La muerte del VAR

Vaya por delante que cuando se anunció la instauración del VAR en España me sentí muy feliz, pensando que por fin y después de casi 30 años de Villarato en nuestro país, recrudecido aún más si cabe desde 2004 hasta este mismo año, comenzaríamos a ver una competición justa y equilibrada.

Una competición en la que, de una vez para siempre, se iba a acabar ese régimen tiránico en el que ya no iba a haber hueco para más Iturraldes ni Clos Gómez, Fernández Borbalán, Pérez Lasa, los hermanos Teixeira o su más aventajado discípulo, el inefable Hernández Hernández.

Se suponía que la tecnología iba a abrirse paso entre la tupida maraña de la corrupción arbitral y el oscurantismo sistema de las designaciones, premios y castigos impuesto in illo tempore por el siniestro Sánchez Arminio.

Pero sobre todo, iba a acabar con esa forma de arbitrar que hacía que los colegiados, aun sin recibir ninguna consigna desde arriba, ya sabían cómo tenían que actuar para agradar a sus superiores y así no perder ninguna de sus prebendas como la concesión de las internacionalidades, ascensos y descensos de categoría realizados de forma discrecional, sin más criterio que el dedazo de Sánchez Arminio y sus mariachis en el Comité Técnico de Arbitros.

De hecho, su utilización en el pasado Mundial de Rusia fue un auténtico éxito porque minimizó el error humano hasta hacerlo casi irrelevente. Los penaltis que se pitaron, más que nunca en la historia de los Campeonatos del Mundo, lo fueron en casi el 100% de los casos, al igual que se acabó casi por completo con los goles mal anulados (o mal concedidos) por fuera de juego.

Por ese motivo, pensar que ese mismo sistema se iba a aplicar en España supuso para mí una nueva esperanza de que la competición sería a partir de ahora más justa y seria y alejada de la discrecionalidad.

Mediapro y la “duda razonable”

Personalmente, he de confesar que tuve muchas dudas al principio, especialmente sabiendo que Mediapro, la empresa de Roures que si por algo se ha caracterizado estos años, ha sido por su sectarismo en los comentarios, con auténticos militantes antimadridistas en los micrófonos.

O con acomplejados como Raúl y Valdano, que repetían como loros que en un Barça-Madrid no se podía pitar un penalti (por supuesto, a favor del Madrid) en el primer minuto, por más palmario que fuese, porque eso iba contra el espectáculo.

Sin embargo, la verdadera seña de identidad de las retransmisiones de Mediapro ha sido su capacidad para tergiversar las imágenes en cada partido, especialmente para Real Madrid y Barça, de la mano del ínclito Oscar Lago, el Jefe de Realización de Can Roures y socio culé y acreditado antimadridista.

Unas retransmisiones en las que se sistemáticamente se  nos  han hurtado repeticiones molestas para el Régimen, cuando se trataba de jugadas polémicas que podían perjudicar al Real Madrid (o beneficiar al Barça).

Así pues, se asumió con naturalidad que en las retransmisiones hubiese penaltis que podían beneficiar al Real Madrid (o perjudicar al Barça) o fueras de juego que no se repetían o en todo caso se ofrecían una o dos repeticiones, desde tiros de cámara lejanos o mal posicionado.

De la misma forma que se dio por bueno que, cuando el beneficiario de esas jugadas era el Real Madrid, teníamos al instante 10 ó 12 repeticiones, desde todos los ángulos posibles, inclusive su maravillosa tecnología de Intel y su cámara de 360º.

Como se asumió que Mediapro, la encargada de “enlatar” después estos partidos y ofrecer sus resúmenes al resto de televisiones, no incluyese casi nunca esas jugadas polémicas cuando perjudicaban al Madrid, mientras que metía con todo lujo de detalles aquellas circunstancias del juego en los que los de blanco podían haberse beneficiado de algún error arbitral.

Por tanto y, dado que Mediapro, como digo, iba a ser la encargada de suministrar la señal de TV a la Sala del VAR, ubicada en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, tuve muchas dudas sobre la limpieza de las retransmisiones.

Sin embargo, confieso que me llenaron de tranquilidad las explicaciones ofrecidas por Velasco Carballo por todas las cadenas de radio y televisión al inicio de la temporada, en las que se aseguró que la señal que recibirían los árbitros del VAR era diferente a la de la retransmisión televisiva de Gol TV o Bein Sport, ya que sería en bruto, sin tamices ni filtros.

Es más, se afirmó rotundamente por el mandamás arbitral que habría un operador de TV en dicha sala para ayudar a los árbitros a elegir las mejores imágenes que pudiesen ayudarles en su labor de rearbitrar los partidos. Pero que, en modo alguno, serían imágenes “capadas” o pasadas por las manos de ningún realizador avispado que pudiese cortar aquello que no interesase que el colegiado de la sala pudiese ver.

Bienvenido Mr. VAR

Y así fue que empezó la temporada y con ella el uso más o menos continuado del VAR, y pese a  sus “cositas”, muchos apreciamos un rayo de luz al final del túnel cuando vimos que, por ejemplo, esa maldita manía de levantar la bandera y anular goles a rivales del Barça se había acabado.

En paralelo, muchos asistíamos atónitos al espectáculo de ver cómo penaltis que el año pasado sin ir más lejos no se nos señalaban por más evidentes que fueran, se empezaron a señalar, como los dos que se pitaron en Montilivi, sin ir más lejos. Baste como dato que el año pasado el primer penalti a favor del Madrid se le señaló en la jornada 13 y este año, en la tercera jornada ya llevábamos tres.

O que goles que hasta ahora se anulaban porque sí y que en su día nos impidieron levantar partidos apretados, de repente se concedían, como pasó con el que le concedieron a Benzema ante el Leganés o a Asensio ante el Espanyol, anulados injustamente por una falta inexistente del francés o por fuera de juego que no era del balear.

Así las cosas, el Barça también veía cómo algún gol de algún rival, tradicionalmente anulado por el artículo 33. subía al marcador, como el de Sarabia en la Supercopa de España, o incluso ya se le señalaban penaltis e incluso algún jugador era expulsado.

Daba, pues, la sensación de que los años de impunidad azulgrana, en los que el equipo culé podía pasarse dos años naturales sin penaltis en contra o expulsiones había llegado a su fin.

Que sí, que también el VAR hacía que algún gol no subiese al marcador o que se señalase algún penalti que al árbitro se le había escapado, pero eso se admitía con normalidad en un proceso en el que, si finalmente gracias a la tecnología, se demostraba que estaba bien señalizado, no había lugar a la polémica.

Gil Manzano, Lenglet y el principio del fin del VAR para el Barça

Sin embargo, la maquinaria culé, añorando sin duda tiempos mejores, decidió que este nuevo régimen, más justo y equilibrado, no podía continuar por más tiempo y puso a toda su maquinaria, la mediática y sobre todo la institucional, a trabajar en ello.

El punto de inflexión llegó a finales de septiembre durante un Barça-Girona en el Nou Camp en el cual, Gil Manzano, a instancias del VAR, expulsó a Lenglet en el minuto 35 del partido por una clara agresión a Pere Pons y los azulgranas, además de quedarse con 10, acabaron empatando ante el equipo de Rubí.

Aquella acción, por la cual Pons acabó sangrando y al que los medios culés acusaron incluso de haber agredido al central francés, abrió la Caja de Pandora de todas las terminales culés contra el VAR, al que declararon la guerra abierta en todos los frentes.

Es cierto que Lenglet fue sancionado con un partido por dicha acción y no prosperaron los recursos que su equipo planteó ante los Comités, pero el revuelo montado por aquello y, sobre todo, las protestas que realizó el propio club ante la RFEF y la Liga provocaron un cambio radical en la gestión del VAR, al menos en lo que al Barça se refiere.

El primer ejemplo se pudo ver en el pasado Clásico, cuando el Real Madrid fue castigado con un penalti, que lo fue, de Varane y que Sánchez Martínez, árbitro designado para la ocasión, no apreció inicialmente y que, quién si no, Hernández Hernández desde la Sala del VAR, indicó su señalización.

Sin embargo, ese celo en la apreciación de jugadas punibles no se puso de manifiesto de la misma forma cuando, a mediados de la segunda parte, desde el VAR no se avisó al colegiado de la manifiesta agresión de Luis Suárez a Nacho.

Un alevoso pisotón que Sánchez Martínez no vio pero que Hernández Hernández, como el resto de espectadores mundiales, tuvo que apreciar y, sin embargo y curiosamente, pasó por alto.

Dicha jugada pudo haber cambiado el signo del partido. O no. Qué más da. De nada sirve especular qué habría pasado si el Barça se hubiese quedado con 10 los últimos 20 minutos del partido. Lo único claro y evidente es que, en el momento de la agresión, el Real Madrid perdía por 3-1 pero el cuarto gol culé, Suárez no lo habría metido.

El Barcelona-Villarreal, epicentro de la polémica

A partir de ese momento, los árbitros han dejado de consultar el VAR en cada jugada polémica en la que el Barça pueda resultar perjudicado y el caso más flagrante se ha producido este pasado fin de semana en el transcurso del Barça-Villarreal.

En dicho encuentro se ha producido la concurrencia de varios factores que hacen sospechar de la limpieza en el uso del VAR y que está a pleno rendimiento la campaña iniciada entonces para que los árbitros de la “sala de máquinas” de Las Rozas pasen por alto las jugadas en las que los culés puedan verse perjudicados.

Lo primero y más flagrante radica en saber por qué Hernández Hernández ¡quién si no! (una vez más actuando como árbitro de cámara azulgrana), y de nuevo como en el Clásico, en la Sala del VAR decidió no llamar a capítulo al colegiado y anular el primer tanto del Barça, al provenir de un clamoroso fuera de juego de Dembelé a la salida de un córner que todos pasaron por alto.

Pero es que la cosa no quedó ahí. Ni mucho menos. Por el mismo motivo que un par de meses antes habían expulsado a Lenglet contra el Girona, ni Munuera Montero, árbitro de campo, ni tampoco el ínclito pelirrojo desde Las Rozas, pensaron que el manotazo de Piqué a  Gerard Moreno era motivo de expulsión.

Y minutos después, otro flagrante y bastante alevoso, por cierto, manotazo de Busquets a Fornals, también quedó impune. Y lo que es peor, que en ninguno de los dos casos, nadie tuvo a bien revisar las jugadas y hacer lo que se debería haber hecho, que era expulsar a Piqué y a Busquets por sus acciones y anular el gol del Barça.

Imágenes hurtadas a los árbitros: Gravedad máxima

Pero lo más escandaloso de todo esto y lo que puede ser el verdadero rejón de muerte para el VAR en España es lo que recientemente ha trascendido y que Isaac Fouto desveló en El Partidazo de COPE sobre el uso del VAR en el pasado Barça-Villareal.

Y es que, ante el revuelo ocasionado por el hecho de que nadie desde el VAR avisase al colegiado de que se habían producido las tres claras infracciones, susceptibles de ser rearbitradas y que beneficiaron claramente al Barça, el citado Fouto, como mamporrero del Comité Técnico de Arbitros en los medios que es, tuvo que salir a justificar esa  serie de catastróficos errores y lavar la cara al estamento arbitral.

Una revelación que, por su gravedad, debería llevar a la RFEF y, sobre todo, a la Liga de Fútbol Profesional a replantearse el uso de este dispositivo, al menos tal y como lo conocemos ahora y, por descontado, rescindir de inmediato el contrato a Mediapro como proveedor de servicios de imagen para el VAR.

El motivo es bien sencillo. Informó Fouto de que si Hernández Hernández no señaló desde el VAR las infracciones cometidas especialmente el fuera de juego, fue sencillamente porque ni él ni su ayudante recibieron las imágenes adecuadas ni con la  calidad necesaria para ello.

Es decir, que al igual que lleva años haciendo Mediapro con los espectadores, se le habían hurtado las imágenes de esas jugadas a los árbitros del VAR de aquel partido.

Por tanto, eso que nos juraron y perjuraron que jamás iba a producirse con el VAR y que sí venían haciendo con habitualidad en las retransmisiones de Mediapro, finalmente se había llevado a cabo y los árbitros, debido a “errores” a la hora de facilitar la señal de TV, se quedaron sin poder hacer su trabajo.

Casualmente, eso sí, esos errores puntuales se produjeron en jugadas en las que el Barça se vio favorecido claramente y en un partido en el que los de Valverde volvieron a ofrecer una triste imagen, como llevan haciendo el resto de la temporada.

Esto es aún más indignante si se tiene en cuenta que, cuando ya han pasado más de 48 horas desde que acabó el Real Madrid-Valencia, todavía sigo intentando entender qué le llevó a González González y a sus ayudantes desde la sala del VAR, a revisar la jugada del gol de Lucas Vázquez en dicho partido, cuando no había ni un solo motivo que lo justificase.

Espero, pues, una reacción contundente de Javier Tebas, ese personaje que lleva años vendiendo que nuestra Liga es la mejor del mundo cuando no es más que un piélago de corrupción a todos los niveles y al que, ni siquiera la aplicación del VAR, o mejor dicho de este VAR a la carta, ha podido salvar.

Porque si queremos vender eso de que somos la mejor Liga del mundo tendremos que contar con los mejores medios y los mejores profesionales del planeta.

Si no, otra vez más, todo volverá a quedar en papel mojado y habremos perdido una oportunidad de oro para lavarle la cara a nuestra competición y erradicar la corrupción que tantos años hemos estado sufriendo.

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