No me preguntes por qué soy madridista si no eres madridista

He dejado a mi novio porque no le gusta el fútbol pero antes intenté explicarle los sentimientos que este deporte me provoca. Sobre todo, lo que el Real Madrid significa para mí, por qué soy madridista, por qué no quedo con él si nuestra cita coincide con un partido importante…

Y lo intenté. En primer lugar, apelando a sus sentimientos, haciéndole pensar en que su propio abuelo, con Alzheimer, sólo recuerda alguna alineación del Real Madrid de los años 50.

Y si eso no le parecía tierno, hermoso… que su hermana, sin ir más lejos, recuperándose de leucemia, lleva cada mañana a su hija, su sobrina Nerea, a las siete de la mañana a entrenar y lo ilusionada que está por jugar en el equipo femenino del Real Madrid cuando sea mayor.

Como por ahí no le conmoví, continúe por la vía del altruismo y le conté todo lo que hace la Fundación Real Madrid por miles, millones de niños y niñas en todo el mundo, no sólo con miras puestas en el Deporte, sino cuidando de su escolarización y necesidades básicas. Sólo obtuve de él un lacónico y frío “los ricos hacen esas cosas para lavar sus conciencias”. Aún así, yo, atónita por su falta de empatía, no me rendí.

Le pregunté si sabía porqué había tantos fans por todo el mundo, unidos por un sueño de color blanco; millones de personas vibrando cada noche, o madrugada, según su huso horario, con las remontadas en el Bernabéu el año de la Catorce. Que los albañiles pasan la hora del bocadillo y carajillo comentando resultados y arbitrajes con vino de cartón.

Nada. Me decía que para él sólo son unos tíos dando patadas a un balón. Ante mi ira, pues no hay frase que me moleste más, él reía y me decía que no entendía porqué yo había estado ahorrando para comprar la camiseta de un jugador. Ni siquiera recordaba su nombre. Vinicius, por supuesto. Como ni siquiera recordaba la ilusión con la que yo iba a la tienda a hacerme con mi ansiada elástica blanca que no empaña.

No comprendió mi llanto cuando Toni Kroos se despidió en el último partido de Liga. En un alarde de falta de sensibilidad, no hacia Kroos, sino hacia mí, me dijo que le parecía ridículo que llorase como si llorara por el gurú de una secta.

Ahora sé que mi ex ya es una causa perdida. Si ni la tierna memoria de su abuelo, ni la ilusión de su sobrina y de su hermana, madridista leucémica que fantasea con que su donante sea un madridista hasta la médula, son capaces de conmover su corazón de piedra no será mi ilusión por mi camiseta de Vini, ni mi llanto por Kroos y que me considerase miembro de una secta, los que le harán comprender qué es el madridismo.

“No me preguntes por qué soy madridista si no eres madridista”, le dije el día que corté con él.

Si te parece frívolo que deje a un novio por no entender todo esto, tal vez no seas madridista. Pero si has leído este artículo es porque lo eres. Y sólo tú me podrás entender.

Otra cosa, y si me lo permite Gary, reacuñaré su frase con un sonoro y contundente “el fútbol son once contra once y siempre ganamos los del Madrid”.

Para concluir, me arrogaré mi propia moraleja. Si eres madridista no te enrolles -ni mucho menos te enamores- de un individuo al que no le guste el fútbol ni sienta tus colores como tú. Vas a estar enfadada muchísimo con él y no compensa. Créeme.

Ahora, si me lo permites, me voy a Concha Espina a unirme a la busiana cual mocita madrileña. Sin mi ex. Sola, bueno no, con los míos.

 

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