
Real Madrid 1-0 Getafe: «Una victoria que puede valer una Liga»
El Real Madrid se ha llevado tres puntos de oro del Alfredo Di Stéfano ante el Getafe en un partido sufrido, tosco y feo en el que los de Bordalás, con un planteamiento sensacional, logró atenazar al ataque madridista y cortocircuitar al equipo prácticamente durante los 90 minutos.
Se sabía que el Real Madrid iba a sufrir pero nadie se podía imaginar que lo iba a hacer de esta forma tan exagerada, hasta tal punto que tuvo que esperar casi hasta el final de partido y anotar de penalti, un penalti tan claro como salvador, para poder ver la luz en un encuentro gris y plomizo por parte de los de Zidane.
Una primera parte para olvidar
Una vez más y sabiendo la ausencia de Hazard, todo el mundo esperaba sorpresas por parte de Zidane en el once inicial y las hubo aunque más en cuanto al sistema de juego que con respecto a las personas. Con las inclusiones de Mendy por Marcelo, Modric por Valverde y Vinicius por Hazard, la auténtica novedad fue la vuelta al 4-4-2 clásico de Zidane.
La intención era clara. Tocar y tocar y sobre todo tener la pelota y la paciencia para intentar abrir huecos para destejer el entramado que, sin duda, Bordalás le iba a plantear sobre el césped, como así fue.

Pero no por previsible, Zidane logró su propósito sino más bien todo lo contrario. El Getafe planteó un partido a cara de perro, con una presión casi asfixiante sobre todo aquel que intentaba sacar la pelota jugada, lo que obligó al centro del campo a acabar reculando y centrando atrás, para finalizar con un pelotazo largo que siempre, indefectiblemente, terminaba en los pies de la defensa azulona.
Es más, con un ciertamente desacertado y muy acelerado Carvajal, muy superado por Cucurella, y pese a los esfuerzos de Varane y Ramos, el Madrid perdía constantemente todos los balones e incluso estuvo a punto de ver perforada su portería a los 10 minutos con un testarazo de Maksimovic que se fue envenenando y obligó a Courtois a lucirse con una gran estirada.
Un buen susto que, sin embargo, no hacía reaccionar a los de Zidane, que veían cómo una y otra vez, se le atragantaba la presión alta por toda la cancha dispuesta por el Getafe, prácitcamente desde la misma zona defensiva blanca que era, de hecho, donde se estaba disputando más el partido, con un Real Madrid muy superado e incapaz de dar tres pases seguidos.
Aun así, la tuvo el Real Madrid. Cuando el partido llegaba al minuto 25, una gran jugada entre Modric y Mendy, en la única vez que le lograron ganar la espalda a la defensa azulona, culminó con un gran centro desde la izquierda al área pequeña.
Allí apareció Vinicius, estirando la pierna y, casi con el extremo de la bota, punteó lo suficiente para mandar el balón pegado al poste izquierdo de David Soria, quien en una intervención espectacular logró desviar la pelota a córner, en la que fue la mejor oportunidad del partido para los de Zidane.
A partir de ahí, nada de nada. Un festival de errores no forzados, algunos incomprensibles en hombres de la calidad de Isco o Kroos, e incluso de Vinicius, que veía imposible zafarse de su marcador en todo momento.

En el minuto 30 el Real Madrid perdió a Varane tras recibir un tremendo pelotazo en la cara que le afectó a las cervicales que le dejó aturdido, lo que motivó la salida urgente de Militao, sin calentar y totalmente despistado.
En esta primera parte ya no hubo oportunidad para más porque el Getafe, bastante más ocupado en destruir que en construir, apenas se acercó por la meta de Courtois y, porque el Madrid, absolutamente atenazado, siguió con una parálisis casi absoluta en la creación de juego y a la hora de encontrar el más mínimo hueco.
De hecho, tuvo que esperar casi hasta el minuto 40 para poder disparar a puerta de nuevo, en esta ocasión en forma de libre directo botado por Casemiro, tras un derribo en la misma frontal del área, aunqeu su disparo acabó impactando en la barrera.
Los cambios tras el descanso, decisivos
Tras el descanso, el Madrid siguió adoleciendo de recursos, con un Isco empecinado en conducir la pelota cuando el partido lo que demandaba era todo lo contrario, velocidad en la circulación del balón, y un Vinicius que no era capaz de encontrar hueco alguno, acompañado en el desastre por un Modric irreconocible.
Así las cosas, fue el propio Zidane el que cayó en la cuenta de que algo había que hacer y sobre todo, de forma urgente porque había que darle otro aire al partido. Por eso se animó a hacer un triple cambio cuando el partido llegaba a la hora de juego.

En el minuto 63 Zidane se la jugó. Dio entrada de una tacada a Asensio, Rodrygo y Valverde por Vinicius, Isco y Modric y cambió a un 4-3-3, netamente más ofensivo y vertical para intentar encontrar las bandas.
Un recurso que fue mano de santo porque, prácticamente desde el primer minuto, Rodrygo por la derecha se convirtió en un puñal, aprovechando la debilidad de un, hasta ahora inexpugnabe Damián y también por la izquierda, con Asensio, aprovechando la superioridad que supuso ver a Mendy, cada vez más entonado y animado a buscar aventuras por su banda.
Por su parte, Kroos se vio más liberado con la presencia de Valverde y eso se notó en que la pelota empezó a moverse con más criterio, de banda a banda y así empezaron a llegar las internadas, lo que llenó de dudas a un Getafa hasta ese momento rocoso.
Tampoco le ayudaron mucho los cambios a los de Bordalás, muy cansados como no podía ser de otra forma tras la paliza de la primera hora. Sacó del campo a un exahusto Cucurella, hasta ese momento la «bestia negra» de Carvajal y eso le permitió jugar más liberado y empezó a proyectarse con peligro por su banda, haciendo pareja con Rodrygo.
Precisamente, tras la última pausa de hidratación y cuando se cumplía el minuto 78, en esta ocasión Benzema logró introducir un gran pase a la espalda de una cada vez más dubitativa denfensa azulona hacia Carvajal.
El canterano madridista, con espacio por delante se plantó en el área getafense y tras hacer un buen quiebro hacia el exterior, fue trabado claramente por Olivera, lo que hizo que Martínez Munuera, muy cerca de la jugada, no dudase en señalar el punto de penalti.

Con unos nervios de acero y, tras unos instantes que se hicieron interminables, Sergio Ramos, sin apenas coger carrerilla, batió con un disparo raso y a la izquierda a David Soria, quien a punto estuvo de desviar la pelota.
A partir de ese momento, el Madrid aprovechó el cansancio más que evidente del Getafe y, ya sin esa asfixiante presión, tocó lo suficiente como para no tener que pasar apuros y dominar el partido.
Era, pues, momento de nadar y guardar la ropa y no desperdiciar en 10 minutos lo que tanto tiempo les había costado lograr así que practicando un fútbol serio, sin florituras pero sí de mucho control, los tres puntos, esos tres vitales puntos, se quedaron en casa.
Unos puntos que, tras el tropiezo del Barça el pasado martes, han hecho al Madrid mucho más líder, a cuatro puntos de los azulgrana (cinco, si tenemos en cuenta el goal average favorable a los de Zidane) y con sólo cinco partidos por disputarse. Unos puntos que bien pueden haber valido un título.
