Andriy Lunin, el renacido

Que su pifia en el primer gol del City el pasado martes no nos impida reconocer el gran rendimiento de Lunin estos últimos meses. El guardameta ucraniano, tras cinco temporadas sin apenas minutos, tenía el reto de sustituir al mejor portero del mundo y se ha ganado con sus paradas a la afición madridista.

Este curso Andriy Lunin se ha erigido, por fin, como el gran portero que prometía desde sus inicios. Desde que debutara con 17 primaveras en la primera división de su país (su carta de presentación fueron 25 partidos disputados encajando menos de un gol por encuentro) y tres años más tarde, sus exhibiciones llevaran a su selección nacional a proclamarse campeona, contra todo pronóstico, del Mundial sub 20 de 2019 (máximo logro histórico de Ucrania en el Deporte Rey).

Pero para ser justos con el chaval, hasta ahora no había podido demostrar su valía en España. En sus primeros años en el club blanco se eligieron mal sus destinos de cesión y, después, el mejor portero del mundo le dejó, como era de esperar, sin hueco en el equipo. Ahora, con la lesión y posterior recaída (me duele sólo escribirlo) del gran Thibaut, le ha llegado su gran oportunidad y no ha defraudado.

A pesar de que llevaba cinco temporadas sin continuidad (en unos años de crecimiento y madurez para todo futbolista, más aún para un guardameta), de que se enfrentaba al ‘marronazo’ de sustituir al más grande en su profesión (las comparaciones son siempre odiosas), de que le trajeron a un portero más experimentado para que fuera el titular, de la presión y la exigencia inherentes a esta camiseta y este estadio… Lunin ha demostrado ser un portero de absolutas garantías para la máxima élite.

En Liga ha recibido tan solo 11 goles en 19 partidos, logrando el mejor coeficiente de toda la competición (0,58 goles encajados por partido). En Champions, seis goles en cinco encuentros, cifras muy meritorias también. Ya nadie recuerda la rivalidad inicial con Kepa. El ucraniano pronto zanjó el debate con sus grandes actuaciones y unas cualidades fuera de toda duda.

A sus 25 años y en sus 191 cm de altura, Lunin atesora grandes reflejos, una técnica depurada en sus intervenciones, una notable colocación bajo los palos y un juego de pies bastante aseado para su envergadura que mejora a cada partido.

La amplitud y rapidez de su estirada impresionan. Es bastante regular y poco propenso al error grosero, fiable por alto y muestra acierto y frialdad en los manos a mano frente a los delanteros rivales. Por su nivel de confianza nadie diría que lleva todo este tiempo sin apenas ritmo de competición.

Además, tiene gran facilidad para parar penaltis. Ojo al dato, que poca gente lo conoce: solo ha encajado ocho de los 15 penaltis que le han lanzado a nivel de clubes, sin contar tandas. Para (o falla el lanzador) prácticamente la mitad. Una barbaridad.

Su actuación ante el RB Leipizg en Alemania, la mayor exhibición de un portero en esta temporada en Champions

Pero, por encima de todo, Lunin ha demostrado tener lo indispensable para todo futbolista que quiera hacer carrera en este bendito club: personalidad y carácter. No le intimida un Clásico ni una eliminatoria de Champions. Se ha mostrado muy seguro en la inmensa mayoría de partidos, ha dejado granes paradas en los escenarios más exigentes y ha respondido siempre que el equipo le ha necesitado.

En un mar de incertidumbre (e incluso miedo) por la ausencia de Courtois, Lunin ha dado un puñetazo encima de la mesa y se ha ganado un sitio en el Real Madrid 2024/2025. Sí como suplente, como cualquier portero del mundo que ose rivalizar con ‘Tibó’, pero no sabemos en qué condiciones volverá este ni cuánto le costará recuperar su mejor nivel tras la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.

El añorado cancerbero, que parece que en cosa de un mes volverá a los entrenamientos, no reaparecerá hasta la temporada que viene, tras más de un año fuera de los terrenos de juego. Y, suponiendo que no vuelva a recaer (Señor, escucha mis plegarias), con 32 años y semejante lesión tan reciente, no estaría de más que contara con un suplente de primer nivel. Con un portero que, quizá no te gane partidos (e incluso competiciones) como sí hace él, pero que tampoco te los pierda. Que sea capaz de transmitir seguridad a sus compañeros. Y Lunin ha demostrado ser más que válido para ese rol.

Otro asunto es que el bueno de Andriy, que antes de la ausencia de Courtois ya había reclamado más minutos (algo lógico para cualquier futbolista inconformista tras tanto tiempo ‘chupando’ banquillo), vea bien seguir siendo el segundo portero a la (alargadísima) sombra del gigante belga.

No sabemos si, tras sentirse importante este curso, se conformará con la Copa del Rey y un par de partidos intrascendentes en Liga. Por el momento, el chico acaba de firmar por Gestifute, la agencia de representación de Jorge Mendes, y eso suele pasar cuando el representado tiene en mente un cambio de aires.

Yo, personalmente, intentaría convencerle de que continuara en el Real Madrid. Para mí, no hay muchos porteros de su nivel en Europa, aún tiene margen de mejora y ya ha logrado lo más difícil: convencer al Santiago Bernabéu. Andriy Lunin es uno di noi.

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