Empate “in extremis” en Alemania ¡A por el Inter!

Dice el refrán que no quieren los gitanos buenos principios para sus hijos. El refranero español siempre cobija a todos aquellos que buscan consuelo y, como en el fútbol -y en la vida- cada uno se consuela como puede, al madridista medio hoy no le queda otra que agarrarse a las tablas proverbiales del optimismo y la paciencia para no hundirse,por muy apolilladas y endebles que éstas parezcan.

El desempeño del Madrid en Europa no da para ser optimista. En otro tiempo, un empate in extremis ante un equipo teóricamente inferior habría sorprendido a propios y extraños. En 2020 los madridistas, conscientes de las carencias de nuestro equipo, ya no miramos a los empates por encima del hombro y aceptamos a regañadientes los resbalones como parte de nuestra travesía hacia lo que fuimos.

Estamos aprendiendo a admitir el “ensayo-error” en nuestro día a día, confiando en que nos sirva para volver a estar donde nos corresponde; lo cual está bien, sí, siempre y cuando no se caiga en autocomplacencia. Que el “pecheo” siga siendo un accidente y no nuestro modo de vida.

Contra el Borussia impronunciable el Madrid jugó regular, como acostumbra a hacer últimamente: plano, con alguna ocasión tímida, y sin poner en apuros reales al rival. Pasada la media hora y tras una pérdida en el centro del campo llegó el primer gol en contra.

A partir de ahí, los alemanes pusieron al Madrid, visiblemente aturdido por el trauma del 1-0, a perseguir sombras sin oler el balón. A base de jugar con portero y ensanchar bien el campo llegaron a pasar rachas de varios minutos seguidos sin que los de blanco siquiera la rozasen. Así las cosas y con Ramos -que por momentos parece ser el único en el plantel capacitado para tirar del carro- intentando organizar la presión del equipo a gritos, llegó el entretiempo.

La segunda parte empezó más o menos como la primera, aunque con ocasiones algo más claras, como la de Asensio que se estrelló en el palo o la jugada magistral de Valverde que Vini Jr. mandó a la grada rematándola con el tobillo.

Cayó entonces el segundo gol alemán tras un par de avisos y tocó tirar de fe para levantar el resultado, porque fútbol no había mucho. Fue con fe y no con fútbol como Casemiro llegó a cabecear sobre la línea un balón que se iba fuera, asistiendo a Benzema para que acortase distancias.

De igual modo se consiguió el empate en el 93, también con Case en la foto, esta vez como goleador. Se logró así un punto que, aunque no nos cambia la vida, nos permite esquivar el ridículo y mantener las opciones de clasificación intactas.

Nuestro estreno en la Champions fue desastroso, quizá más por la imagen mostrada que por el resultado en sí. En el segundo round ante el ‘Gladbach el equipo mostró una muy leve mejora, debida en mi opinión a que el 11 escogido (el mismo que había ganado el sábado en el Camp Nou), esta vez sin Iscos ni Marcelos, era el mejor posible, y a que los cambios, retorno de Hazard incluido, fueron correctos y a tiempo.

El juego siguió siendo soporífero y muy poco efectivo. Seguimos siendo un equipo relativamente fácil de defender y, sin ocasiones, no hay gol que valga, por mucho nueve que tengas.

A pesar de todo seguimos en pie, recordando que todo acaba de empezar y que esto va
de cómo termina. Agarrémonos al refrán, intentemos no pensar mucho y quizá, cuando queramos darnos cuenta, tengamos a Floren poniendo otra en la estantería del salón. No se me ocurre otra forma de llevar esto. Si alguien la tiene, soy todo oídos…

Ahora a por el Inter.
¡Hala Madrid!

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