Previa Liverpool-Real Madrid: Cuatro noches más

Tras un primer asalto que se tiñó de blanco con justicia, Anfield espera a Real Madrid y Liverpool para cerrar los cuartos de final de la Champions League. Si bien es demasiado pronto para pensar en algo más, tanto Reds como Merengues ya hacen cuentas de cara a la hipotética final: solo falta el sprint final.

Españoles e ingleses llegaban al cruce mirándose al espejo. Aunque sea incómodo, son dos caras de la misma moneda. Ambos conjuntos forman parte de la realeza europea, han vivido temporadas mejores, estaban dando la cara en el momento más difícil del curso y la gasolina estaba empezando a escasear mientras se sucedían las bajas.

El partido en el Estadio Alfredo di Stéfano iba a ser un duelo de igual a igual en lo físico, mental y futbolístico. Pero en esos escenarios igualados hay un hombre que se mueve mejor que nadie, haciendo que la balanza siempre se decante hacia su favor. Zinedine Zidane lo volvió a hacer, marcando el camino de la victoria (junto a unos brillantes Toni Kroos y Vinicius Junior) y dañando a la maltrecha confianza del Liverpool.

La euforia del Real Madrid volvió a su tope en el fin de semana, ganando al Barcelona y dando un golpe en la clasificación liguera. Una vez más, en noches tan igualadas como decisivas en el devenir de la temporada, Zidane acertó. El gen competitivo del Madrid, al que le pirran esas semanas de tres partidos en las que se juega todo, volvió a salir a relucir con el pitido final ante el Barça.

Los dos primeros partidos del Tourmalet particular de los Blancos los había resuelto con nota y la euforia hacía pensar en que lo del miércoles en Anfield sería un trámite, como quien va al dentista sabiendo que lo va a pasar mal pero que va a salir igual. Entonces, Zidane, el hombre al que seguir y escuchar cada vez que habla a estas alturas del año, lo advirtió al final del partido. “Físicamente estamos al límite. Nos cuesta acabar los partidos, pero estamos vivos”, confesaba el francés al acabar el partido.

Horas antes de que el Madrid viese como crecía su confianza, el Liverpool vio que, aunque el resultado de la ida pese como una losa, le sigue sirviendo la garra de Anfield para sacar adelante partidos. Con la pelea por entrar en la Champions League tremendamente apretada en la Premier League (solo cuatro puntos separan al tercero y a los Reds, sextos), los pupilos de Jürgen Klopp consiguieron una importante victoria en el descuento ante el prometedor Aston Villa de Dean Smith.

Los de Anfield firmaron una genial media hora, estando esta en sintonía con los primeros minutos de la segunda mitad en Valdebebas, cuando los visitantes estuvieron cerca del empate a dos. Pero como sucedió en el compromiso europeo, los nubarrones pronto aparecieron en el cielo dorado que se prometían los Reds. Si en Madrid Vinicius remató la contienda gracias a la falta de concentración de la zaga, ante los Villains fue Ollie Watkins (12 goles en su temporada de debut en la Premier).

Los Reds hicieron gala de la garra que siempre sale a relucir en su estadio, consiguiendo empatar el partido. En ese momento, sobre la hora de juego, el Liverpool se cayó. Si bien Anfield sigue siendo Anfield y el miedo escénico siempre estará ahí, el feudo de los de Merseyside vacío no condiciona tanto los partidos.

El Aston Villa tuvo mejores ocasiones desde el empate hasta el final del partido, haciendo peligrar así la clasificación del Liverpool a la próxima edición de la Champions League. Pero los Reds siguen siendo un equipo abonado a la épica. Trent Alexander-Arnold, que quedó señalado en Valdebebas, decidió la contienda en el descuento con un disparo marca de la casa. Se señaló el escudo con rabia, ya que era consciente de lo cerca que tienen el precipicio. El mismo resultado no les sirve ante el Real Madrid en la vuelta, pero no está mal llegar al encuentro con las pilas cargadas gracias a un gol en el descuento.

Por tanto, el panorama para la vuelta es el esperado: favorable para el Madrid por resultado y momento, pero se puede complicar en cualquier momento. Klopp parece haber aprendido la lección tras la ida, por lo que sería descabellado pensar que volverá a sentar a Thiago Alcántara por una variante que le permita presionar más.

En cuanto entró el español en el Di Stéfano y en Anfield este pasado fin de semana, el equipo mejoró gracias a su mayor control del balón y mejor gestión de este. Además, ya se vio que ir a presionar al Real Madrid de Toni Kroos no es buena idea.

La eliminatoria ante la Atalanta y la ida de este cruce así lo atestiguan. Con el ex de Bayern de Múnich y Barcelona en el campo repartiéndose el balón con Alexander Arnold el Liverpool mejora en la gestación de juego, pero le sigue quedando el debe en cuanto a los goles. Visto que el duelo entre Ferland Mendy y Mohamed Salah está bastante igualado y que Diogo Jota no jugó su mejor partido en Madrid, las esperanzas recaen en Sadio Mané y su vuelta a la hoja de anotadores. Pocas oportunidades mejores va a tener: los de Zidane llegan con bajas en el lateral derecho y su equipo está por debajo en la eliminatoria.

Si bien muchos de los problemas de los Reds se pueden resolver con la figura de Roberto Firmino (el Benzema brasileño, tan criticado como amado por la marcada estética de su juego y sentido del fútbol asociativo), el problema sigue estando en la retaguardia. Ozan Kabak, aunque fue cambiado en la ida, es el central de más garantías para el Liverpool.

Su juventud e ímpetu pueden ser un hándicap, pero es el único central capaz de sacar el balón con cierta solvencia y de corregir al espacio. Si no es por él, el 2-0 blanco de la primera mitad podía haber sido mayor. El problema, como ya se vio, es la espalda del sector diestro de la zaga Red.

Alexander-Arnold es un mal defensor, cosa que ya era cuando dominó en Europa. La diferencia es que entonces tenía a Joe Gomez para corregir sus errores. Ahora, con Nathaniel Phillips, central que el año pasado jugaba en Bundesliga II (Segunda División alemana), los errores pesan más. El central, si bien defendiendo el área ha mostrado mucho potencial, lejos de su portería es una presa fácil para las diagonales de Vinicius.

Ambos conjuntos son incapaces de ver esta vuelta como un trámite. Ya sea por el peso de Anfield, el respeto que se tienen entre grandes europeos o que el resultado permite soñar a los dos con el pase, la eliminatoria no está resuelta. Como en la ida, todo está abierto y prácticamente hay una incógnita que puede decidir todo en cada zona del campo.

El premio sigue siendo mayúsculo para quien consiga resolver la eliminatoria: solo quedarían tres partidos más para volver a levantar una Copa de Europa. Sumando la del miércoles, restan cuatro noches de nervios, dolores de cabeza e ilusión. Solo queda ver quien se lleva el gato al agua. Y, por supuesto, que le aguante la gasolina.

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