
Real Madrid 2-2 Elche: «Una piedra en el camino»
El Real Madrid arrancó un importante y sobre todo, desesperado, empate en casa ante un Elche, en un partido que recordó por su desarrollo (aunque afortunadamente por su desenlace) al que vivimos hace unos meses en este mismo escenario ante el Sheriff Tiraspol en Champions.
Un partido en el que los de Ancelotti hicieron todo lo humano y casi lo divino para llevarse la victoria pero se encontró, como entonces, con un portero que rozó la perfección y un acierto rematador imposible de creer, haciendo diana en los dos tiros que lanzó entre los tres palos. Si a eso le unimos que Benzema no tuvo su día y mandó a las nubes un penalti, se dieron todos los ingredientes para que lo que se vivió ayer en el Bernabéu pudiese haber acabado en tragedia.
Finalmente, y gracias a ese espíritu tan madridista que canta la afición de «hasta el final, vamos Real», el equipo nunca dejó de creer en la remontada y, aun cuando peor estaban las cosas, con 0-2 a falta de 10 minutos, nadie bajó los brazos y se logró al menos la igualada, merced a un tanto estratosférico de Militao en el último suspiro del encuentro.
Por último, quería mencionar expresamente la labor de un tipo tan sospechoso como De Burgos Bengoetxea, quien ayer tu la gallardía (y eso hay que destacarlo) de pitar no uno sino dos penaltis, que en realidad fueron tres aunque uno de ellos, previa consulta al VAR decidió no considerarlo. Eso sí, hubo un cuarto, por mano, prácticamente al final del partido que quizás mereció esa consideración, pero era mucho pedir y, visto lo visto, era ya todo un triunfo.

Su único lunar -y el de muchos árbitros que pitan en el Bernabéu- fue su tolerancia con las pérdidas de tiempo. El Elche, y en concreto su portero, perdió todo el que quiso y no sólo no fue sancionado sino que al final apenas sí se descontaron cinco minutos, pese a que hubo motivos para haber alargado el encuentro siquiera dos o tres más.
La inexorable Ley del Fútbol: «Quien perdona, lo paga»
En lo relativo a lo deportivo, decir que el partido vivió una previa muy emotiva, con un sentido homenaje del club y de todo el Madridismo a su leyenda, Paco Gento, recientemente fallecido, con un espectacular minuto de silencio que puso los pelos de punta a todos.
La gran novedad de Carletto era la vuelta a la titularidad, meses después, de Eden Hazard, como reconocimiento al buen partido de Copa del miércoles en el Martínez Valero, con una ubicación novedosa, jugando entre líneas, por delante del centro del campo y con Vinicius y Benzema, que volvía al «once» en el ataque.
El experimento aparentemente parecía haber salido bien ya que, al menos durante los primeros minutos, se movió como pez en el agua, sacando las marcas y dejando huecos para que Benzema, muy errático y fallón ante el marco y Vinicius hiciesen de las suyas.
A los 10 minutos Vinicius hizo de las suyas en una gran internada, tras una muy buena asistencia de Benzema, dejando atrás rivales con un spirint espectacular pero en el último momento, se equivocó al intentar el disparo a bocajarro cuando tenía a Lucas Vázquez presto para empujarla casi en boca de gol.
Sólo tres minutos después, una maravillosa combinación entre Vinicius y Hazard en el vértice izquierdo de la portería ilicitana acabó con un pase atrás del belga para la llegada de Kroos. El alemán empaló de primeras pero el balón, excesivamente ajustado, se marchó pegando en el lateral de la red de Badía.

En el minuto 24 Benzema estuvo a punto de emular el golazo de tacón que le marcó el año pasado al Barça en Valdebebas, tras una buena jugada por la izquierda entre Mendy y Vinicius, pero en esta ocasión no estuvo acertado.
Apenas dos minutos más tarde, comenzó el festival de Edgar Badía. Benzema recogió de las nubes, pinchando con suavidad un buen pase lejano a la espalda de la defensa y, aunque con dificultad y encimado por Diego González, logró rematar pero el meta ilicitano desvío la pelota.
Una nueva actuación que repitió el meta al filo de la media hora cuando le desvió con la yema de los dedos un disparo raso y durísimo de Casemiro desde la frontal, cuando se daba por hecho que el balón acabaría en la red. Una gran jugada coral que se inició con un centro-chut de Lucas Vázquez que se había estrellado en el larguero unos segundos antes.
En el minuto 31 llegó la jugada del primer penalti, cuando Kroos le robó la cartera a Pere Milla en la frontal y asistió a Vinicius al corazón del área. El brasileño, que le había ganado la posición a Palacios, fue derribado claramente por éste cuando se disponía a rematar a puerta. Sin embargo, Benzema que, como digo, no tuvo su día, fue el encargado de ejecutarlo y lo mandó a las gradas.
Mala suerte para el Real Madrid, que estaba mereciendo de sobra ir por delante ante un Elche que, prácticamente, no había pasado del centro del campo durante la primera media hora de partido.

Pero la Ley del Fútbol no falla nunca y en el minuto 42, en la única vez que el conjunto franjiverde cruzaba la medular, y quizás en el único desajuste defensivo de los blancos durante este período, Fidel, que acababa de entrar al campo por el lesionado Pere Milla, se encontró una autopista por la banda derecha madridista y asistió al corazón del área para que Lucas Boyé, que le había ganado la posición fácilmente a Alaba, rematase de cabeza y adelantase al Elche.
El Real Madrid, lejos de acusar el golpe, se tiró hacia delante y en apenas un par de minutos, estuvo a punto de empatar con una gran internada de Mendy, que aprovechó el hueco que le había dejado un gran pase de tacón de Benzema, pero su disparo se volvió a topar con la manopla abajo de Badía, para desviar milagrosamente a córner.
Con el descuento cumplido, hubo tiempo para un par de oportunidades más. La primera, en las botas de Benzema, quien pudo anotar pero estrelló su disparo, flojo y centrado, contra el cuerpo del meta ilicitano, quien se volvió a lucir instantes después con un espectacular paradón al disparo de falta de Kroos, directo a la escuadra derecha de la portería.
Penaltis, goles y emoción en la segunda mitad
Aun en shock por lo ocurrido sobre el campo, el Real Madrid volvió tras el descanso con el mismo ánimo y el mismo espíritu desplegado en la primera mitad. Esto es, dominio asfixiante, circulación rápida de balón y velocidad en las bandas, especialmente en la izquierda.
Así, en el minuto 51 llegó otra jugada clave en el partido, cuando Hazard caía en el área derribado por Palacios. Sin embargo, en esta ocasión fue llamado al monitor por Estrada Fenández desde la Sala VOR y, tras consultar la jugada, se desdijo de su decisión y aquello quedó en nada.

En el minuto 58 llegó el segundo gran contratiempo de la tarde y, de nuevo, protagonizado por Benzema aunque por un motivo más serio que fallar un penalti y es que el francés se echó mano a la parte trasera de su muslo izquierdo y pidió el cambio, siendo reemplazado por Jovic.
Tres minutos después, una jugada cocinada a fuego lento por la izquierda entre Mendy y Vinicius fue finalizada por Kroos con un disparo que se marchó por encima del marco.
Precisamente fue Kroos quien en el minuto 63 dejó su puesto en el campo para dar entrada a Rodrygo, con el fin de alimentar una banda, la derecha, hasta ese momento en las botas de un cada vez más opacado Lucas Vázquez.
Sin embargo, lejos de mejorar, el Madrid se empezó a espesar, sus ataques cada vez menos organizados, acababan en nada y el cronómetro se desató, con el tiempo volando y la gente cada vez más nerviosa. En las gradas pero también en el campo.
Vinicius desaprovechó una magnífica ocasión cuando cruzó demasiado un buen balón casi en el área pequeña tras una jugada personal de Hazard. y Modric.
Parecía imposible que el Real Madrid no hubiese remontado este partido, o mejor dicho, este monólogo que estaba llevando a cabo sobre el césped. Pero más imposible se puso la cosa cuando en el minuto 75, Boyé regateó a placer a Mendy, que había salido a encimarle en la zona de tres cuartos del Real Madrid.
El delantero argentino aprovechó el hueco que Mendy había dejado en su zona y asistió para que Pere Milla, sin oposición, cruzase al fondo de la meta de Courtois, poniendo las cosas aún más cuesta arriba, si cabe.Sobre todo cuando sólo habían pasado dos minutos del segundo tanto del Elche, Casemiro estrellaba violentamente contra el larguero un durísimo remate de cabeza a la salida de un córner.

Buscando lo imposible, en el minuto 79 Ancelotti hizo un doble cambio, dando entrada a Isco y Fede Valverde por Hazard y Lucas Vázquez. Y el caso es que si bien ellos no fueron parte activa, sí que fueron testigos en primera persona del inicio del milagro ya que apenas un minuto después, Pere Milla desvió con el brazo un córner botado por Modric y De Burgos,tras una nueva consulta en el monitor del VAR, decretó penalti.
El encargado en esta ocasión fue Luka Modric quien no falló y anotó con suavidad, pegado al palo izquierdo de Badía, quien se había tirado para el otro lado.
Quedaban aún 10 minutos para intentar salvar al menos un punto y evitar esta dolorosa derrota que muchos veían ya como algo inexorable. Sobre todo cuando, a falta de dos minutos para el tiempo reglamentario, De Burgos no se atrevió a señalar un tercer penalti tras una clara mano de Verdú en el área franjiverde.
Y cuando todos daban ya por perdido el partido, en el minuto 92 llegó la magia de Vinicius sacando un centro maravilloso desde la misma línea de fondo para que Militao, elevándose sobre todos, conectó un poderoso testarazo para anotar el empate, prácticamente desde el área pequeña.
Sin mucho más, y después de tres minutos más de añadido (demasiado poco para lo que se había perdido, sin duda, entre las consultas al VAR, los cambios y las pérdidas de tiempo de Badía) , el partido llegó a su fin y el Real Madrid salvó un punto y que, atendiendo a los méritos de unos y otros, debieron haber sido tres.
Ahora llega un pequeño parón liguero que vendrá bien para recuperar aliento y, sobre todo, para saber que, a pesar del tropiezo, hay suficiente colchón y además, debido al tropiezo del Sevilla un día antes ante el Celta, hace que la distancia de cuatro puntos con respecto al segundo se mantenga inalterada una jornada más.
