo duro por excelencia, con unas mañas propias de otros tiempos. Con el que seguro que no le habría importado compartir zaga al bueno de Goyo Benito.
Pepe combinó un rendimiento excelso con acciones que caminaban por la fina línea que separaba el juego duro de la agresión. Se labró, y no de forma del todo injusta, una fama de jugador agresivo y peligroso con la que Képler parecía disfrutar como un niño. Es más, todas sus salidas de tono parecían gozar con el beneplácito de la afición hasta un día en el que al matón con sonrisa adorable de Maceió, perdió el control en una acción que le acarrearía no pocas críticas de todo el mundo del fútbol, y que hasta la fecha sigue siendo el episodio más bochornoso de su larga y exitosa carrera.
UN DÍA DE FURIA
Su acceso de ira contra Javier Casquero acaparó la atención de todo el mundo, y Pepe fue objeto de los reproches de toda la prensa, aficiones, entrenadores y compañeros de profesión. 10 partidos de sanción borraron a Pepe del mapa, y ponían en duda su continuidad en el club. Su arranque violento en aquel partido creo una mancha difícil de limpiar, que amenazaba también la imagen del Real Madrid.
Sin embargo, ese verano la vuelta de Florentino Pérez a la presidencia, relegó a un segundo plano la atención sobre el jugador, que se fue incorporando de nuevo a las alineaciones esta vez ya con Pellegrini. Aunque esta vez fueron las lesiones las que hicieron que Pepe solo disputara 17 partidos esa temporada. Las lesiones, y el buen rendimiento de Garay y Albiol acompañando a Ramos.
MOURINHO
La llegada de Mourinho, que vino con su pareja de la selección, Ricardo Carvalho, parecía presagiar para Pepe una época de felicidad deportiva. El brasileño fue un fijo del técnico portugués, llegando incluso a jugar algunos partidos en el medio del campo.
Fue una época en la que los intensos y continuados clásicos que se jugaron, pusieron a prueba su autocontrol, devolviéndonos en ocasiones a ese Pepe furioso y concentrado que encandilara en su día a la afición madridista.
En el último y convulso año del técnico luso, que abandonó el club con parte del vestuario levantado en armas contra él, José Mourinho comentó que Pepe tenía un problema con nombre y apellidos: Raphael Varane, aludiendo así a la frustración deportiva como razón para que el central portugués estuviera posicionado radicalmente en su contra.
ANCELOTTI
Ancelotti trajo la calma. Amigo de los jugadores fiables y con experiencia, el técnico italiano, junto con las lesiones, frenaron el cabalgante progreso del joven defensa galo y devolvieron a Pepe a la titularidad. Descubrimos al Pepe más limpio, serio y maduro, y así había de ser hasta el fin de su carrera.
Pepe fue partícipe importante de las Champions de 2014 y 2016, así como de la consecución de la Eurocopa, de la que volvió con una lesión que lo eliminó de las alineaciones de Zinedine Zidane al comienzo de la campaña que acabamos de despedir.
EL ADIÓS
Durante su largo periodo fuera del césped, inició las conversaciones para renovar su contrato, pero las diferencias con las políticas del club para renovar a jugadores mayores de 33 años, chocaron frontalmente con sus demandas. Todo ello sumado al creciente papel de Nacho como tercer central, le colocaron en la lista de prescindibles para directiva, cuerpo técnico y afición.
Pepe levantó dos títulos vestido de calle, y tuvo la oportunidad de despedirse del Bernabéu micrófono en mano en mitad de la fiesta de la Champions. Sin embargo, eligió hacerlo en la radio, con Juanma Castaño, atizando al club y a Zidane apenas 48 horas después de uno de los momentos más importantes de la historia del madridismo.
Entre toda la carnaza que dejó el portugués, y que no merece la pena remover, destacó su reproche al Madrid por no defenderle con sus problemas de Hacienda. El mismo club que entre otras cosas, le dio la oportunidad de jugar en la élite; jamás se posicionó en su contra cuando, con su escudo en el pecho, pateó en el suelo a un rival bajo la mirada de millones de espectadores en todo el mundo; y que no le reprochó su amotinamiento contra Mourinho.
A Pepe lo recordaré siempre de corto, de blanco y con el 3 a la espalda. En el césped. Donde siempre dio la cara por el Real Madrid y donde se dedicó solo a ser el mejor. Donde no nos dio tiempo a verle flaquear y donde será para siempre un símbolo del madridismo.
Ahí Pepe, ahí es donde deberías haber terminado, y no al teléfono.
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Adiós a un gran jugador en el campo y una persona cobarde y que no se merece un minuto más de gloria a costa de nuestro Club.